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Como colofón a la temporada musical, en los dos primeros fines de semana de julio podíamos encontrar en Alemania varias perlas de esas que en la práctica son casi imposibles de ver. Según las estadísticas de Operabase, el cornudo no se ha programado en los últimos años, y los pájaros solo en 2 o 3 ocasiones, incluido su estreno en América en el Festival de Spoleto y posteriormente en la Opera de San Francisco, recogida ésta en DVD. Había que recorrer media Alemania, pero el resultado mereció la pena, y mucho.
La primera etapa del viaje la iniciamos en Bremerhaven, pequeña localidad marítima del Mar del Norte. Se ponía en escena por primera vez en varios años la primera ópera del compositor hamburgués Berthold Goldschmidt, “Die gewaltihe hahnrai”, o el cornudo magnifico, opera delirante y surrealista, compuesta hacia 1930 y estrenada con gran éxito según las crónicas en Manheim en 1932. La llegada de los nazis al poder en 1933 evitó su estreno en Berlín, y su clasificación como artista degenerado acabó con la carrera alemana de Goldschmidt quien debió refugiarse en Inglaterra, donde obtuvo la nacionalidad en 1947, y donde se ganó la vida como profesor, comentarista de la BBC y director de orquesta. Su carrera como compositor se apagó a pesar de ser entre otras cosas, la mano derecha de Deryck Cooke en la orquestación de la versión ejecutable de la 10 Sinfonía de Gustav Maher. A finales de los 80 y primeros 90, ya nonagenario, vivió un momento de reconocimiento y gloria con la grabación de varias de sus obras en la serie “Entarte Musik” de Decca, e incluso le pudimos ver en Madrid dirigiendo su concierto de violín.
La grabación por parte de Lothar Zagrosek nos presentaba una obra evidentemente dentro de la tonalidad, lírica a mas no poder y con evidentes influencias jazzísticas. En vivo, la obra gana mucho, desarrolla un lenguaje propio que va de Mahler al Shostakovich de “La nariz”, pasando por el primer Korngold y sobre todo su maestro Franz Schreker. La ópera cuenta la historia de Bruno, el cornudo, quien como no soporta desconocer si su esposa le es infiel, prefiere que se acueste con todo el pueblo, porque así tiene la certeza de su infidelidad.
Desconozco cuál es el lugar que ocupa la Compañía de la ópera de Bremerhaven entre las alemanas (supongo que probablemente en tercera división) pero el resultado alcanzado fue de muchos quilates como han reconocido crítica y público. Empezando por el excelente trabajo del responsable de poner esto en marcha, el director Stephan Tetzlaff, siguiendo por la práctica totalidad del reparto donde destacaron la Stella de Katjia Bördner y Filippo Bettoschi como el primo Petrus, y terminando por el sorprendente nivel de la orquesta, con una cuerda densa y brillante a pesar de ser una formación corta 10/10/8/5/3 (bastante mejor por ejemplo que la Orquesta de la Monnaie el día anterior en un Orfeo y Eurídice de Gluck que prefiero no comentar), y con solistas excelentes como el oboe, el clarinete o el xilófono, tan importante en este tipo de obras. La producción y los figurines de Hinrich Horstkotte demostraron cómo no hace falta tener un gran presupuesto sino ideas claras en la cabeza. Con un escenario en blanco y negro, prácticamente vacío y con una escalera de caracol en el centro que nos lleva a la alcoba de Stella, y con un vestuario a juego, nos presenta un espectáculo fascinante, donde sigues la historia de principio a fin aunque no entiendas alemán. Cerca de 10 minutos de aplausos certificaron el éxito de público de la propuesta.
Al día siguiente nos trasladamos 200 kilómetros al sur hasta la localidad sajona de Osnabruck. El encuentro aquí era con el compositor de Frankfurt Walter Braunfels y su primera obra maestra. Die Vögel – Los pájaros con libreto del compositor basado en la comedia de Aristófanes. La obra se empieza a componer en 1913 pero con la Gran Guerra de por medio, no se termina y estrena hasta 1920. Se notan los 10 años de diferencia con “el cornudo”. Aquí no estamos ante ninguna vanguardia. Estamos con la gran tradición llevada al extremo. Es como si Richard Strauss hubiera exprimido aun mas el camino iniciado en “la mujer sin sombra”. Todos los concertantes parecen sacados de “los maestros cantores”. Es increíble que esta obra fuera tachada de “degenerada” y que no sea pieza de repertorio en teatros como Dresde o Munich, donde se estrenó y se dieron más de 50 funciones en los años 20. La obra entusiasmo a un joven Adolf Hitler quien pidió a Braunfels que compusiera el himno del Partido Nazi a lo que éste se opuso. Y eso fue su final a ojos de los nazis. Se refugió en Suiza hasta el final de la guerra y a su término recuperó su cargo de Director de la Academia musical de Colonia donde murió en 1954.
La ópera de Osnabruck me pareció con un nivel algo superior al de Bremerhaven. La orquesta, también con una formación corta 10/10/8/5/3 alcanzo niveles de lujuria orquestal realmente importantes, aunque no dejé de imaginar ni un minuto como tendría que sonar esta obra en la Semperoper o en la Bayerische con una formación grande. Excelente la labor del director Andreas Hotz, de un gran parecido físico a Pedro Halftter, que no solo fue capaz de montar la obra, sino que cuidó a los cantantes, resaltó sobre todo las partes más liricas como el gran dúo del principio del segundo acto, y que también aportó decibelios cuando eran necesarios, sobre todo en la escena de la tormenta. La producción de Yona Kim fue colorista, muy trabajada, jugando con los pájaros y las jaulas. En una obra con muchos solistas y al menos 5 papeles principales destacó sobre todos el ruiseñor de Marie-Christine Haase, en un papel de soprano coloratura “a la Zerbinetta”, que hubiese hecho las delicias de una Edita Gruberova de hace unos años. Muy reservón al principio aunque subiendo muchos enteros a partir del dúo, el Hoffegut-Buena Esperanza del tenor Alexander Spemann, en un papel realmente incantable de auténtico heldentenor. Cumplieron el resto de los solistas.
Se completó el viaje con otros dos acontecimientos. El primero fue en Heidelberg, donde el Cuarteto Danel interpretaba en vivo en 5 conciertos durante un único fin de semana y por primera vez en Alemania, el ciclo completo de los 17 cuartetos de cuerda del polaco Mieczysław Weinberg, el no-alumno de Dmitri Shostakovich. Impresionante ciclo y más aún cuando dos de los conciertos los oyes en un marco impagable como el aula magna de la Universidad antigua de Heidelberg. Según nos comentó el viola del Cuarteto Danel, y desconociendo si alguna vez se hizo el ciclo completo en la antigua Unión Soviética, éste es el terceo que hacen tras Utrecht y Manchester. El segundo fue el concierto que Martha Argerich y Lilya Zilberstein dieron este viernes en Essen, junto a otros tres jóvenes de su Proyecto en Lugano. Interpretaciones gloriosas de obras de Mozart, Schumann y Rachmaninov, con bises de Milhaud y Stravinsky de esta increíble artista, que a pesar de sus ya más de 70 años, cada día sorprende con su facilidad, naturalidad y musicalidad innata.
_________________ Todo esta en la partitura salvo lo esencial. Gustav Mahler
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