Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 20 Ene 2013 13:31
Mister Foro 2010
Registrado: 14 Jul 2007 10:33 Mensajes: 8710 Ubicación: Madrid
Escuchemos a Alessandro Dolci en un fragmento, magnífico, de Parisina, "Or voi composto m'avereste nella bara".
Or voi composto m'avereste nella bara, poi, legata la cassa in sul giumento, ricondotto laggiù per la via lunga, accompagnato fra le dolci cose di primavera; e io, per mezzo all'assi, per mezzo alla mia coltre, ahimè, non più non più v'avrei veduta con questi occhi! Now you would have laid me on the bier, then, the coffin tied on the beast of burden, led back down there along the long road, accompanied by the sweet things of spring; and I, between the planks, under my pall, alas, no more would I have seen you with these eyes! Sol tal pensiero m'era nel cuore mentre combattevo, e tanto erami forte che sol esso, sol esso e non il ferro, parava alla mia vita ogni colpo mortale. Diamante, gridavano le scorte, Diamante! E tutta in un pensiero adamantina era la vita mia.
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 20 Ene 2013 13:42
Mister Foro 2010
Registrado: 14 Jul 2007 10:33 Mensajes: 8710 Ubicación: Madrid
Lástima, pero hay que respetar su decisión, por supuestísimo.
lordalfred escribió:
Además, extraoficialmente puedo anunciar que se están poniendo las bases para una futura posible representación de PARISINA en Livorno, en diciembre del presente año. Se habla de una edición absolutamente integral.
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 20 Ene 2013 16:24
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
Gerardo Rosvaenge escribió:
Loge, osado, escurridizo, travieso y avieso Loge, Abyecto Mayor del Reino, !
Je, je, tengo adjetivos como para hacer una donación al diccionario. Y eso que Tunner lleva tiempo guardando silencio. Gracias a todos.
¡Caramba con el coro de bailarinas! A mí ya me pareció muy bonito cuando lo oí; por eso lo puse de "gancho" en el primer post. Pero no esperaba semejante entusiasmo, del cual me alegro mucho.
En cambio, lamento más de lo que puedo expresar la renuncia de lordalfred a ilustrarnos y deleitarnos con sus extensos conocimientos sobre "Parisina" y su inigualable amor por Mascagni. En cuanto a ese otro miembro más activo y voluntarioso, al que creo conocer bien, a día de hoy yo no apostaría mucho por él (aunque no hay nada imposible). Ese miembro no sabe ni leer una partitura. Así que imagine con qué ánimo puede ponerse a exponer "Parisina" sabiendo no ya que todos los que lo leen son más ilustrados musicalmente y están más capacitados (que a eso ya se ha acostumbrado), sino que, encima, uno le ha dedicado diez años de estudio y ha escrito una tesis.
Tip: el resto de "Nerone", lo que da cohesión a todos estos fragmentos, es en su mayor parte declamado. No tan melódico. Pero acaba dando un resultado muy meritorio. Si quieres dedicarle una escucha completa, te puedo proporcionar la versión de Utrecht. A ti y a quien lo desee, porque aprovecho para reiterar que estoy a disposición de todos para facilitar la música y/o los libretos que pueda proporcionar. Todo por difundir lo más posible estas arrinconadas óperas.
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 20 Ene 2013 19:33
Div@
Registrado: 30 Oct 2008 19:23 Mensajes: 2500 Ubicación: Burgos.
Me está encantando esta ópera. Bellísimas algunas frases, como "la vita m’innamora, voglio vivere!" o el final de la lamentación de Atte "Vuoi così morire, o Imperatore!". La interpretación me está gustando también (impresionantes esos agudos de Tcholakov al final de la romanza de Nerón "eterne prorompano!") ¿Se imaginan esta ópera cantada por Mario del Monaco y Renata Tebaldi?
_________________ Anche l' idea muor, tu non muori giammai, tu, l' Eterna canzon!
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 21 Ene 2013 8:48
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
Así pues, el personaje elegido por Mascagni como protagonista de su última ópera fue Nerón. Hay quien dice que en homenaje a Mussolini, con quien por entonces estaba en buenas relaciones. Es posible, pero, aunque no hay duda de que Mascagni buscaba la grandiosidad, pienso que había otros Emperadores menos controvertidos en los que reflejarle. Augusto por prestigio, Vespasiano por guerrero, Adriano por inteligente, Trajano por ser la época de máxima expansión... Porque ¿qué Nerón nos presentan Mascagni y Targioni-Tozzetti? ¿Cuál de las muchas facetas de este personaje histórico conserva el personaje operístico? No la de perseguidor de cristianos que hace quemar la ciudad para acusarles de ello; ese Nerón pertenece a Boito. Tampoco la de asesino sediento de sangre (aunque en la ópera Atte hace alguna referencia) que ordena matar, entre otros, a su propia madre, Agripina la Menor, a Lucano o a Séneca; para ver este Nerón podemos acudir a Monteverdi y Malipiero. Por supuesto, menos aún la del Nerón que algunas fuentes antiguas describen centrado en el comercio y la diplomacia y en mejorar la situación económica de los pobres. Este no da juego y no ha encontrado aún compositor que lo avale.
