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Espero que resulte pertinente aquí el comentario de Pedro González Mira sobre la discografía de Turandot. Lo inserto sin quitar ni poner una coma, lógicamente.
Versiones discográficas:
Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Montserrat Caballé, Nicolai Ghiaurov, Tom Krause, Pier Francesco Poli, Piero di Palma. Coro John Alldis. Orquesta Filarmónica de Londres. Dir.: Zubin Mehta. Decca, 4142742. 2 CDs
Maria Callas, Eugenio Fernandi, Elisabeth Schwarzkopf, Nicola Zaccaria, Mario Borriello, Renato Ercolani, Piero di Palma. Coro y Orquesta del Teatro de La Scala, Milán. Dir.: Tulio Serafin. EMI, 5563072. 2 CDs.
Montserrat Caballé, José Carreras, Mirella Freni, Paul Plishka, Vicente Sardinero, Remy Corazza, Ricardo Cassinelli. Coro de la Ópera del Rin. Orquesta Filarmónica de Estrasburgo. Dir.: Alain Lombard.
En realidad, la primera de las tres versiones arriba reseñadas está tan a años-luz de las otras que, aunque sólo fuera por una vez, habría querido romper el formato de la sección. Zubin Mehta, la Filarmónica de Londres, el Coro John Alldis y un colosal grupo de cantantes se reunieron el año 1972 para firmar una de las grabaciones de ópera más redondas de la historia de la fonografía. Y no se suele decir, pero Kenneth Wilkinson y James Lock, a la sazón ingenieros de grabación de Decca, realizaron un trabajo que, tres décadas y media después, continúa siendo un modelo. No falla nada, pues, en esta versión. Joan Sutherland, absolutamente transfigurada compone una Turandot magnífica, desde luego lejos de lo que en ese momento de su carrera (endiosada, diva y superficial) se podría esperar. Porque no fue sólo el despliegue canoro (habitual en ella), que también, sino su profunda captación de la intrincada sicología del personaje. Quizá su más grande creación discográfica. Como también la de un Pavarotti que pareció desterrar de un golpe todos sus defectos y multiplicar sus inmensas virtudes. El estupendo uso de la media voz, la intensidad expresiva, la profundización dramática fueron sus señas de identidad aquí, y añadidas a la perfección tímbrica y la facilidad para el canto ligado que siempre le caracterizaron. Como Karajan en Bohème, Mehta consiguió aquí que Pavarotti firmara una de sus más antológicas interpretaciones. Por su parte Caballé y Ghiaurov rozaron lo milagroso en Liù y Timur, mientras que las máscaras alcanzaron otro sobresaliente sin reservas. Mehta, por último, demostró una afinidad con la pieza que incluso podríamos decir que conserva hoy, pues lo que hizo la temporada pasada en el Palau de les Arts valenciano se asemeja bastante a lo que se le escucha en esta grabación. Genial. ¿Y del resto de las versiones? Pues cosas aquí y allá. Por ejemplo, y a pesar de los lógicos problemas vocales, el carácter de la Callas, siempre admirable, o la exhibición técnica de Montserrat Caballé como protagonista, aunque lejos de una interpretación dramática cabal, en buena parte por la dirección de un despistado Lombard. Ciertamente, si se la hubiera dirigido bien, otro gallo le habría cantado al resultado. Más anecdótica me parece la Liù de la Schwarzkopf, e incomprensiblemente flojos el Calaf y la Liú de Josep Carreras (frío como el hielo) y Mirella Freni, quizá otra víctima del desubicado director musical. En fin, suelo recomendar siempre más de una versión. En este caso me salto la costumbre. Con la de Mehta hay más que suficiente.
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