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Yo he tenido la por una parte desgracia de comenzar a ir al Metropolitan en el año 90, en los que no había Web, y había que sacar las entradas por teléfono o carta. Una odisea, si uno pretendía no gastar mucho. Como los miembros de la Asociación del teatro tenían preferencia, había que hacerse socio, porque era normal el lleno, cantase quien cantase. Recuerdo haber vendido una de mis dos entradas para una función olvidable, en la puerta, y hubo casi subasta. Por otra parte, la de fortuna, los repartos eran a veces espléndidos, comparado con lo que hoy padecen.
El teatro es enorme, y es casi la prueba de Don Algodón para los cantantes. El que tiene poca voz, y/o no la proyecta bien, está condenado al fracaso (al de cuatro aficionados, porque allí casi todos tienen éxito, hagan lo que hagan). Entre estos, Vargas, Bartoli, MAchado, Arteta, Merrit, Cura y otros cuantos más. Nada que no sea muy diferente a otros teatros, por otra parte. Pavarotti, el de esos años, sobrevivía en su condición de superdivo a duras penas. Domingo bastante bien, un sorprendente Pons, habitual de las temporadas, y las voces que más me impresionaron fueron Freni, Terfel (el joven) y Norman, que llegaban en plenitud a cualquier lugar del teatro, al menos cuando yo los escuché. Con el matrimonio Alagna era casi obligado exigir el divorcio inmediato, con diferencias irreconciliables, y evitar a la pobre esa condena mucho antes. No he estado en los últimos años y no puedo hablar de los tenores de hoy en día y sus bises...
Como en otros muchos teatros la orquesta tiene un sonido mejor en todas las zonas, pero las voces se oyen menos en la zona más alta del Family Circle, lo que es lógico por la distancia. En casi la última fila no puedo olvidar el sonido sensacional de la voz de Terfel en un Wagner, muy diferente en unas Bodas. En el resto se oye todo bastante bien, pero lo dicho: el que tenga poca voz o pobre proyección no tendrá una buena noche en el hotel.
AUnque lejos, se ve todo el escenario desde cualquier sitio, sin tener que rezar para que, por más precio, no acabe uno con lumbalgia, le toque una columna delante o tenga que estar de pie y de puntillas para ver medio escenario, como en algún teatro local. Desde un palco lateral incluso se podía ver a media orquesta con la partitura y una revista en el atril cuando dirigía Bonynge, desaparecidas todas éstas al día siguiente con Levine.
PD. Para los amantes de estas historias, una vez, sobre el 90, coincidí con el típico sabio del lugar, ya muy mayor. La pregunta era obligada: " ¿su favorito en estos años en el teatro?". Y la respuesta fue: "Bjoerling". AUnque era en el antiguo, claro...
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