No. El Nerón de Mascagni es el Nerón artista. El que, despreocupándose de las tareas de gobierno, recita versos de Sófocles y Horacio, se abandona a la melancolía, canta al amor y prodiga elogios a Grecia por sus poetas. El que perdona a Nevio y le invita a su casa por el mero hecho de tener una bella voz. El que desea que le adulen y le aplaudan. El que lamenta al morir el gran artista que pierde el mundo.
También es un personaje socarrón. Al principio del Acto II, Menecrate se extraña de que prefiera recibir antes a Babilio que a la doncella griega (“Giorno nefasto è questo!”, dice Menecrate), a lo que Nerón responde: “No me gustan estos oráculos barbudos. Le haré asomar a la terraza y a un gesto mío lo levantas y lo tiras por la barandilla” Menecrate se ríe: “¡Digna es esa broma de ti!”. Poco después ordena encarcelar al astrólogo, y cuando éste se queja el Emperador responde: “Non ti piace restar in casa mia?” Por no hablar de su solución para calmar a las tropas que piden la paga: “Cantaré para ellos. El teatro estará lleno”.
No es un psicópata sin sentimientos. Por momentos, le vemos alegre, disfrutando de la vida, como cuando recorre los barrios populares y va de taberna en taberna. A veces muestra clemencia: al tabernero, que simpatiza con los cristianos, le perdona en cuanto cata el vino. A veces ternura: ahí está su dúo de amor con Egloge. Cuando ella muere, expresa su dolor con sollozos ante todos los invitados.
Georgi Tcholakov y Rosanna Didoné
NERONE (Irato) Ed Atte non è qui.
(A Egloge, con immenso dolore)
Tu soffri, o mio tesoro, sei muta e gelida, ti riscaldo con l’alito... Ancor vo’ che tu danzi la danza cara e dolce dell’amore! Perché taci, bellissima? Non parli? Non senti la mia voce? Oh, dammi ancora il fiore della tua divina bocca! Oh, dammi baci! Odi l’ardente parola... sorridimi... Parlami, Egloge, Egloge mia, vivi... pe’l nostro amore!
EGLOGE (Con tristezza profonda) O mio Nerone, io muoio! La tua piccola rondine ripiega l’ali... Il sole, el caldo sole, ahimè, s’oscura... Più non vedo lo sconfinato cielo... Un profondo silenzio mi circonda. È finito il mio volo. Nerone, ho freddo... Io muoio!
(Cade riversa sul letto)
NERONE (Singhiozzando) Morta! Sei morta. Egloge mia, sei morta!
TUTTI (Atterriti) Morta!
NERONE (Cupamente) Dalla mia casa esule vada ogni gioia.
(Con impeto, strappandosi la corona di fiori e gettandola a terra)
Strappatevi dal capo le corone... Piangete tutti !
NERÓN (Airado) Y Atte no está aquí.
(A Egloge, con inmenso dolor)
Sufres, mi tesoro, estás muda y gélida. Yo te calentaré con mi aliento... ¡Quiero que vuelvas a bailar la danza querida y dulce del amor! ¿Por qué callas, bellísima? ¿No hablas? ¿No oyes mi voz? ¡Oh, dame de nuevo La flor de tu divina boca! ¡Oh, dame besos! ¡Oye la ardiente palabra... Sonríeme... ¡Háblame, Egloge, Egloge mía, vive... por nuestro amor!
EGLOGE (Con tristeza profunda) ¡Oh, mi Nerón, muero! Tu pequeña golondrina pliega las alas... El sol, el cálido sol, ay, se oscurece... Ya no veo el infinito cielo... Un profundo silencio me rodea. Ha terminado mi vuelo. Nerón, tengo frío... Me muero!
NERÓN (Sombríamente) De mi casa queda desterrada toda alegría.
(Impetuoso, quitándose la corona de flores y arrojándola al suelo)
Quitaos las coronas de la cabeza... ¡Llorad todosi !
No sé yo si Mussolini se sentiría muy identificado con ninguno de estos rasgos, pero al menos son positivos. Frente a ellos, el personaje mascagniano presenta sus defectos. En ocasiones es muy desagradable, quizá inconscientemente. Al llegar a la casa de Faonte que el liberto, arriesgando la vida, le ofrece para esconderse, lo primero que dice es: “¡Qué fea es tu casa!”, como si todo el mundo pudiera permitirse una Domus Aurea.
