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RIENZI (Richard Wagner) – en versión concierto
Teatro Real, Madrid. 27 de Mayo de 2012
Andreas Schager (Rienzi) ; Anja Kampe (Irene) ; Claudia Mahnke (Adriano) ; Stephen Milling (Steffano Colonna) ; James Rutherford (Paolo Orsini) ; Friedeman Rölig (cardinal Orvieto) ; Jason Bridges (Baroncelli) ; Carsten Wittmoser (Cecco) ; Marta Matheu (mensajero) Coro Philarmonia de Viena y Coro y Orquesta titulares del Teatro Real. Dirección musical: Alejo Pérez.
Richard Wagner se empeñó en no pasar a la historia como un simple uno más como creador musical. Su obra debía ser pretexto para grandes amores y grandes fobias, pero medias tintas para él, las justas. Y claro, eso implicaba dejar bien escondidita su obra de juventud que incluye entre otras cosas tres óperas que por formato y características de haber tenido continuidad con composiciones similares en el resto de su vida nunca hubiesen logrado ese objetivo de no pasar desapercibido. De dicha terna lírica, “Rienzi” es el título más representado dentro de lo rarísimo que es verlo incluido en alguna programación, porque ya “Las Hadas” y “La Prohibición de Amar” son un perro verde y una rana con pelo respectivamente.
A apenas unos meses de cumplirse el segundo centenario del nacimiento de Wagner, el propio paso del tiempo, más abierto a la investigación musical y reabrir vetos creados por hasta los propios creadores, da la oportunidad de poner a estos títulos en su sitio, para bien o para mal. La tarea no es fácil, siendo Bayreuth precisamente el primer sitio donde tal veto parece infranqueable pese a que la idea ha aparecido en la mente de Eva y Katharina, pero sin atisbos de éxito. Así recibimos en el Teatro Real a “Rienzi”, aunque sin escenificar y con recortes. El castigo infringido por su compositor para esta ópera y sus otras dos hermanitas, es precisamente la firma de autor: un simple “corta-pega” de firmas por la de alguno de los grandes cultivadores operísticos de la época en Europa, los hubiese catapultado a un puesto mucho más digno y a mayor presencia en carteleras. Cierto es que son títulos que no descubren una nueva tendencia o suponen piedra angular ninguna, como sí vino después a suponer el “Anillo” o el “Tristan”, pero no vemos problema alguno en ello, ya que tampoco es punto de inflexión alguno en el sinfonismo la segunda de Brahms, ni “La Cenerentola” de Rossini rompió con nada, ni abrió ningún nuevo horizonte en el cine Steven Spielberg con “E.T.”. Y todas son obras maestras (al menos para quien escribe). No se entiende pues esa condena al ostracismo por tal motivo que no aplica las subsiguientes óperas de Wagner, quien hasta en su empeño de ser diferente quiere que las llamemos “arte total”, “drama musical”, “festival músico sacro”,… óperas, lo siento querido y amado Ricardo: hoy vivimos en el mundo de Internet, de los aviones por todo el cielo y hemos pisado la Luna; las manías puristas y fervores que rayan lo irreverente cobran hoy ya poco sentido por mucho que haya gente que hasta siga poniendo flores a la mascota de Wagner enterrada a su lado en Wahnfried. Y esto lo suscribe alguien que sitúa a Wagner en la cima de la historia de la música, pero no le eleva a Dios ni su obra a los Diez Mandamientos. Mesura.
