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Con Lohengrin tengo un grave problema de prejuicio previo, ya que la única representación que he visto de la ópera (en video) es la de la ópera de Viena, dirigiendo Abbado con Domingo y Cheryl Studer que me parece espantosa en lo teatral, con unos decorados horripilantes, un vestuario abonminable y una actuación de los protagonistas (no digo en lo vocal, que no me dice nada en ningún sentido) Domingo y Studer, horrorosa. Lohengrin lleva la espada que parece que pasee por el escenario una baguette de cuarto de quilo, un espanto de tedio.
Pasando de lo específico a lo general, tiendo a coincidir con Baldassare, argumental y teatralmente es una obra totalmente fallida de Don Ricardo. El argumento, considerado como una leyenda o un cuento infantil, es precioso, y seguramente Mozart habría sacado una ópera ligera y deliciosa y Strauss una tremenda historia de terror. Además, tiene personajes interesantes, como son los macbethianos Ortrud y Friedrich (ella, manipuladora, él pelele) y como podría ser la hamletiana Elsa, que no sabe si amar y entregarse o desconfiar, una forera (no recuerdo quién era) aportaba la frase lapidaria: "no se puede amar a lo que no se conoce". El propio Lohengrin podría dar más juego, en su misterio y la prohibición/maldición que le impide dar a conocer su nombre (la verdad, podría ser más dramática que el mero "darse el piro" y dejar plantada a la parienta, esa actitud tan de héroe wagneriano, que también siguen Tannhauser y Sigfrido), que esa especie de Dontancredismo tan poco interesante que luce en la ópera.
¿Cuál es el problema? Yo creo que nunca analizamos a Wagner desde un punto de vista fundamental, que es el nacionalismo (no nacionalsocialismo) del autor, contemporáneo de Bismarck mientras creaba la moderna Alemania. En todas las obras de Wagner hay un nada disimulado interés de crear una mitología germana y determinar cuáles son los límites históricos, culturales y físicos, de la Alemania unificada. Pues por el noroeste, según Wagner, hasta Holanda.
La presencia del rey Enrique el Pajarero, su corte y ese pesadísimo heraldo (el personaje más cansino de Wagner) va exactamente en ese sentido. ¿Para qué es necesario ese personaje tan histórico, con todas esas invocaciones para que los pueblos germanos luchen contra las hordas asiáticas dentro de una historia de fantasía y onírica, situada dentro del itinerario mágico del Grial? Para nada... sin Enrique, Parsifal podría ser la clausura definitiva del Anillo (Ortrud una bruja repulsiva que adora a Wotan, el ídolo caído, frente al cristianísimo Parsifal) o una secuela de Parsifal (reinó, tuvo hijos que fueron haciendo proezas por el mundo), todo ello situado en un agradable limbo fantástico. Con Enrique se convierte en un panegírico del Buen Rey Enrique, uno de los pocos monarcas germanos medievales conocidos y apreciado históricamente (yo diría que el otro es el emperador Federico Barbarroja). No es muy casual que Heinrich el Pajarero sea el personaje histórico preferido de Heinrich Himmler, que se consideraba su reencarnación.
En cuanto al argumento concreto, el juicio de dios, bodas reales, etc., solamente hay que leer "Ivanhoe" para encontrar otro disparate romántico semihistórico que, en cambio, es sumamente entretenido.
Es obvio que, en la medida que se pueda, Lohengrin ha de ser despojado de esa pesadez medieval de cartón piedra e intentar encajarlo dentro de los elementos que son válidos: el argumento mágico, la desaparación misteriosa, la heroína inocente y cándida, el héroe misterioso, los malos muy malos, la boda maravillosa interrumpida, el Rey justiciero, y sobre todo el Cisne, el ave que fue asesinada por Parsifal, y por supuesto, grandes momentos musicales. Y la única manera posible de llevar la obra a lo esencial es extraerla, en escenografía, vestuario e interpretación del "realismo medieval" del estilo "Don Mendo" y llevarla a un plano irreal/legendario, me sirven desde Rusalka, el Lago de los Cisnes o la Hispania irreal de Parsial, hasta Brigadoon o La Tierra Media, todo menos Bravante, qué lata de sitio, es que ni la música (elevada y sublime) encajan con esa espantosa marisma llena de almenas y armaduras oxidadas.
Claro que el gran "defecto" de Lohengrin es que es una "simple" ópera, cuando ya estamos enviciados con los grandes Dramas Wagnerianos. A mi parecer, la menos acertada, en todos los sentidos, de las obras del Canon de Bayreuth.
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