Una casa romana, que, si en vez de estar en Pompeya, estuviera en la Vía Salaria, podría ser la de Faonte
A renglón seguido dice que se muere de sed y cuando le traen agua la tira alegando que sabe a barro. Vamos, que como anfitrión es muy bueno (no todo el mundo regala una copa de oro a sus invitados), pero como huésped deja bastante que desear. Es caprichoso y extravagante. Le parece mal tanto que Atte sonría como que llore...
Pero, sin duda, el rasgo más acusado de su personalidad, y éste sí que estoy seguro de que no le haría ninguna gracia a Mussolini, es la cobardía. Se acobarda al instante cuando Atte, en el acto I, le recuerda que tiene el Imperio hecho una piltrafa y que cualquiera podría matarle. Por cobardía detiene en el último momento la ejecución de Babilio, ya que éste predice que sólo le sobrevivirá una hora. Cobardemente rehúsa tomar el veneno que Atte le ofrece cuando se conoce la sublevación de la ciudad. Y cobardía muestra hasta el último momento, cuando caer en manos de sus enemigos ya es peor opción que la propia muerte, y aun así necesita que Faonte le dirija los brazos para suicidarse.
Así pues, Mascagni no crea un personaje lineal, completamente bueno ni malo, sino que construye un protagonista con muchos matices. Con sus ínfulas artísticas, sus salidas de tono, su humor cambiante y su miedo perenne, lo que nos presenta, en mi opinión, es una mentalidad inmadura, un personaje infantil. Lo que no quita para que, igual que sucede con los niños, todos cuantos están a su alrededor se echen a temblar si agarra uno de sus berrinches. Para algo son los “reyes de la casa” en uno y otro caso.
En ausencia de rivales masculinos para Nerón (todos le adulan o le temen), es uno femenino, Atte, el que se le contrapone. Es realista, pragmática, fiera, honorable y valiente. Ella se da cuenta de cómo está el Imperio e intenta que Nerón reaccione. Cuando se ve ante una rival no duda en eliminarla. Pero, fiel al Emperador hasta el final, tampoco vacila al decirle cómo debería morir, e incluso le da el ejemplo. No he encontrado ninguna figura histórica ligada a Nerón que se llame Atte y que tenga una peripecia vital coincidente con la que narra la ópera. Este nombre debe de corresponder a Claudia Actea, una liberta de origen anatolio que fue esclava de Octavia (Emperatriz y primera esposa de Nerón). Con ayuda de Séneca, y en contra de la opinión de su madre, Nerón la convirtió en amante hasta que llegó Sabina Popea. No obstante, esta Claudia Actea sobrevivió a Nerón y no consta que le diera un hijo, detalles ambos que contradicen la ópera. Con Popea sí que tuvo descendencia, aunque fue una niña que sólo vivió unos días. Pero tampoco parece que Atte sea un trasunto de Popea, ya que ésta, a diferencia del personaje de la ópera, sí llego a casarse con Nerón, pero mal pudo haberle acompañado en sus últimos momentos ya que murió tres años antes que el. Quizá lo que hizo el libretista Giovanni Targioni-Tozzetti fue compendiar en una sola mujer, de nombre parecido a una de sus amantes, virtudes y defectos de todas ellas, añadiendo de su cosecha el elemento trágico de seguir a Nerón hasta su último destino y ofrecerle el ejemplo de su muerte.
Nerón tuvo multitud de amantes, de ambos sexos. Entre ellos podría perfectamente haber habido una Egloge de origen griego. Lo que sí hubo con certeza chez Nerón fueron luchas entre las diversas mujeres que intentaron someterlo a su influencia. Por ejemplo, fue Popea quien convenció a Nerón para matar a su madre. Así que esa batalla dialéctica entre Atte y Egloge del segundo acto, resuelta con un envenenamiento en el tercero, es el reflejo de una realidad.
Varios de los secundarios son personajes históricos. Uno de ellos el astrónomo, cuyo nombre real era Balbilo, a quien Nerón consultó para que interpretase la aparición del cometa que se vio a finales del año 64 durante varias noches seguidas. Pero Balbilo no fue encarcelado por Nerón ni murió una hora antes que él, sino que, distanciado del Emperador, abandonó Roma en el año 66 y volvió a ella en el 70, mientras que Nerón murió en el 68. El liberto Epafrodito llegó a ser secretario de Nerón, le acompañó en su huida y le asistió en su muerte (y fue ejecutado años después por no haberla impedido). Menécrates fue un maestro de Nerón, etc.
