Abdallo escribió:
Mi humilde opinión, personal y subjetiva, sin perder el respeto a nadie, es que están todos ustedes discutiendo con un trol, informado y que sabe de lo que está hablando, que no les va a dejar en paz nunca. Sabe de música, pero sobre todo sabe cómo tocar las teclas necesarias para provocar una discusión que no lleva a ninguna parte. Su objetivo es la polémica y la puesta en cuestión de sus más acendrados sentimientos y convencimientos. No sé si hay detrás algún otro objetivo, pero a primera vista el único que se me ocurre es el de joder la marrana.

Que manera tan educada de describirme a mi y al método mayeutico.
Cuando uno se forma en la música, ya sea de manera profesional o como aficionado, crea un corpus de referencia. Cualquier cosa que venga será comparado con ese corpus de referencia sin piedad. Si se parece a él tiene un pase, si no se parece se le rechaza. Basta leer las críticas de ciertos críticos, valga la redundancia, o de ciertos foreros para darse cuenta de eso. Cuando alguien dice que asisitió a un concierto de un director actual y que le pareció que esta a años luz del concierto donde Klemperer interpretó la misma obra y al que también asistió, significa que su corpus de referencia son Klemperer, Mitropolous, Fütwängler, etc, etc. Todo lo que no suene así o pertenezca a esa escuela será rechazado.
Dudamel es una figura controvertida. Conozco a varios músicos que han actuado bajo su batuta y todos coinciden en que el tipo es un genio, pero el resultado sonoro dice otra cosa. Corre mucho, cree que está en una pachanga perpetua y le falta madurez. Sin embargo, tiene mucho carisma y atrae a mucha gente, sobre todo gente joven que se esta formando su corpus de referencia precisamente con él. Esta gente, dentro de cincuenta años cuando Dudamel haya pasado a mejor vida, invariablemente dirá que los directores futuros no tienen nada que hacer al lado del gran Dudamel, que ya no hay directores como los de antes y ojalá y naciera otro Dudamel para enseñarles a todos esos pipiolos como hacer las cosas. Vaya, la cantaleta de toda la vida.