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Sainete en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández y Luis Tejedor. Intérpretes: Carmen Solís (soprano), José J. Frontal (barítono), Alejandro Roy (tenor), María J. Suárez (mezzosoprano), Ángel Garó (actor), Julián Ternero (actor), Lander Iglesias (actor) Gurutze Beitia (actriz). Vestuario: Jesús Ruiz. Dirección de escena: Curro Carreres. Coro de la A. A. Maestranza. Orquesta Sinfónica Universidad de Sevilla-Conservatorio Superior. Director: Juan García Rodríguez. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles, 13 de marzo. Aforo: Tres cuartos.
Cuesta trabajo entender que se pueda dedicar tanto talento artístico y tanta inversión económica para volver a la vida a un cadáver en avanzado estado de descomposición, teatral y musical, como este sainete que Sorozábal pergeñó con más oficio que verdadera inspiración. Se cuentan por miles las composiciones zarzuelísticas y en el repertorio han entrado en los últimos años nuevos títulos con muchos mejores merecimientos como para gozar del privilegio de un montaje de la categoría de este fallido Entre Sevilla y Triana.
Para empezar, el texto de Fernández y Tejedor es una sarta de tópicos de las arrugadas y añejas esencias sevillanas, que de tanto tiempo como están en el famoso tarro ya han caducado y huelen a rancio que tira de espaldas. Por no hablar de esa inefable rima Canoa de bambú/Plátanos del Perú (!) y la inevitable Sevilla/maravilla. Todo ello llevado al límite de la caricatura por la dirección de actores, empeñada en enfangarse en el tópico nacional-folclorismo de la posguerra, y elevada a la potencia del ridículo por mano de un sobreactuado e hiperamanerado Ángel Garó.
Y la música, por más que esté (como es habitual en Sorozábal) muy bien orquestada, enlaza pasodobles con fandangos, sevillanas, garrotines y zorongos, sin llegar a levantar el vuelo lírico más allá de cuatro o cinco minutos, como en la habanera y en la romanza del tenor en el segundo acto. Lo curioso es que con todos estos escasos mimbres se haya trenzado una escenografía muy brillante y un vestuario elegante y colorido.
En su debut en el foso maestrante, la Orquesta Universidad-Conservatorio mostró ser una sólida formación, con gran empaste y brillo tímbrico.y con una estupenda dirección en las manos de un Juan García Rodríguez que sacó oro de donde no lo había y firmó momentos muy espectaculares, como las sevillanas. Estupendo el coro masculino en la habanera.
Contamos con tres voces merecedoras de mejores empeños, empezando por una muy sólida y verdiana Carmen Solís, un impactante José J. Frontal (inmenso en su canto a Sevilla) y un Alejandro Roy de voz poderosa y metal rutilante en la zona superior. En cambio, María J. Suárez tuvo problemas para hacerse audible. Sobraban los números flamencos de relleno y la amplificación.
_________________ Io non sono che un critico (Jago en "Otello")
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