Estuve el Lunes y como veo que nadie ha abierto crónica y los próximos días estaré fuera y no podré siquiera apostillar lo que se escriba, unas breves líneas sobre la interpretación del pasado Lunes día 21.
Rienzi fue la ópera que relanzó la carrera de Richard Wagner y la primera de su corpus en llegar al Teatro Real de Madrid en el siglo XIX. Ya en el siglo XXI, la obra vuelve al Coliseo madrileño en versión concierto con una duración total de 3 horas 15 minutos de música. Según me aseguraron a la entrada 35 minutos por encima de la que se representa en Berlin actualmente.
La ópera es una especie de Grand Opera con coros fastuosos, una orquesta mastodóntica y apabullante en la que se mezclan momentos de influencia Belliniana (la bellísima aria de Adriano, personaje en travesti que canta una mezzo) y Meyerberiana. También aparecen ya genuinas características del genio de Leipzig como la grandilocuencia y ampulosidad, encauzada en esta obra temprana con tintes pachangueros y aparatosamente pomposos, así como su sempiterna incapacidad para la concisión y maestría en el rodeo contemplativo-reiterativo: en una hora cuarenta minutos que dura la primera parte (por ejemplo, una duración similar a una ópera stándard de Verdi llena de acción trepidante y sucesión de acontecimientos dramáticos) no pasa apenas nada. De esa primera parte destaco la obertura y el concertante final, con unas masas corales y orquestales impactantes, que debieron causar sensación en la época del estreno. Me gusta mucho más la segunda parte con un preludio a uno de los actos (no recuerdo si el segundo o tercero) magnífico, más sutil, recogido e íntimo, la aludida aria de Adriano fabulosa (en estructura convencional andante-allegro), la inspiradísima y famosa plegaria de Rienzi y el flamígero dúo final entre Irene y Adriano.
Aceptable la interpretación a cargo de un competente
Alejo Pérez, no especialmente inspirado, pero eficaz. Logró un sonido solvente de la orquesta, así como concertar con pericia los fastuosos concertantes a un coro reforzado (que sonó con volumen y empaste, sólo algunas notas altas de las sopranos resultaron estridentes) y una orquesta por encima de la centuria.
Muy digno y honrado el tenor
Andreas Schager como Rienzi. La voz corre sin problemas, el timbre atractivo, aunque los agudos son imposibles. Vocalmente, recordó en algunos momentos a Kollo, aunque más impersonal como fraseador e intérprete.
Anja Kampe lució su habitual garra y tempramento. Asimismo, frente a una primera octava casi inexistente, sonidos restallantes, "zumbaoídos" en la zona alta. Estridentes, abiertos y muchos crecidos de afinación, pero si en otros repertorios serían poco admisibles, en Wagner resulta siempre grato escuchar esos sonidos que pasan la enorme orquesta, dominan los concertantes y se expanden desbocados por todo el teatro. La supuesta mezzo
Claudia Manhke de grave desguarnecido y agudo falto de punta y squillo, cumplió entregada y muy correcta como Adriano. Curiosamente se cogía la mano constantemente (como si se tomara el pulso), especialmente durante su aria, y la colocaba como buscando asegurar la afinación.
Por fin mi lista de óperas de Wagner vistas en vivo, pasó el número de 10 habitual

A ver si algún día llego a las 13 totales.