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El primer punto, siempre sin cortes, es absolutamente inviable en una gran cantidad de óperas, especialmente en el período desde el inicio de la ópera hasta 1850, que contienen una gran cantidad de fragmentos que se repiten, siendo muy frecuente que una ópera con una duración habitual de dos horas y media, con todas las repeticiones llegue a las 4 horas.
Estas repeticiones, misma música y mismo texto, sólo pueden tener sentido si el segundo fragmento se interpreta con las debidas variaciones, motivo fundamental de las mismas. Si por ejemplo en vez de un castrado de unas facultades portentosas y una capacidad para adornarse sin límites, se tiene a un cantante que las pasa canutas para cantar el fragmento escrito, ¿para qué hacer la repetición? Solo puede existir un motivo, querer acabar con la ópera.
Ni siquiera se puede aludir el argumento del respeto al compositor, porque una repetición sin más no encaja de ninguna manera con sus pretensiones.
Los directores artísticos, musicales y escénicos, además de respeto al autor, tienen la responsabilidad añadida de hacer las obras interesantes para el público de hoy, con las condiciones, presupuestos e intérpretes que puedan obtener y no hacer de cada representación un martirio para el público.
Hay muchas causas para los cortes, desde la imposibilidad de que una ópera funcione con todas las repeticiones, cortes que el propio autor impuso por debilidad musical o dramática, desde la imposibilidad de interpretarse con garantías, las debilidades musicales o dramáticas impuestas por la tradición o por los directores actuales, hasta cuestiones de horarios y luchas sindicales.
Hay razones muy lógias y otras absolutamente inaceptables, pero hay que saber que la mayoría de las interpretaciones operísticas, salvo en algunos autores muy concretos en la actualidad, tienen cortes. Hay que estudiar cada caso en concreto.
Mi respuesta es la opción "Otra". Especificar: Sentido común
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