Vaya, pues sí que estaban altas las expectativas. Yo en cambio me llevé una gran sorpresa y me lo pasé GENIAL (función del sábado).
Es cierto que llevaba mucho tiempo sin ir a la ópera y que la última función que tenía en la memoria era el muermazo del Requiem de Verdi por Muti, una gran decepción con altas cotas de sopor. Por el contrario me encontré con un director (Conlon) que trabajando con idéntico material nos dio un Verdi de alta tensión, cuerda empastada como nunca, regulación de los clímax perfecta, y que en definitiva hizo que una obra que hasta al propio compositor le parecía ortopédica por formato y duración mantuviera su ritmo y te tuviera pegado a la butaca. Para mí fue el auténtico crack de la noche pero además…
…me encontré con muchas cosas que hace tiempo echaba de menos:
- Una soprano bestia parda con una voz estupendísima y que sabía cantar muy bien (el bolero apañao ya es mucho decir cuando no se nos vienen a la cabeza sopranos con esa voz que lo resuelvan mejor, yo desde luego a las que se lo he escuchado perfecto son belcantistas y no te cantarían el papel ni de coña), resulta que estaba gorda y no importaba lo más mínimo, qué alegría!
- Un tenor que sonaba a tenor, con una técnica estupenda que le permitía una proyección excelente en el agudo con la orquesta en el escenario (escaso de fiato para el papel, eso limita mucho es verdad, qué falta de fantasía ni qué niño muerto cuando con ese handicap lo que toca es resolver, ¿acaso lo cambiarían por un tenor que cante a las bravas haciéndote sufrir o te endiñe sonidos blanquecinos a lo media voz quiero y no puedo? Yo no, gracias. Leo que ha decepcionado mucho, deben haber salido muchos tenores revelación en este medio tiempo de los que no he tenido noticia, ya lo siento!
- Un barítono que cantó con mucha elegancia su aria y en los dúos con el tenor también estaba para comérselo. Como me gustó debe ser que tampoco he escuchado a los que le hacen quedar a la altura del betún.
- Un señor mayor que es bajo y aunque está cascao es musical y canta bien (aunque se apunte al tren de cantar algo entubado) le da de bofetadas a los actuales bajos de la escuela del balido que son legión.
Creo que lo que más me entusiasmó fue que los señores y señora que sabían cantar fueran los protagonistas sin importar si estaban gordos o mayores, mientras que los comprimarios eran la típica quincalla metrosexual que sale de los castings de ahora cuando hay puesta en escena “de altura”: la mezzo que ponía caras cinematográficas y no se la escuchaba un pimiento, el pelao que se te ponía a hacer las regurgitaciones más asquerosas y antimusicales del mundo diciéndote “mira, soy bajo, puedo resonar más abajo del esófago, a qué no adivinas la nota que estoy dando? yo tampoco!”, etc.
Como no se necesitaban cabriolas ni extravagancias en el escenario los pseudocantantes sobraban, esa es una de sus ventajas. Estaba lo esencial: las voces, la orquesta, la música en definitiva… La obra tiene números muy bellos pero no mayores pretensiones que tenerte en vilo, hacerte disfrutar, casi nada. Con la de veces que me habré aburrido en la ópera yo madre mía. El sábado en cambio estaba que ni pestañeaba. Un Verdi bien hecho es lo que tiene, que te lo pasas pipa.
Salí muy contenta.
