Carl Tunner escribió:
Pero ello no quiere decir que Falstaff, Otello o Don Carlo sean superiores (ni más "culto" y fetén el que le gusten más) que Il Trovatore, Rigoletto o Traviata, por esos meras circunstancias, si no que el que así lo piense deberá apoyarse en la mayor inspiración o no de cada obra, y no en que sea más "moderna" o un "progreso". En todo caso, son obras maestras y punto.
Si cogemos solo 2 obras para hacer más fácil la comparativa, por ejemplo Il Trovatore y Falstaff, son evidentemente 2 obras maestras. Personalmente no me extrañaría que cualquier aficionado escogiera una de ellas como la mejor obra Verdiana. Ahora bien, creo que hay razones suficientemente objetivas para afirmar con bastante rotundidad que en el aspecto meramente teatral, Falstaff es una obra superior.
Si tuviésemos un reparto de sobresalientes cantantes y notables actores y otro de sobresalientes actores y notables cantantes, creo que estamos de acuerdo que sería más conveniente que el primero grupo vaya al Trovador y el segundo al Falstaff.
Es decir es discutible que Falstaff tiene una supremacía global sobre Trovador, pero es objetivo decir que tiene una supremacía teatral. Esta supremacía objetiva teatral de Falstaff, se basa en muchos aspectos, pero tiene mucho que ver con esa lucha incesante que se produce en la historia de la ópera de lograr un mayor equilibrio entre el texto y la música, y donde el desarrollo del continuo abre nuevos caminos y supone claramente en este aspecto un logro, un avance, un progreso.
Y en este progreso uno de los compositores más importantes es sin duda Verdi. La reacción negativa de algunos a valorar la aportación del continuo en la ópera como progreso parece un tanto infantil y más propia de una wagnerianitis aguda.
Que el "continuo" sea un progreso por las diversas razones que hemos explicado ya en varios post, no va en demérito, por ejemplo, de una de las obras favoritas de muchos foreros en el repertorio, la Sonnambula. Esta obra será siempre una obra maestra inmortal y eterna por la autenticidad de su arte, el incisivo análisis de personajes, la belleza infinita de sus melodías y la poderosa capacidad que tienen algunas de sus escenas de conmover si caen en manos de genios del canto.
El mismo avance en la orquestación del que habla Tunner está totalmente relacionado con este asunto. Les recomiendo el libro de Ethan Mordden, creo que a algunos les aportaría una visión más abierta de la historia de la ópera. Todo en la ópera está imbricado. Déjense de complejos absurdos.