También aparecen en la ópera sucesos reales, bien que trastocándolos temporalmente en ocasiones. Así, se sabe que a Nerón le gustaba frecuentar las tabernas de la ciudad. Pero esta costumbre la tuvo en su adolescencia, durante los primeros años de reinado, no al final. Como he dicho anteriormente, el cometa que durante varias noches pudieron ver los romanos de la época de Nerón apareció en el año 60; así que, como vaticinio del levantamiento de Galba y de la muerte del gran artista, que ocurrieron ocho años después, era un poco prematuro. Igualmente cierto es que poco después de la muerte de Julio César apareció un cometa en el cielo. Los romanos creyeron que era el alma del asesinado y lo inmortalizaron en el reverso de una moneda con el retrato de Augusto en honor del gran Julio. ¿Volvió ese cometa a Roma 104 años después? Babilio así lo afirma en la ópera, pero Nerón no se fía: “¿El mismo? ¿Puedes dar fe de que es el mismo?”)
La moneda con el cometa
Tampoco se dejaron en el tintero los autores el detalle de que, efectivamente, el Senado votó en junio del 68 que Galba fuera proclamado Emperador y declaró a Nerón “nemico della patria”. Incluso se menciona en la ópera la Via Salaria, que es la carretera por donde huyó.
Después de todo esto, mi impresión es que el libretista y el compositor hicieron un batiburrillo de personajes y hechos históricos y los combinaron a placer para sus fines dramáticos, de manera que cupieran todos en un espacio temporal de poco más de veinticuatro horas. No creo que tuviera tiempo de conocer a su último amor y perderlo, de andar por tabernas y de celebrar banquetes, aunque indudablemente el último día de la existencia del Emperador debió de ser bastante ajetreado.
Y con estas últimas y personales reflexiones, y habiéndonos codeado durante estos días con semejante artista, es llegada la hora de decir aquello de: La commedia è finita
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 07 Feb 2013 9:10
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
Repasando el magnífico índice de ópera abyecta que puntual y pacientemente sigue actualizando Gerardo, y clasificándolo desde el punto de vista temático, podemos comprobar que hay un pequeño porcentaje de óperas veristas, otro grupo no muy grande de óperas basada en la mitología y las leyendas, y una cantidad ingente de óperas que podríamos denominar históricas, entendido esto último no como una gran fidelidad a los hechos reales ni como mucho rigor histórico, sino como una ambientación en épocas pasadas reconocibles y con un trasfondo en el que al menos los principales hechos fueron, o pudieron ser, reales. Ahí tenemos los dos Nerones, La falce, Germania, I Médici, Roland von Berlin, Il piccolo Marat, Francesca da Rimini, Lo schiavo... La historia es, pues, un caladero de argumentos inagotable para los abyectos, y en esa misma línea las próximas ocho óperas nos van a permitir pasear por mil doscientos años de historia europea. En realidad, si consideramos el “Nerone” mascagniano como punto de partida, la horquilla temporal de nuestro viaje abarca mil setecientos años.
“La nave” consta de un Prólogo y tres “episodios” (lástima que el muy wagneriano Montemezzi no los llamase “jornadas”) Dura aproximadamente dos horas y cuarto, de las que el prólogo se lleva unos cuarenta y cinco minutos y los episodios van decreciendo paulatinamente en duración (36 - 25- 24 minutos)
Prólogo Desde Nerón y sus desventuras damos un salto histórico de algo menos de 500 años y otro geográfico de algo más de 500 kilómetros. Nos ubicamos en Venecia, en el año 552. No lo sé con certeza, pero me jugaría algo a que la fecha no está elegida al azar: ése es el año en que tuvo lugar la batalla de Taginae entre los ejércitos ostrogodo y bizantino. Oficialmente, el Imperio Romano de Occidente había caído en el 476. Para oponerse a los bárbaros que habían entrado en Roma, el Imperio Romano de Oriente, con sede en Constantinopla, había enviado desde los Balcanes a otra banda de guerreros germánicos, los ostrogodos. Estos se establecieron en Italia, inaugurándose con Teodorico cuatro décadas de paz.
Pero en la segunda década del siglo V, el Imperio bizantino decidió recuperar los territorios que había perdido en Italia. Eso significaba, claro, traicionar a sus antiguos aliados (arrianos), a los que hostigó primero indirectamente (apoyando a los belicosos francos, que eran católicos, como los bizantinos) y después a cara descubierta, con varias campañas militares que culminaron con la mencionada batalla.
