Cuentos de Hoffmann (Covent Garden 2016)Recuperación de la histórica producción de
Schlesinger para la ópera de Offenbach, que sigue manteniendo lozanía, espíritu, y poder atmosférico, además de suponer un oasis para la vista del aficionado operístico, acostumbrado a que le sangren los ojos, un día sí y otro también, con el consuetudinario cutrerío minimalista.
Por contra, el rutilante protagonista elegido para esta reposición nos devuelve a la prosa de la vida: la emergente estrella
Vittorio Grigolo es la típica voz juvenil, bella y fresca, acompañada además de una buena planta, pero en pañales técnicamente hablando. Hay bastantes momentos que le ponen en un compromiso en la zona grave (la balada de “Kleinzach” sin ir más lejos). En las situaciones más líricas no sabe recoger la voz y opta por el falsete desapoyado y filiforme. El canto es por las bravas, espontáneo y generoso, pero plagado de sonidos abiertos, y rehúye las "puntature" al agudo, no escritas, pero que una estrella que se precie debe de regalar al respetable, aunque sea de vez en cuando. En fin, nos queda la “querida presencia”, cual Comandante Che Guevara.
Thomas Hampson afronta los cuatro malvados con los restos de una voz como la suya, que nunca fue nada del otro mundo, llena de sonidos sordos y vacíos de sustancia. Suple las carencias vocales con sus dotes histriónicas en una obra que se presta a ello a poco que se tenga cierta pericia escénica, y Hampson la tiene.
Sofia Fomina encarna a la muñeca Olympia con desenvoltura y gracia en el aspecto teatral, y con facilidad en las subidas al agudo, si bien los sonidos no parece que estén canónicamente liberados, circunstancia que también se aprecia en la zona central, donde la voz se queda atascada entre la gola y la boca. De escaso interés la Giulietta de
Christine Rice, voz estridente y metálica, poco apropiada para las voluptuosidades de su personaje, y perfectamente prescindible el Nicklausse de
Kate Lindsey, que da la sensación de ser una voz mal impostada y que no pasa más allá del cuello de la camisa.
Lo más disfrutable del elenco vocal viene ofrecido por la Antonia de
Sonya Yoncheva, ésta sí estrella emergente, pero con los papeles en regla y consistentes hechuras vocales y artísticas (además de alguna otra

). Aquí demuestra que es una cantante seria y aplicada, con fantasía para colorear y aligerar la emisión en función de la naturaleza de sus personajes. La voz, además, es espléndida, de amplio caudal y bien contorneada. Sin duda una de las artistas más interesantes del presente páramo vocal.
La labor orquestal corre a cargo de
Evelino Pidó, que se conforma con dirigir el tráfico para que la maquinaria funcione y no haya mucho atasco, pero queda todo en perfil bajo, monocromo, plomizo incluso, sin distinguir caracteres ni atmósferas, en una obra tan rica y variada como ésta. Nada que ver, por descontado, con las filigranas de Georges Pretre en la primigenia versión audiovisual de esta producción. Aquello era perfume francés… ¡Y del caro!