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Vaya por delante, por si claro no está, que ni Mozart es mi autor preferido ni la Clemenza lo que más me gusta de él. También quede clara mi siempre buena predisposición ante cualquier evento operístico (¿sería absurdo ir a pasarlo mal, no?). Premisas encima de la mesa pasemos a las conclusiones:
PRELIMINARES: Negros nubarrones me acompañaron en mi peregrinaje hacia el Liceu e incluso hubo momentos en que descargó con desatada furia una lluvia que me impedía ver más allá del frontal de mi vehículo. No pude dejar de pensar que era una premonición y que las "inclemencias" metereológicas no serían las únicas. Por suerte, al llegar a Barcelona amainó la tormenta y el tiempo, aunque inestable, presagiaba una noche operística no tan negra.Lo que vino después así lo viví y así os lo cuento.
De entrada y aprovechando las fotos que colgó Fantine al inicio del hilo diré que la escenografía y la puesta en general tuvo sus más y sus menos. Para nada recordaba Roma, de hecho ya estamos acostumbrándonos a puestas en escena atemporales, y el montaje (que debe haber costado un potosí) no creo que sea razonablemente equilibrado en la relación coste/calidad. Pero dejando este detalle "sin importancia" decir que mientras en el segundo acto ni molestaba e incluso facilitaba el tránsito del personal lo del primer acto no creo que nadie sea capaz de convencerme de la necesidad de todo aquello y mucho menos que narices pintaban aquella especie de compartimentos estancos la mayoría de los cuales no servían para nada. Y encima entorpecían , cuando cantaban dentro de ellos, la acústica.
En cuanto a la dirección musical, sin estar mal, por primera vez Weigle no me ha convencido. Su obertura completamente plana con incidente incluído. ¿Cuánto tiempo pasa desde que te avisan por enésima vez de que es de recibo apagar el móvil hasta que empieza la función???. Cinco, diez.... Pues esto es lo tardó el energúmeno de turno y en mitad de la obertura sonó el dichoso aparatito, Weigle se volvió, dejó de dirigir, la batuta suspendida en el aire por unos instantes, su mirada dirigida hacia un sector del público....¿pararía la orquesta? Yo creí que sí, hubo un momento de incertidumbre pero Weigle volvió su faz, se metió en faena y de ahí hasta el final. Sus tempi un poco lentos, demasiado, y la orquesta del Liceu sin estar muy mal tampoco estuvo muy bien. Repartamos culpas entre todo el foso.
Ayer se cumplió una de las frases hechas que pululan por el foro operístico donde se suele decir que unos buenos cantantes pueden salvar una función. Y a fe que lo hicieron. Todos, unos en mayor y otros en menor medida pero el nivel fue muy alto. Así se puede disfrutar de la ópera aunque esta se llame "La Clemenza de Tito".
Por orden de protagonismo (más o menos) podemos decir que Ofelia Sala nos ofreció una preciosa Servilia (tampoco es que el papel dé para mucho) y aunque su voz era la más pequeña de todas dejó constancia de su clase. El Publio de Chiummo pasó un poco desapercibido (pero es que el papel está hecho más para un buen declamador que un buen cantante) pero sin desentonar en absoluto.
El cuarteto protagonista fue de excelente alto. Pizzolato me encantó como Annio; timbre agradabilísimo, canto mozartiano en estado puro, seguridad en todo momento..una delicia. Schade es el retrato robot de tenor mozartiano, excelente linea de canto, acaso una interpretación excesivamente amanerada y el único pero es la colocación de la voz que en agunos momentos parece que la tenga en el cogote y eso impide que brille mucho más de lo que lo hizo. Estuvo a un buen nivel pero ese pequeño exceso, el amaneramiento, y ese no menor defecto en la colocación de la voz hacen que le dé un notable. La Vitellia de la Gens hubiera sido de matrícula de honor a no ser por pequeñas salidas de estilo pero a mí me da la sensación de que disfruta en escena y su presencia vocal y física son de las que magnetizan. No puedo darle el diez por lo dicho pero personalmente se me iban los ojos y toda mi atención cada vez que cantaba.
La Kasarova estuvo espléndida. No estuvo tan perfecta como pretendimos ver porque la voz en ciertos momentos perdía homogeneidad, curiosamente más en los recitativos que en las partes cantadas donde hilvanó excelentes frases musicales. Nos deleitó con un timbre bellísimo, un estilo depurado y , en definitiva, una actuación para enmarcar.
El coro no tiene excesivo protagonismo pero a mí me gustó mucho cuando intervino.Creo que el nivel del coro ha subido muchísimos últimamente y eso se agradece. Aplausos para su buen trabajo.
En definitiva, salí (salimos) con sonrisa de oreja a oreja que como bien comentaba mientras cenábamos "El mejor forero en la sombra" no es cosa fácil ni demasiado habitual en el Liceu. La moraleja de todo ello es que cuando los artistas atesoran calidad y la exhiben se puede disfrutar enormemente de la ópera aunque , y repito por enésima vez,ésta se llame "La Clemenza de Tito".
Saludos:
PD: Más tarde repasaré lo escrito y me reservo el derecho a corrección y/o modificación.
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