Taginae supuso la derrota definitiva para los ostrogodos, cuya caballería, lanzada al ataque sin un adecuado apoyo de la infantería, fue encerrada por las fuerzas imperiales al mando del general Narsés (eunuco y setentón, pero lleno de energía) y quedó fuera de combate, decidiéndose con ello el signo de la contienda. Tras esta batalla, el reino ostrogodo fue destruido e Italia entera volvió a formar parte del Imperio Romano. Los lombardos no llegaron hasta catorce años después, y sólo se hicieron con el tercio septentrional de Italia, que no volvería a estar unida hasta el siglo XIX. El Imperio de Oriente conservó la parte meridional y ocupó una franja de tierra que cruzaba el centro de la península desde Roma hasta Venecia. Esta última ciudad, que había nacido precisamente a causa de todas esas idas y venidas de pueblos conquistadores (aunque al principio del cristianismo la laguna ya estuviera poblada por pescadores y cazadores, la verdadera colonización es del siglo V, cuando los habitantes de la tierra firme se trasladaron a las islas para escapar de las invasiones de los hunos y de los lombardos) estuvo varios siglos debiéndole fidelidad al Imperio Bizantino, y beneficiándose de los privilegios comerciales que Constantinopla le concedía a Venecia porque era un punto importante para el comercio entre Oriente y Occidente.
Pues bien, en la ópera nos cuentan la historia exactamente al revés: los derrotados son los bizantinos. En ningún momento se menciona la batalla de Taginae, pero sí que, al subir el telón, vemos una ciudad en construcción (por un lado el muelle, por otro la catedral de San Marcos –“licencia” histórica para incluir aquí ese símbolo de la ciudad, pese a que no se construyó hasta el año 830-) donde son palpables las secuelas y los resabios de una población dividida en dos facciones, a favor y en contra de los bizantinos, representadas respectivamente por dos familias patricias, los Faledro y los Gratico. Los primeros han pagado cruelmente la derrota de los imperiales (tergiversación de la historia, insisto) ya que, además de encontrarse con que ahora hasta sus antiguos partidarios les han vuelto la espalda, el tribuno Orso Faledro y cuatro de sus hijos han sido cegados (el primogénito, Giovanni, está fuera de la ciudad, luchando en el ejército bizantino) A los vástagos, además, les han cortado la lengua.
¿Os parece violento? Pues esto es sólo el aperitivo, la tapita para ir abriendo boca. La violencia y la crueldad, junto con la lujuria y la sensualidad, dominan toda la ópera hasta el punto de poder decir que son los verdaderos protagonistas.
Mientras la joven ciudad de Venecia, que, con numerosas intervenciones corales se constituirá en el telón de fondo de la tragedia, trabaja en los astilleros, en el molino y en la construcción de la catedral, llega desde el interior el canto de los catecúmenos. Se está celebrando una misa por el Obispo de la ciudad, que está a punto de expirar. Aparece en la plaza el depuesto y cegado Orso Faledro. Le acompañan, cubiertos con capuchas, cuatro de sus hijos, cegados también y, además, con la lengua arrancada. En ese preciso momento, dos naves se aproximan a la ciudad desde distintos puntos. La primera en arribar al puerto trae a Basiliola, hija de Orso Faledro. ¿Se viene abajo al descubrir la mutilación que han sufrido su padre y sus hermanos, a los que va quitando la capucha uno a uno? Al contrario. Para asombro y horror de todos, al oir en que en la otra embarcación se está acercando Marco Grático proclama que ella misma le hará los honores, y que junto a cada pata de su trono pondrá a uno de sus hermanos para hacer bien visible la gloria del vencedor.
No hay representaciones escenificadas de “La nave”, pero en 1921 Ida Rubinstein protagonizó una película basada en la misma obra literaria en que se basa la ópera. De esta película, cuya ficha completa tenéis aquí http://www.imdb.es/title/tt0188089/ veremos más fragmentos a lo largo de la exposición. Ahora podemos asistir al dramático momento del reencuentro de Basiliola con su familia. La música de la película, como podréis comprobar, no tiene nada que ver con la de la ópera.
La humillación de Basiliola será sólo aparente porque, en realidad, está preparando una taimada venganza contra los Gratico. Que son dos: Marco, el soldado que vuelve victorioso de la guerra y al cual la población ya ha proclamado tribuno (no Dux, que aún no existía ese cargo), y Sergio, presbítero apodado “el senzapollice” (que significa “sin pulgar”, no vayáis a pensar otra cosa, porque le falta el de la mano derecha), que trae los huesos santos, recuperados de entre las ruinas. No se dice quién es el santo, pero queda claro tácitamente que se trata de San Marcos, aunque sus huesos llegaron en realidad siglos después y de otra manera. Una nueva manipulación de la historia.
