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Estuve ayer, y a mi la función me pareció tanto visual como interpretativamente muy buena. Hay salvedades, por supuesto, como para no haberlas en un título como "Lohengrin" tan magno y rico. Por cierto, que me sorprende que les parezca algunos el más coñazo wagneriano, cuando precisamente hablamos, dentro de su catálogo de madurez, de uno de los más cortos, y aunque sea por el puro formato, de los más italianos, y donde, rebuscamientos aparte, el discurso está basado en un cuento o leyenda y apenas hay tiempo para filosofadas y/o masturbaciones mentales. Pero bueno, eso es el criterio o gusto de cada cual, y eso es terreno de obligado respeto. Como también lo es que a mi lo que vi me pareció rico de color, tamaño, movimiento. Un primer acto en tonos marrones, luego plateados, luego el puro azul, haces de luz brillantes, rojas, oscuridad, luminosidad, en fin, un trabajo, desde luego muy basado en recursos de iluminación muy bonito. Y el discurso teatral funcionaba bien; hay momentos brillantísimos, como el preparativo del terreno del combate, si bien, al menos ayer, la resolución del mismo fue un tanto... desastre. Las apariciones casi casi tras estar camuflados de Ortrud, de Elsa en el acto primero, del propio caballero del cisne, molan mucho. Todo va bien, se entiende bien, y se aprovecha la grandilocuencia de la caja escénica, cosa que es rara en este teatro. Pero llega el final, y ahí, no sé por qué se nos quedó una cara de bobo tonto de mucho cuidado. No entendí que napias significó que Gotfried fuera una especie de tronco grimosamente horrible. "Ahí tenéis a vuestro guía", se despide Lohengrin dejando eso... y leugo el "Dolor" del coro sin morir Elsa... igual, se me ocurre, que es una despedida del caballero del cisne muy cruel y frustrante: no sólo me voy, si no que después de decirte que en un año hubiera vuelto tu hermanito, ahí te dejo con lo que os queda del que será vuestro guía: una piedra. Y sí, oh dolor, claro, en plan: menuda putada, y este se va y nos deja a todos jorobaos. No sé si es el mensaje, lo dudo bastante, y no me he leído libro de instrucciones alguno ni criticas previas, pero vamos, a la vista está que no entendí el tema, y para mi, lo tengo claro, eso es sinónimo de error escénico por parte del director. Es verdad que tal patinazo llega al final y tras casi cuatro horas, sería muy injusto derrumbar todo un trabajo por un detalle esperpéntico que proporcionalmente no supone ni el 1% de todo lo que conlleva la regia, que ya digo, funciona en el restante 99% a rasgos genéricos. En cuanto a los cantantes, los más convincentes, ellas dos y el intérprete de Telramund, es decir, Catherine Naglestad ("Elsa"), Dolora Zajick ("Ortrud") y Thomas Jesatko ("Friedrich von Telramund"). Este última, más por poseer un generoso torrente vocal más que por la administración del mismo, un tanto trivial u ordinaria. Es un papel prototipo del malo wagneriano, que agradece a veces leño en vez de nobleza tímbrica. Se justifica en el personaje que queda bien retratado, cantado y sobretodo escuchado en manos de Jesatko. Mi gran sorpresa fue la clase de Catherine Naglestad, cantante además con presencia, estilo, y que en determinados cuando corre su timbre, cuidadín con ella, tiene pegada. Pero además es elegante y frasea con gusto. Una más que notable realización del personaje, por carácter que no por partitura, más simple y torpe de todo el catálogo wagneriano. Todo lo contrario que "Otrud", un personaje tremendo y el más original creado por Wagner, central en esta ópera. Nueva oportunidad para escuchar esas oleadas de sonido que caracterizan a Dolora Zajick. De los pocos cantantes en activo que sí estarían en nuestros discos de los años 40-50-60 en grabaciones verdianas con los Corelli, di Stefano, del Monaco, Callas, Tebaldi, Bergonzi, Warren, Bastianiti, etc: ahí hubiera estado codeándose, y a su mismo nivel con las Simionatto, Barbieri, Stigiani, Verret, Cossotto, etc. Si me preguntasen a ese olímpico nivel qué cantante en activo hubiera podido competir, mi repuesta es clara: Zajick. Otros en los que pensemos, creo que siempre estarían en un plano ya inferior, o "sotanísticamente" inferior. Dicho lo cual, no es que Zajick hiciera una "Ortrud" a lo Astrid Varnay, ni mucho menos, ya va teniendo sus años y el fiato va acortándose, pero merece la pena pagar una entrada por escuchar las veces en las que deja su sello en forma de barrida sonora en algunos pasajes. Ese volumen, ese caudal, esos armónicos monstrusamente