Respetando la voluntad popular

, me decidí finalmente por repetir
Un ballo in maschera con Bergonzi. No tengo palabras para describir la lección de canto de este hombre -canto siempre al servicio del drama y al mismo tiempo fidelísimo a la partitura, hasta donde la conozco. Quizás habría sido más razonable tener la de Pavarotti, por aquello de contrastar, pero salvo Tunner nadie defendió la opción de Margaret Price y un
Ballo sin Amelia, como que no. Leontyne no tiene una voz tan solvente como Birgit Nilsson –diría que ni siquiera como Zinka Milanov-, el inicio de
Ecco l’horrido campo no es muy prometedor, pero en el dúo del segundo acto o en
Morrò ma prima in grazia está incandescente y conmovedora. Merrill –superior en todo al marmolillo Svéd- me ha gustado más que McNeil en
A tal colpa è nulla il pianto, pero no en
Eri tu. Reri Grist es Oscar tal cual y la Verrett resulta una Ulrica curiosa. La orquesta se muestra algo vulnerable en la sección de metales, pero Leinsdorf la lleva con equilibrio y buen pulso, sin dejar en evidencia algún pasaje chimpunero de la obra

.
Siempre he pensado en el
Ballo como una ópera muy hitchcockiana. ¿A ustedes no les parece? El maestro podría haber filmado un thriller bastante apañado, aunque supongo que habría sido harto difícil convencerle de mantener el papel del pajecillo.