Vamos pues con la función acontecida en Madrid, una vez aclarado estar ante una obra con una orquestación brillantísima, unos coros de escalofrío, arias estremecedoras y concertantes espléndidos: es decir, ante una genial ópera. Alejo Pérez llevó la batuta de una orquesta entusiasta y con carácter. Ya que estamos en una versión de concierto, hay que disfrutar de la gran orquesta de la época sin escatimar brillantez y sonoridad, a lo grande, es justificable hoy que al buen director, de gesto claro y elegante, le dejemos que se le pueda ir la mano más de la cuenta. Preferimos ahora un sonido orquestal pleno de aristas que uno más redondeado buscando un refinamiento que será más servible como acompañamiento teatral: ya habrá tiempo, esperemos. Algún fallito en metales es baladí y no empaña una gran labor. El coro del Teatro Real parece que se presentó reforzado con uno procedente de Austria… no sé, me ofrece dudas el asunto porque el coro “Intermezzo” venía dando pasos de gigante, y aquí, que es todo un caramelo para ellos, no han dado lo mejor de sí, en especial las sopranos, desafinadas y con vibrato senil; me parece que tal cosa fue culpa primordial de dos de ellas, y dado la novedad del asunto, me da que esos refuerzos vieneses les han hecho un pobre favor. Las voces masculinas, no obstante, bastante mejor. Ovacionados, pero es que la propia partitura, como digo, ofrece momentos de esplendor coral que saben a bombón difícil de amargar.
Andreas Schager fue un “Rienzi” que lo intentó pero no pudo. Llegó muy cansado, es un role largo, tortuoso y era su tercer día. Con un físico muy alejado del “heldentenor”, normalmente alto y corpulento, y encima siempre firmes, parecía como estar pidiendo tímidamente permiso para cantar. Llegada la preciosa oración del acto quinto, acaso lo más bonito de toda la ópera, tuvo que recurrir a constantes cambios de registro, pasando pecho, abriendo mucho y a la vez cubriendo, o similares turcos para poder llegar a completarla sin romperse, que es lo que parecía que iba a ocurrir en cualquier momento. Sufrimos un poco con él, pero salvó el mueble sin holgura. Se le vio mucho más suelto y en estilo en los recitativos, ejecutados con noble estilo y suficiente poderío. Dicen que ha cantado “Sigfrido”... es un cantante con estilo e intención, y su timbre es bello, sí, pero dudo que con su caudal, bastante escaso y justito de armónico, sea servible para un “Mime”. Con todo, de agradecer su trabajo. Viendo y escuchando “Rienzi”, pensaba y preguntaba algún nombre propio del actual panorama que pudiera clavar el personaje a lo grande... y de repente, me venía constantemente uno... español... pero no ibérico... no doy más pistas.
La mejor de la noche fue Claudia Mahnke, que hace el role travestido de “Adriano”. Estilo, voz e intención muy sanos y frescos, y rotunidad en el volumen. Gran aplauso y algún braveo en su plegaria. Anja Kampe posee un medio mucho más rico que el de su partenaire femenina, pero descontrolado. Su agudo llegaba pleno de armónicos y brillante hasta la plaza del Callao, pero otra cosa es que lo hicera plenamente afinado y con cuerpo. Hay cimientos de una gran wagneriana, pero tiene cosas que ha de mejorar para no quedarse en una lanza notas sin sentido.
Sorprendente Friedeman Rölig, el cardenal, que sin duda presentó el medio vocal más poderoso de todo el cast solista incluidos los protagonistas. Su irrupción en el cuarto acto vino a poner en peligro los cimientos del recinto: menudo volcán de voz de bajo!!!. Lástima la brevedad de su papel. Otros, con labores algo más importantes no se lucieron tanto, salvo el mensaje redondeado de forma dulce por Marta Matheu, y algún apunte interesante en los graves de Stephen Milling traductor de “Steffano Colonna ”.
No hubo lleno, mucha butaca libre, pero sí calurosa ovación y merecido triunfo de todos. Esperemos que “Rienzi” y también las otras dos óperas del Wagner más joven, dejen de ser tan poco frecuentes, y vuelvan pronto a Madrid y esta vez con escena: no se merecen ser una rareza y de las más raras.
Besos NICO.
_________________ Harmoniously, NICO
Última edición por NICO el 29 May 2012 13:28, editado 1 vez en total
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