Los dos Gratico se presentan ante las puertas de la Catedral portando las reliquias y esperando que salga el Obispo a recibirlas. Pero cuando, tras tres llamadas, se abren las puertas, lo que se muestra a la vista de todos es el cuerpo rígido del dignatario, portado por acólitos. El Obispo está más muerto que San Pedro, pero la multitud congregada en la plaza, que lo ve desde lejos y envuelto en una nube de incienso, no está segura de que haya fallecido aún. Y para esa multitud montan una pantomima los que se hallan más próximos al cuerpo. Como si estuviera aún vivo, Marco Grático le pide que designe un sucesor. Un exorcista, se supone que adecuadamente remunerado, acerca su oído al cadáver y cuando se incorpora proclama: “¡Sergio! ¡Ha dicho Sergio y ha muerto!” El pueblo proclama a Sergio nuevo Obispo, y a Marco nuevo Tribuno y Almirante, con lo que, de un solo golpe, los dos Grático se adueñan del poder civil, del militar y del religioso.
Entusiasmado, inflamado por su nuevo tribuno, lleno de ardor patriótico, “extasiado con el presentimiento de su nueva grandeza” dice el libreto, el pueblo grita la que va a ser su proclama: “¡Arma la proa y zarpa! ¡Conquista el mundo!”. Basiliola sale de entre el gentío y se presenta ante Marco, dispuesta a seducirle como primer paso de su planeada venganza. Le muestra el trono “adornado” con sus hermanos mutilados y, blandiendo una espada y una antorcha, baila ante el nuevo tribuno la danza de la victoria. Y con el espectacular toque de la buccina concluye el prólogo. Veamos ese momento de exaltación:
IL POPOLO Il Mondo! Arma la Nave grande! Il Mondo! Tu solo puoi, tu solo. Chiedi! Chiedi! Comanda! Arma la prora e salpa! Principe del Mare! Sii tribuno e navarco! Gloria! Gloria! Gloria!
La compagnia dei timonieri solleva a spalle il Gràtico seduto su la faccia piana del timone, e lo porta verso il seggio tribunizio. Subitamente la Faledra irrompe dall’antiportico, quando il Tribuno eletto sta per essere insediato.
BASILIOLA Cessate il grido, o uomini, cessate il grido! Odimi, Principe del Mare. Incompiuto sarebbe il tuo trionfo, per certo, se non fosse celebrato dalla mia voce. Mi conosci? Io sono dei Faledri d’Aquileia, la figlia d’Orso, dell’Antecessore. E danzerò la danza di vittoria, o Gràtico, per te.
IL POPOLO Danza, o figlia d’Orso! Danza!
BASILIOLA La figlia d’Orso t’adornò con arte regale il seggio. E gli occhi tuoi, velati dall’ebrezza, non videro! Non vedi tu, là nell’ombra? Quattro dei Faledri sono; e tu li conosci. Io li offro al tuo trionfo. E me che son bella, offro al vincitor. Còrdula, Sima, datemi il mio pettine d’oro e la zona tutta di bisanti.
Ella s’adorna, versa il profumo sopra un vaso di brace; ed è avvolta dalla nuvola aulente.
Còrdula, stendi il drappo a piè del seggio ch’io danzi su la porpora. E tu, Sima, cerca nel fondo dell’arcella. Sotto le belle vesti v’`e una bella spade. Eccola. È questa. E datemi una fiaccola! Con la spade e la fiaccola si danza la danza di vittoria.
IL POPOLO Gloria a Marco Gràtico tribuno eletto! Al tribuno sia Gloria! Cristo regna!
BASILIOLA Su, soffiate nelle bùccine! Urlate, urlate forte, uomini. Danzerò sino alla morte!
IL POPOLO Dio la dissenna! Alla fossa, alla fossa! Alla fossa i Faledri!
BASILIOLA Urlate forte o uomini!
IL POPOLO Gloria al Principe del Mare!
EL PUEBLO ¡El mundo! ¡Arma la gran nave! ¡El mundo! Sólo tú puedes. ¡Ordena! ¡Ordena! ¡Manda! ¡Arma la proa y zarpa! ¡Príncipe del Mar! ¡Sé tribuno y almirante! ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria!
La compañía de los timoneles levanta sobre los hombros a Gràtico, sentado en la parte plana del timón, y lo lleva hasta el asiento de tribuno. Cuando está a punto de sentarse, aparece la Faledra en el antepórtico.
BASILIOLA ¡Basta de gritos, hombres! ¡Basta de gritos! ¡Oyeme, Príncipe del Mar! Ciertamente, tu triunfo no sería completo si no lo celebrase yo. ¿Me reconoces? Soy de los Faledros de Aquileia, la hija de Orso, tu predecesor. Y bailaré para ti, oh, Gratico, la danza de la victoria.
EL PUEBLO ¡Baila, oh hija de Orso! ¡Baila!
