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Magnífico fin de semana en Barcelona disfrutando de esta maravillosa ópera que es Adriana Lecouvreur, además de la compañia de los amigos de Barcelona, Madrid y Asturias y cómo no, las suculentas comidas y cenas, siempre queridas acompañantes del viajero operístico.
Hacía mucho que no braveaba a cuatro cantantes en una misma función. Eso ocurrió con la primera distribución de Adriana Lecouvreur. Frittoli, Zajick, Alagna, Pons, Vas y el Maestro Benini nos ofrecieron una gran noche de ópera. Bravi! Me alegra mucho "recuperar" a la Frittoli, que me había "bajado" en su desmotivada y gris Condesa del Real. Inteligentísimo y conzienzudamente preparado su acercamiento a Adriana. Puede que le falte robustez y temperamento para el papel, pero a través de un canto inmaculado, un timbre fresco y lozano, una emisión canónica y fraseo siempre cuidado refinado, compuso una Adriana femenina, delicada, en la línea de su ídolo Freni, frente a la línea interpretativa más intensa, ampulosa, "divona" y trágica Olivero-Raina.
No entiendo los reproches y que ya algunos empiecen a cebarse con la Zajick. Esta señora tiene ya 60 años y aunque erosionado y con un centro agujereado, sigue luciendo un material vocal único de esos que salen cada muchos , muchos años. Aún es capaz de emitir sonidos restallantes en los extremos con notas altas que despeinan hasta los del quinto piso y graves impactantes. Su "Restate" al final del acto tercero deja sin respiración y cuidado del Maurizio que se mueva ante tal admonición.
Alagna con algunos problemillas en el acto Primero, confirma que se ha recuperado de aquel bache tremendo de hace unos años, cuando tocó fondo en el Radamés Liceísta y su recital del Real. Asimismo nos devuelve en cierto modo, el mito tenoril tradicional e imprescindible en la lírica y recuperamos la figura del tenor lírico pleno, con voz privilegiada de divo-divo, carisma, canto extrovertido, envolvente, expansivo y de una comunicatividad infalible. Algunas de las maravillosas frases del Conte di Sassonia sedimentaron de manera memorable en nuestro oído.
Personalmente, me resultó muy emotivo escuchar después de tantos años y funciones vistas, al veterano Juan Pons en un Michonnet nobilísimo, humanísimo, enternecedor, en el que matizó y esculpió cada palabra con una voz totalmente áfona y desgastada sí, pero que sigue corriendo que se las pela por el inmenso teatro de La Rambla.
Benini, que enfadadísimo arrojó la batuta al ver que los aplausos precipitados, torpes y molestos, enturbiaban el sublime final en pianissimo, sacó un sonido de un refinamiento tímbrico que pocas veces se ha escuchado a la orquesta del Liceo. Se le podría achacar que faltara un punto más de tensión teatral y que se recreara en tempi excesivamente lentos, en los que desmenuzó la exquisita orquestación de Cilea, detallista, matizadísimo, con momentos fabulosos como el interludio del acto II en que creo un atmósfera mágica y un primoroso acto cuarto, memorable.
En los otros repartos destacó una Daniela Dessì, aún señorona actual del sopranismo italiano de escuela genuina y, aunque con cierto desgaste y una pérdida de brillo y punta en el agudo extremo, lució aún rebosante de quilates la que, para mí, ha sido la voz más bella y esmaltada de soprano de los últimos 30 años. Una Adriana en la historia del papel. No añadiré nada respecto a Armiliato, al que pareció le iba estallar alguna vena del cuello en cualquier momento.
En la tercera distribución, con una Carosi cuesta abajo, entubada, desigual, desafinada, vulgarísima, el ternor uruguayo Carlo Ventre mostró un registro agudo sonoro, timbrado y con brillo, frente a un centro desimpostado y áfono. Con varios colores y temperamento desbravado, aunque bastorro, pero con efecto teatral, la Bouillon de la Fiorillo.
Una mención para Francisco Vas, que cantó una Abate de Chazeuil de libro en todas las funciones y que puede consagrarse como el sucesor de José Ruiz como tenor comprimario Liceísta.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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