
Una versión referencial, esta de Grumiaux, que deseaba escuchar desde hace tiempo y no tenía. La fecha de grabación, entre los años 1960 y 1961, ya nos indica que estamos ante una versión ajena a los criterios historicistas que empezaron a despuntar a partir de esa misma década (uso de instrumentos originales, suavización del
vibrato y el
rubato, tempi más ligeros y ágiles, etc.). Sin embargo, a pesar de todo, el enfoque de Grumiaux no es romántico, ni exagerado, ni pesante, sino de un clasicismo pulcro, equilibrado y lleno de refinamiento. Los
tempi, que para mí tienen siempre una importancia fundamental en cualquier interpretación, se caracterizan por lo impecable de su estabilidad, ya que el artista nunca busca los extremos en la velocidad: ni el virtuosismo exacerbado, ni la exagerada solemnidad de otras versiones. Su prioridad es la claridad técnica, y siempre opta por el
tempo que, en cada momento, le permita articular perfectamente cada nota. No obstante, en los movimientos lentos (adagios, graves, largos) Grumiaux evita la pesadez y el dramatismo denso, optando por una mayor ligereza y brillantez, de manera que siempre mantiene los
tempi relativamente ágiles, aún dentro de su condición de lentos, para que la línea melódica no pierda continuidad ni soporte. Como "debe" hemos de citar el hecho de que opte por no interpretar las repeticiones obligadas de las secciones en las danzas de las
partite, práctica ya abandonada, pero que era bastante habitual en la época de Grumiaux, entre otras razones por las limitaciones que la técnica imponía a la hora de grabar en discos de vinilo, de menor duración a los cd's posteriores.
En cualquier caso, nos hallamos ante una monumental versión de esta obra maestra de la música barroca. Muy, muy aconsejable, por el equilibrio aristocrático, la belleza del sonido y la perfección técnica (propia de la escuela de violín francobelga).