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He estado dándole vueltas a eso del futuro del tenis español. La verdad es que no somos los únicos que padecemos la falta de talentos. Los que ocupan los primeros puestos son casos excepcionales en los que a lo mejor coinciden con uno o buenos compatriotas pero poco más. Suecia en los años ochenta tuvo una hornada excepcional (Wilander, Edberg, Nystrom, Jarryd y el irregular Sundstrom como cabezas visibles) pero luego se esfumaron, aunque algún aceptable tenista han sacado luego (Soderling, Larsson, Bjorkman, Enqvist, los Johansson). De los australianos casi mejor ni hablar: tras la retirada de su último grande, Newcombe, sólo han cuajado Cash (y no mucho), Rafter y Hewitt, con Phillipoussis algo lejos. Muy poco en un país tradicionalmente muy tenístico. Otra potencia, Estados Unidos, vivió buenos años en los ochenta (McEnroe, Connors y más lejos Arias, Krickstein, Mayotte, los Mayer, Gilbert), los noventa (Agassi, Sampras, Courier, Chang, Martin); luego, el desierto, con el beduino Roddick. Isner es todo lo que tienen ahora. De la Legión (los argentinos), sólo está Del Potro, casi más para allá que para acá. Vilas, Clerc, Pérez-Roldán, Jaite y luego Nalbandián, Coria, Puerta o Gaudio están en el olvido. El futuro de Francia tampoco es muy halagüeño sin Tsonga, Monfils, Simon o Gasquet, más importantes como equipo que individualmente (sólo una final de GS entre todos). Rusia tampoco camina muy boyante después de Kafelnikov, Medvedev, Safin o Davydenko.
Y del Imperio Austrohúngaro ni hablamos.
Bautista y Almagro deberían coger el relevo pero al primero le falta aún bastante poso y el segundo anda constantemente lesionado. Y fuera de la tierra hay poco que hacer.
_________________ Mejor un mal Verdi que un buen Britten.
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