Les confieso que no tengo ya demasiado interés por los tenores que quedan en liza. Hombre, ya sé que decir esto de un Gigli, de un Fleta, de un Schipa e incluso de un Domingo (en sus buenos años mozos) puede parecer ignorancia, presunción o pose, pero es la pura verdad. Mis dos favoritos eran Caruso y Melchior, y ambos han sido eliminados (es verdad que con grandes rivales enfrente). Pero ahora vamos al lío...
Buena parte de mi vida como aficionado a la lírica ha transcurrido acompañada por la voz (hermosa e inconfundible) de Plácido Domingo. Puedo afirmar, como han hecho ya otros foreros antes que yo, que posiblemente sin la labor proselitista y divulgadora realizada por el tenor madrileño en los medios y a través de su amplísima discografía (no toda del mismo valor, por supuesto), quizá yo no habría llegado a introducirme en este apasionante mundo del
bel canto (sin el cual, por cierto, no soy capaz de entender mi existencia). Y no habría conocido a otros cantantes (tenores para más señas) que ahora me gustan más que Domingo. Esto es normal, por otra parte. Debo añadir, además, que algunos de los momentos personales más emocionantes que recuerdo llegan a mi memoria acompañados con el recuerdo de su voz, y lo mismo ocurre si hablamos a nivel de imagen: los famosos
Contes de la ROH, la
Manon Lescaut de la MET (con Scotto) o de la propia ROH (con Te Kanawa), los
Pagliacci o
Cavalleria de Zeffirelli, la
Carmen de Rossi (donde mi madre me consiguió un cartel de la película, porque servidor --tímido y vergonzoso como nadie-- fue incapaz de pedirlo), el
Otello sui generis de la película también con Zeffirelli, la
Madama Butterfly con Freni, la maravillosa
Tosca con Rabaivanska, etc.
He de reconocer, por otro lado, que como tampoco he sido nunca un gourmet o aficionado exquisito --como algunos de los que frecuentan este foro--, siempre he estado dispuesto a pasar por alto muchas de las heterodoxias realizadas por Domingo, aún percatándome de ellas. En mis primeros años lo hacía por desconocimiento y posteriormente a cambio del placer que me producía ese canto suyo tan efusivo, cálido, directo y entregado, aunque fuera en detrimento de la pureza del mismo. No me importaba tanto si tal o cual nota estaba transportada, si el fraseo era poco imaginativo, o si algunos agudos sonaban un tanto estrangulados, porque la pasión en el canto y la belleza del sonido siempre estaban allí. Es, imagino, lo mismo que le habrá ocurrido a otros muchos aficionados y la razón, quizá, de que Domingo haya sido tan grande y haya conseguido llegar tan lejos en su profesión. Porque pasión, no me negarán que le ha puesto siempre a las cosas... Todas estas circunstancias, unidas al hecho de haberle escuchado en vivo bastantes veces, han contribuido poderosamente a que siempre haya tenido al tenor madrileño en un lugar muy alto dentro de mi particular altar operístico (de ahí la desazón y el disgusto que me producen ahora sus ridículos malcantando papeles de barítono). Pero llegado el turno de votar en esta ronda del concurso se me plantean algunos dilemas que no puedo pasar por alto. Me he guiado en todas mis elecciones por criterios tan subjetivos como el de los demás concursantes (cada uno con sus peculiares argumentaciones y razonamientos), y en más de una ocasión ha sido lo sentimental lo que me ha hecho decantarme por uno u otro contendiente. Pero en este punto me pregunto si es justo y normal --tal como señalaba nuestra joven Almirena-- que en un foro de ópera como éste, a cuyos miembros y participantes (en general) se les presupone cierto nivel de conocimientos en la materia, se esté votando a un tenor tan heterodoxo como Domingo, en lugar de a un maestro indiscutible del
bel canto como Schipa, que dominaba todos los resortes de su disciplina de manera insuperable. Por más fea que fuera su voz (y en esto, debemos reconocer que no tiene nada que hacer frente a nuestro compatriota). ¿Qué debería guiarnos ahora, en el momento de elegir a nuestro candidato? ¿Razón
vs corazón? ¿Lógica
vs pasión?
Cada uno sabrá lo que ha de hacer, pero yo creo que pese a lo confesado,
mi voto va a ser para SCHIPA (y que Domingo me perdone). Así, al menos de alguna manera, me sentiré reivindicando la vieja tradición del canto tan depauperada hoy dia (y por cuya pérdida ahora tanto nos lamentamos los aficionados). Si todos exigiéramos más de nuestros cantantes actuales, si no aplaudiéramos representaciones como las que el otro día ofreció el propio Domingo haciendo de Conde de Luna, quizá el nivel técnico de los intérpretes estaría algo mejor y sus prestaciones serían más aceptables...
(aunque, en el fondo, les confieso que sigo llevando al "joven" Domingo en un lugar de mi corazón operístico y continuaré escuchando sus buenas grabaciones).
Jodó... ¡Vaya palinodia...! 
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Así, con la negrita, le evito a Monsieur le Marquis leerse todo el tocho, si no lo desea...
