
Seguimos con el Anillo scaligero, ahora con Valquiria.
La puesta en escena de
David McVicar avanza en esa mezcla entre fidelidad y modernidad. La estética, bastante tribal, se acerca a lo rústico de la ambientación original. En el primer acto, se ven unas estructuras que recuerdan bastante a una casa tribal africana. En el centro, un enorme tronco en el que está Nothung. Los personajes llevan tatuajes, acentuando su tribalismo. Hunding es el bruto de siempre, que trata a su esposa como un mero objeto sexual. Junto a él, aparecen sus hombres. En el segundo acto, el decorado se convierte en lugar oscuro. Una enorme bola, que representa quizá el mundo, rodeada de unas enormes rocas. Grane aparece, como una estructura con cabeza de caballo, manipulada por un actor sin camiseta. Y así serán los demás caballos de las valquirias. El tercer acto representa la escena más memorable: un precioso cielo nocturno estrellado, con esas estrellas en movimiento orbital, con un escenario presidido por un enorme rostro humano esculpido en roca. En la escena final, esa roca se abre, para mostrar una mano, en la que Brunilda se dormirá, habiéndosele colocado una máscara y un escudo. Wotan golpea su enorme lanza, y aparece proyectado un fuego que cambia de color. Ayudado por unos hombres con falda negra y larga (¿sus cuervos?), se viste una enorme gabardina y un sombrero: el todopoderoso dios se convierte en el Viandante, empezando su larga travesía errante por el mundo.
Parece que el sonido ha mejorado o la orquesta al mando de
Simone Young parece más inspirada: las cuerdas realizan una buena interpretación del agitado preludio del primer acto, y el violonchelo suena magnífico. En el segundo acto la orquesta alcanza su mejor momento, con un excelente preludio, y ahora con el metal en excelente forma. En el tercer acto, la madera interpreta un melancólico interludio antes del gran dúo final, pero la orquesta no alcanza toda la magia que debe en la música del Fuego Mágico que cierra la obra.
Klaus Florian Vogt es el tenor wagneriano más solicitado. No porque sea un heldentenor en el sentido de la palabra, sino porque su resistencia vocal le ha permitido, entre otras cosas, abordar todos los grandes roles de tenor en el Festival de Bayreuth, menos Loge (que cantará este año), Tristán (que sí ha cantado en Dresde) Erik y Rienzi. Su voz de timbre ligero, pero que se proyecta bien, que suena juvenil, aunque blanquecino por momentos, podría ser ideal para Lohengrin, incluso Parsifal, pero para los héroes del Anillo es otra cosa. Su Siegmund es más bien intermedio: tiene momentos de lirismo, como en el segundo acto, pero en el primero es bastante desigual, salvo en el Winterstürme, que le sale bien, quizá de tener el número curtido en conciertos e interpretaciones de esta obra.
Camilla Nylund es una soprano que le pone todo el empeño del mundo, pero su voz no termina de hacerse del todo a Brunilda. Esta voz empezó cantando Elisabeth de Tannhäuser, donde es más adecuada. Aun así, su canto no es gritado, es más bien lírico, aunque el grave, sumado a su actuación entregada, funciona. Es una interpretación que suena lírica, pretendiendo sonar dramática. En Valquiria, sus limitaciones y virtudes canoras consiguen complementarse, pero lo bueno se salva gracias a su entrega en escena.
La voz de
Michael Volle, sumada a sus innegables dotes actorales y su excelente dicción, mejora considerablemente respecto del Oro, especialmente en el largo y doloroso monólogo del acto segundo, del que dio una excelente y bien cantada interpretación. En el acto tercero, la voz vuelve a sonar avejentada en la despedida final, pero la interpretación es conmovedora, y Volle da una gran interpretación del dios.
Elza van den Heever por otro lado, es una Sieglinde poderosa, con un timbre más oscuro, y dramático que el de Nylund. Su interpretación es imponente. Si ambas se hubieran intercambiado el rol en Valquiria, hasta se ganaría.
Günter Groissböck como Hunding tiene un grave apreciable, pero mejor es su actuación. Se echa en falta más grave, una voz que refleje la brutalidad que sí hace al actuar.
Okka von der Damerau mantiene su nivel del Oro, quizá mejor entonces. Pero bien en general.
Muy notables las valquirias. Seguiremos con Sigfrido cuando se pueda.