grandes, tienen un coste: se paga encantado. Groan Juric ("Rey Heinrich"), de gran parecido a Jesucristo Superstar, cumple, sin más ni menos, no así el heraldo, papel nada baladí, encomendado a un tal Anders Larsson, nuevamente puro capricho importar a un cantante de una calidad extraordinariamente mala cuando dudo bastante que el peor bajo del coro Intermezzo pudiera empeorar sus prestaciones. Por cierto, magnífico el coro, tanto ellos como ellas, soberbios, imponentes, empastados, brillantes: en definitiva, fantásticos. El protagonista, "Lohengrin", Michael König, es, quizás por su abultado físico, una estaca en escena. Pones un poste y hace lo mismo, es decir, nada. Por no hacer , ni una mueca, cara de palo todo el día. Bueno... otros "gordos" de la hisotria de la lírica tampoco es que hicieran grandes cosas, pensaremos, pero luego abrían la boca y te daba igual, porque era la repera. ¿Es el caso? Ni por asomo. Es una voz de secundario cantando protagonistas wagnerianos. Muy grande le va el papel, el personaje, el magnífico raconto nunca dejó a nadie tan frío, en fin... poca, muy poca chicha que sacar al asunto. Harmut Haenchen: sobresaliente dirección, altos vuelos orquestales wagnerianos, contrastadas dinámicas, aristas, sonido. Búsqueda constante de la espectacularidad y especial protagonismo que tienen en esta partitura los metales, las trompetas en especial. Sonidos que envuelven, acertados tempi, y todo haciendo equipo con solistas y sobre todo coro, que vuelvo a subrayar su labor. Con todos los peros que hemos señalado, creo que estamos ante una representación digna como mínimo, si no más. Yo la disfruté mucho, mejorable? Claro,, con un "Lohengrin" más rico, un final visual normal, y un heraldo que supiera cantar, la cosa empezaría a ser de nivel notabilísimo, pero dejémoslo en un bien... alto.
Una cosa al margen. O pregunta. Y va sin segundas. Hemos visto morir a Alfredo Kraus. Hemos sabido de la muerte de Pavarotti, de Pilar Lorengar, recientemente de Claudio Abbado. Hemos visto morir a García Navarro, agonizando en unas funciones de "Parsifal" que él a la batuta realmente era Amfortas pero de verdad. Podríamos seguir. A alguno de ellos el Real le ha dedicado un pequeño o cutre homenaje, en otros casos, si quiera habrá habido minuto de siliencio, y en otros directamente nada. Entonces, muere Mortier. Y al poco de morir, un concierto homenaje, una enorme imagen suya desplegada en el foyer, videos en los descansos, en todos los programas recientes se le dedican a su memoria las funciones, hay un libro para firmar condolencias a la entrada, ... en fin... todo y más. Con independencia de amar a Mortier o odiarle. No voy por ahí. Mortier es, o mejor dicho, no es más que un gestor, un director general, un contratista, un cargo que en toda asociación, empresa, o ente ha de existir para guiarlo, pero... quiénes son los protagonistas y nombres propios de este invento??? Por favor!!! Los gestores??? Es que hay algún libro de ópera que de repente cuando habla de ópera habla de las gestiones de este o aquel, y hace una pedorreta a Callas, Tebaldi, del Monaco, Toscanini o Furtwangler?. Sinceramente, creo que estamos perdiendo el norte. Insisto: esto no es cuestión de amar u odiar a tal o cual GESTOR. Amémosle, pero es un gestor, punto y final. Que como gestor, gestionó bien? Enhorabuena. Mal? Pues a criticar. Pero su role por muy buenísimo que haya sido, aunque haya sido el mejor de la historia, insisto en no entrar en esa valoración, NO PROCEDE ser homenajeado bajo ningún concepto de la forma en que se está haciendo en el Real estos días, y menos aún cuando los nombres propios de la ópera, los intérpretes, los directores, los cantantes, que hemos visto morir se les ha hecho ni la mitad de la mitad de la mitad de los reconocimientos que a un simple y llano gestor. Yo no lo entiendo. Y reitero mis respetos por la memoria de Mortier, al que por cierto, nunca he focalizado mis iras o amores de forma especial, y precisamente por eso, porque como es un gestor, el affaire Mortier le doy la misma importancia a la hora de ir a disfrutar la ópera que al affaire Cambreleng, o del Moral: me da igual quien lo haya gestionado. Me importa quien esté con la batuta, y quien cante. El que firmó esos contratos, cumplió con su trabajo, nada más. Enhorabuena si logró traer a esos grandes nombres propios: de ahí a homenajes, no. Los homenajes, reservaditos para esos nombres propios precisamente.
_________________ Harmoniously, NICO
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