
Con El Ocaso de los Dioses cierro mi ciclo scalígero que
Simone Young y
David McVicar han producido.
A nivel escénico, constituye un éxito, un resultado visualmente espectacular. El prólogo muestra a las nornas con una gran cuerda roja, mientras la iluminación construye bellos ambientes. El escenario giratorio muestra de nuevo la roca de las valquirias. Cuando Sigfrido parte, animado por Brunilda, ésta, al oír su cuerno, se duele por la partida. La escena del palacio de los Guibichungos consiste en un escudo central sujetado por cadenas, dos cabezas fetiche colgadas, y al fondo un enorme cráneo. Los cortesanos, así como Gutrune, van vestidos de color dorado. La primera escena del segundo acto muestra varios de esos fetiches colgados en enormes palos, entorno a los cuales Hagen y Alberich conspiran durante la noche. La bella iluminación nocturna cambia y aparece resplandeciente en la segunda escena, con toda la corte vestida de oro, las dos principales parejas con máscaras doradas, y el esqueleto presidiendo la escena, un anticipo de la muerte que a todos llegará pronto.
El tercer acto es quizá lo mejor de toda la producción. En la primera escena, las hijas del Rin nadan tristes y nostálgicas en su río, mientras al fondo la iluminación proyecta un bello color azul en movimiento. Sigfrido se mueve por el borde, iluminado de amarillo, que representa la orilla. Al irse ellas, el telón con el anillo en color blanco se baja, y durante un breve momento, Sigfrido, Gunther y Hagen dialogan, hasta que se levanta y muestra al coro. Al matar Hagen a Sigfrido, todos se van, y éste canta solo su bella aria de despedida. Al morir el héroe, con el escenario vacío, aparecen Siegmund y Sieglinde, quienes le lloran mientras suena la marcha fúnebre. A mitad de la marcha, aparece Wotan con su lanza partida, y se une al cortejo fúnebre: una familia llora a su hijo perdido, el fin de su estirpe. Baja brevemente el telón, y se ven unas enormes rejas, delante de las cuales Gutrune espera tensamente. Éstas se levantan cuando entran Hagen y Gunther con el cadáver de Sigfrido, llevado por un cortejo de hombres semidesnudos y con enormes faldas negras, quienes adoptan una posición de duelo tras dejar el cuerpo. La escena monumental final de Brunilda empieza con ella entrando con un imponente vestido negro. Hacia el final de su monólogo, el escenario se ilumina de fuego y ella y el bailarín que representa a Grane, se quedan con el cuerpo de Sigfrido y se cierra sobre ellos una pared. El escenario se ilumina de azul y se ve al Oro del Rin, representado por un bailarín como al inicio, ahora con su máscara puesta, la que Alberich le quitó, mientras las hijas del Rin apartan a Hagen. A continuación aparece Alberich quien se intenta acercar a él, pero no lo consigue, y muere. La emocionante nota final termina, y en absoluto silencio el escenario se oscurece lentamente mientras se ve al Oro bailar radiante y finalmente libre.
Aquí la orquesta llega a su máxima inspiración, y Young consigue que el sonido sea más espectacular. Las interpretaciones de los fragmentos más conocidos como El Viaje de Sigfrido por el Rin y la Marcha Fúnebre son excelentes, y así como los preludios de los actos segundo y tercero, sobre todo este último, con un lirismo muy especial que la orquesta italiana conoce de otros repertorios más afines. Buena forma de cerrar el ciclo.
Klaus Florian Vogt mejora un poco en el Ocaso, pero la voz sigue sin llegarle. Como actor compensa un poco las limitaciones, ya que su interpretación en el acto tercero es socarrona, cuando cuenta a Hagen y Gunther su encuentro con las ondinas no para de reírse como el joven alocado que es, y muy emocionante en la muerte del personaje, cuando sonríe recordando a Brunilda. Pero hay que recordar algo importante: por muy bella, juvenil y lírica que sea su voz, no es para Sigfrido, por mucho empeño que le ponga.
Camilla Nylund no mejora hasta el final: en los dos primeros actos fuerza su voz lírica, por lo que su canto termina muchas veces al filo del grito. En su gran escena final mejora un poco, pues la interpreta con solemnidad, y su lirismo viene bien a los momentos más intimistas, pero sigue sin ser voz para Brunilda.
Günter Groissböck como Hagen en el Ocaso mejora notablemente, no solo por la pasión que le pone, su entrega actoral a este igualmente brutal personaje (resaltado por su imponente y espectacular físico atlético), y en el tercer acto su interpretación a nivel musical es espectacular.
Si el ligero Olafur Sigurdarson fue Alberich en Oro y Sigfrido, en el Ocaso el personaje es interpretado por
Johannes Martin Kränzle, y el nivel sube tanto que uno piensa que es este veterano cantante quien debió interpretar al enano en todo el ciclo. La voz tiene más cuerpo, más grave y tiene un precioso timbre oscuro.
Russell Braun, ya veterano, es un Gunther excelentemente cantado y actuado, con una preciosa voz de barítono. La soprano sueca
Nina Stemme, la principal Brunilda de los últimos veinte años, y que interpretó este personaje en la anterior producción del Anillo en la Scala bajo Barenboim, ahora interpreta a Waltraute. La voz se nota ya bastante madura, pero el bello timbre que un día tuvo aún reluce, pese a su fatiga. A nivel musical, eclipsó a Nylund en su escena.
Tras haber sido Freia en el Oro,
Olga Bezsmertna repite en el Ocaso como una solvente Gutrune. Las hijas del Rin y las nornas son bastante buenas.
Una vez más, ha sido un placer volver a ver el Anillo, aunque sea una tarea larga que siempre me toma alrededor de un mes. Creo que la producción de McVicar, de la que esperaba más conservadurismo habida cuenta de los trabajos que le vi en vivo, como una excelente Gloriana en Madrid, se limita a presentar la obra sin dramaturgias paralelas que hagan pensar mucho, lo que le quita algo de entretenimiento, pero con una estética gótica y lúgubre. Aun así, no está nada mal ver una producción que recuerde un poco al drama original, preferible a una producción moderna vacía y carente de sentido. Y si algo tiene la producción es su espectacularidad, lo que hace pensar que en vivo debió de ser mejor que en vídeo.
Ojalá se viera en otros teatros o en Bayreuth mismo. Siempre pensé que McVicar podría hacer un gran Anillo allí.