BASILIOLA La hija de Orso te ha adornado el trono con arte real. ¡Y tus ojos, velados por la ebriedad, no lo han visto! ¿No lo ves, allá entre las sombras? Son cuatro Faledros; y los conoces. Yo los ofrezco a tu triunfo. Y yo, que soy hermosa, me ofrezco al vencedor. Cordula, Sima, dadme mi peine de oro y el cinturón de brillantes.
Se adorna, vierte perfume en un vaso con brasas y se deja envolver por la fragancia.
Cordula, extiende la tela ante el trono para que baile sobre la púrpura. Y tú, Sima, busca en el fondo mi arqueta. Bajo los vestidos hay una bella espada. Hela aquí. Esta es. ¡Y dadme una antorcha! La danza de la victoria se baila con la espada y la antorcha.
EL PUEBLO ¡Gloria a Marco Gràtico, el tribuno electo! ¡Toda la gloria al tribuno! ¡Cristo reina!
BASILIOLA ¡Vamos, tocad las bocinas! ¡Soplad, soplad con fuerza, hombres! ¡Danzaré hasta la muerte!
EL PUEBLO ¡Dios la ha vuelto loca! ¡A la fosa, a la fosa! ¡A la fosa los Faledros!
BASILIOLA ¡Soplad con fuerza, hombres!
EL PUEBLO ¡Gloria al Príncipe del Mar!
Última edición por Loge el 27 Feb 2013 17:58, editado 3 veces en total
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 07 Feb 2013 14:53
Div@
Registrado: 30 Oct 2008 19:23 Mensajes: 2500 Ubicación: Burgos.
Muy sugerentes la música y el argumento. Curiosamente, la BSO de la película es de otro compositor injustamente olvidado: Ildebrando Pizzetti. Enhorabuena por la exposición.
_________________ Anche l' idea muor, tu non muori giammai, tu, l' Eterna canzon!
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 08 Feb 2013 9:03
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Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
Gracias, Chino Cudeiro. Precisamente hoy tenemos una breve referencia a Pizzetti.
Ayer dejé caer que “La nave” está basada en un drama, una obra literaria. Pero no dije el nombre de su autor. No hará falta, sin embargo, contratar a nuestro amigo Sherlock Holmes para que averigüe la identidad de quien está detrás de esta extraordinaria historia, ya que nosotros mismos podremos deducirlo simplemente recapitulando las pistas de que disponemos. Por un lado, sabemos que “La nave” contiene sangre, violencia, sexo y voluptuosidad bastantes para dejar a Tarantino como un aprendiz. Por otro, vemos que se recurre a argucias históricas y se manipulan los hechos del pasado para insuflar ardor patriótico a una población italiana, a la que se conmina a armar la nave y partir a la conquista (esto ha ocurrido al término del prólogo y se repetirá en la última escena de la ópera). Añadamos que este ímpetu conquistador surge al norte del Mar Adriático, muy cerca de las ciudades de Trieste y... Fiume. Una pista adicional es la ficha de la película de 1921, donde quien haya pinchado en el enlace habrá podido leer que uno de los directores es Gabriellino D’Annunzio. Y sobre todo, lo que no deja lugar a dudas es leer el libreto. Veamos tan sólo la primera frase:
“Appare il publico Arengo, il cuore operoso della città novella che il popolo libero dei Pròfughi –sfuggitto al ferro e al fuoco dei Barbari, francato dalle leggi della patria illustre—costruisce su le velme, su le tumbe e su le barene col legname delle foreste e col pietrame delle ruine.”
Blanco y en botella. Este estilo épico y florido al mismo tiempo, personal e intransferible, sólo puede pertenecer a Gabriel D’Annunzio. En efecto: éste es nuestro hombre. D’Annunzio había estrenado “La nave” el 11 de enero de 1908 con un clamoroso éxito y, si recordáis de cuando la exposición de “Fedra”, ya había recibido una música incidental por parte de Pizzetti. Aunque el compositor parmesano se limitó a musicar los coros, no la obra entera, tal como pedía el anuncio publicado por D’Annunzio. Aquí podemos escuchar algo del trabajo de Pizzetti, el coro “Ave Maris Stella”, que es lo que cantan los catecúmenos en el primer acto:
Fue Italo Montemezzi quien compuso la ópera completa sobre “La nave”. En 1913, Montemezzi se había hecho mundialmente famoso con "L'amore dei tre re" que nos presentó en este hilo Carl Tunner, y, al estilo James Cameron, se consideraba el rey del mundo y capaz de cualquier cosa. En 1914 dirigió su atención hacia la tragedia de D’Annunzio “La nave”. En sus memorias, Montemezzi confesó que dudó mucho entre lanzarse a ese proyecto o no. El estallido de la I Guerra Mundial acabó por decidirle. El mensaje principal de la obra es nacionalista, una llamada a Italia para cumplir con su destino histórico, reflejado en el grito de Marco Grático y de los venecianos: “¡Arma la proa y navega contra el mundo! ¡Haz de todos los océanos nuestro mar!”. El destino histórico en cuestión recibió el nombre de “Idea Adriática”, y consistía en “redimir” las provincias de Trento y Trieste y convertir el Adriático en un lago italiano.
