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Estuve el domingo pasado, con el segundo reparto (Roy-Faus-Moncloa) en la última función que dirigió García-Calvo. Gratísima sorpresa la obra: llena de momentos abyectos, operísticos, encendidos, tifoseables, y de máxima exigencia para los cantantes. Los dúos del primer acto tenor-mezzo y segundo acto barítono-soprano son la pera, como lo son los grandes finales de los actos dos y tres. Hay un trazado casi operístico en el que se oyen ecos constantes del verismo de fin de siglo (los Mascagni, Leoncavallo...) y hasta el uso del leitmotif como lo utilizaba Wagner. Telita. Esto es una obra maestra que está a años luz de aquel truño que era Margarita la Tornera. En general sobra la parte cómica (porque esto es un dramón, por tanto no pinta nada), aunque la salida de los cómicos entrelazada con el lamento de Soledad bebe directamente del Terceto de las Joyas de La Tempestad del mismo autor, y es un número bien interesante. Y sobra buena parte del texto hablado, quizá porque todo el argumento y còmo está escrito son un puro cliché en sí mismo. Pero es un obrón, no hay duda. Chapí debería haberse planteado lo que hizo Arrieta en su día con Marina: reconvertir Curro Vargas en una ópera, porque estoy seguro de que podría tener su sitio en el repertorio internacional. Sin ir más lejos, me ha parecido una música muy (pero que muy) superior a La Dolores, de Bretón. Ahora bien: esto es una partitura de máxima exigencia, y si no se cuenta con un reparto que le pueda hacer frente con dignidad no debería subirse a escena. Curiosamente, cuando el Teatro Real recuperó Margarita la Tornera unos años atrás contó con un reparto de relumbrón: de poco sirvió, porque la obra tenía escaso interés. Ahora, sin embargo, parece que ninguno de los dos repartos que congrega La Zarzuela consigue hacer justicia a la música de Chapí. Vi el segundo. El papel del tenor, constantemente en el paso y en el agudo, es una cabronada de las que hacen época: bastante tiene Alejandro Roy con terminar sin hacer ningún despropósito (roza el crack en varias ocasiones, pero nunca llega al crack...): tiene las notas, pero la voz ha perdido fuerza y presencia, y dista mucho de ir sobrado... Cristina Faus frasea su Soledad con cierta intención, pero se ve obligada a oscurecer artificialmente el grave para parecer más mezzo de lo que es... Es una pena, porque canta bonito, pero no es para un protagonista de esta envergadura. Marco Moncloa no es ni remotamente el tipo de voz que pide Don Mariano y lo sabe: superado por todos los lados por un papel que requiere un barítono dramático de envergadura, y que tiene tres intervenciones de máximo compromiso ante las que él poco puede hacer. Sorprendentemente es Milagros Martín (con la voz todo lo mermada que quieran, pero ahí la tienen) la que ofrece el canto técnicamente más correcto de todo el reparto: y ojito, que parece que va a ser un rol de relleno; pero va Chapí y le plantifica un pedazo de dúo con el tenor en el primer acto de caerse de culo de la tensión dramática. Lo saca bastante bien. Luis Álvarez es un actor con muchas tablas; pero el Cura es un papel con intervenciones vocales de compromiso que él no siempre puede solventar... Mal Israel Lozano en la parte cómica (se queda uno ojiplático viendo lo que dice que canta normalmente), soubrettina hasta decir basta Ruth González y simpática en su rol hablado Aurora Frías. Discreto el coro, y decente la orquesta; empujada por la batuta de altos vuelos de García-Calvo. Me gustó la producción de Graham Vick: lleva su sello a simple vista, y estéticamente es bastante similar a su Werther de Lisboa que se pudo ver en Coruña hace unos años. Simbólica pero con un gran dominio del espacio, de la dirección de actores y de cómo hacer que hasta el último figurante tenga un personaje. Sabe mover masas, y aunque a veces alguna cosa no encaja en la música (ese baile final, tan contrario al ritmo que marca la orquesta), el resultado es una producción de calidad. Creo que la provocación de la procesión es perfectamente meditada: entiendo que se abucheé, porque al público de la zarzuela le queda mucho por ver; pero este tipo de producciones me parecen completamente necesarias para reavivar la zarzuela, para acercarla al público e incluso para hacerle ver al público de siempre que algo está cambiando... Notable propuesta escénica. Ahora bien, nos están vendiendo la moto de que esta obra es tan difícil que no hay quien la cante. Creo que es falso, pero habría que contratar a los mejores; sin medias tintas: María José Montiel, Nancy Herrera o Ángeles Blancas pueden perfectamente con Soledad; Juan Jesús Rodríguez, Ángel Ódena, Manuel Lanza o Javier Franco con Don Mariano; y Jorge de León (y quién sabe si hasta José Ferrero) con Curro Vargas. Al menos mejor que cualquiera de los seis congregados aquí... Y es una pena: si los repartos estuvieran a la altura, estaríamos hablando de uno de los pelotazos del año lírico en España. Pero con estos cantantes, estas funciones solo sirven para hacerse una idea aproximada de la magnitud de la obra que nos traemos entre manos...
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