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Vista anoche.
Francamente la producción no me gustó. Mas allá de la apariencia zurrapastrosa de vestuario, maquillaje y escena, más allá de la perpetua noche en la que se desarrolló la acción (¿no hay día en el Mediterráneo?), lo que vi incongruente fue la imposible conversión al realismo de una obra de argumento, no solo ingenuo, sino francamente estúpido, al que sirve una música de belleza belcantista que no casaba mucho con el apestoso ambiente donde la habían desarrollado. La definición de los personajes tampoco fue demasiado trabajada, aunque al menos no hubo la molestia tendencia a revolcarse por el suelo que tanto abunda en el teatro desde hace algunos año. Todo bañado de seriedad y transcendencia, la socarronería de Roque se transformó en ira malencarada, su serenata fue recalcada con la presencia de prostitutas con aire de western almeriense y el posterior tango careció de poesía. Pascual adoptó aires de maltratador, Marina fue una variante descalza y envuelta en trapos de la Lucia de Donizetti y Jorge, el rol más galán de todos los galanes, perdió su aire a lo Arturo Fernández para convertirse en Paco Algora.
La versión musical si fue más satisfactoria, pese a la pobre prestación de la orquesta (los vientos sonaron fatal al comienzo) y a la ramplona labor de la batuta. El coro estuvo acertado y el cuarteto solista fue de nivel, aunque el extraño instrumento de un muy engordado Simón Orfila (no lo reconocí) careciera del peso suficiente en graves para su tosco y rudo trabajador. Juan Jesús Rodríguez, con su impactante voz, no tuvo, por lo indicado arriba, la matización suficiente como Roque, pero la interpretación musical compensaba la rigidez de su marinero. Celso Albelo, de simpática apariencia y voz notable, debería tirar los discos de Alfredo Kraus: es absurdo intentar atacar las frases al modo de un artista tan personal e irrepetible como su llorado paisano. Mariola Cantarero no abusó de los reguladores aunque mostró tiranteces en el registro alto, pero en conjunto su labor fue seductora.
Interesantes los añadidos musicales, que no había escuchado nunca, y que dieron un poco más de entidad al endeble segundo acto. En suma, una velada agradable, más por la escucha que por la visión. Eso sí, la toma de sonido no era precisamente modélica y la realización abusaba de los primeros planos.
_________________ ¿Conoces tú al cantante de agudo giratorio y volador?
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