D’Annunzio dio permiso para utilizar su obra, pero poco más. Montemezzi no le interesaba lo más mínimo. Tal y como podemos leer en la interesante conferencia de Gianandrea Gavazzeni “Grabiele D’Annunzio e i musicisti”, el escritor mostró una total indiferencia hacia el compositor. Ni asistió al estreno en La Scala, ni a ninguna de las representaciones de 1923 en Verona, por más que Montemezzi le rogó una y otra vez que hiciera acto de presencia aunque sólo fuese una noche. El dramaturgo no se dignó ni a responderle. Este es el enlace al texto de la conferencia: http://www.filarmonicacapitanio.it/arti ... N16P14.htm Por supuesto, D’Annunzio no condescendió a adaptar su drama para Montemezzi, así que fue Tito Ricordi quien realizó los cortes y adaptaciones necesarias para obtener un libreto. La composición empezó el 25 de abril de 1915 y estuvo terminada hacia mediados de 1918, produciéndose el estreno en La Scala el 3 de noviembre de ese mismo año con los siguientes intérpretes: Elena Rakowska (soprano, Basiliola), Edward Johnson (tenor, Marco Gratico), Francesco Cigada (barítono, Sergio Gratico), Giulio Cirino (bajo, Orso Faledro), Oreste Carozzi (bajo, el monje Traba) y un largo elenco masculino (sólo hay un rol femenino más y es una voz celestial que canta una frase en el Prólogo), dirigidos por Tullio Serafin.
Montemezzi cosechó un gran éxito, pero éste probablemente se debió al ambiente de exaltación nacionalista tanto o más que a la propia música. Por si faltaba algo, cuando estaba a punto de empezar el segundo episodio Ricordi subió al escenario con un telegrama en la mano y anunció a la audiencia que las tropas italianas habían tomado Trieste esa misma mañana, y Trento por la tarde, lo que daba por acabada la Primera Guerra Mundial. Es fácil suponer la euforia con la que terminó la velada.
Primer episodio: El escenario se divide en dos niveles: en el inferior, un contingente de prisioneros se hacinan dentro de la llamada Fosa de los Ladrones; en el superior, una compañía de soldados les vigilan. A un lado, una loggia de columnas romanas y arquitrabes. Al fondo, la casa de madera de Marco Grático. Aparece Basiliola entre las columnas, y los prisioneros, al verla, le piden que les mate; así de desesperados están. Ella no les hace caso al principio, pero desde abajo empiezan a llegar provocaciones y palabras no muy finas que le recuerdan que mientras su hermano mayor aún está combatiendo, ella se acuesta con el nuevo Tribuno. Aun así, aprieta los dientes y resiste. Pero cuando uno de ellos proclama haber sujetado a uno de sus hermanos mientras lo mutilaban, Basiliola coge un arco y da comienzo una de la escenas más brutales que yo recuerde en la historia de la ópera; al menos, de las encomendadas a una soprano. Basiliola agarra un arco y empieza a asaetear uno a uno a los prisioneros. Momentos después, la fosa es una gran tumba llena de cadáveres.
Llega ahora un monje, Traba, que ha presenciado el final de la escabechina y le lanza a Basiliola una de esas tremendas admoniciones que lanzan los monjes, sobre todo los de ópera. Con sus imprecaciones despierta a Marco Gratico, que sale de la casa somnoliento y abotargado. Pero se despabila enseguida, en cuanto el fraile empieza a recriminarle en plan “Qué bajo has caído”, “Te has vendido por una mujer”, “Arrójala a la fosa”... Ante tales sugerencias, Basiliola deja caer la parte superior de la túnica y deja al aire un espectáculo bamboleante que hace que Marco empiece a marearse de nuevo. A continuación, ella se suelta el cinturón... El monje no puede competir con eso, pero aún saca la artillería: acusa a la meretriz de haber seducido también a Sergio, el nuevo Obispo. O sea, que juega con los dos hermanos. Ella apunta a Traba con el arco, pero Marco se lo arrebata y lo rompe. Ordena al monje que se esfume y se queda a solas con la tentación.
Basiliola sabe que ya lo tiene a su merced y le pide que la cubra con su clámide. Dúo de amor-odio, de lujuria soterrada, de tensión sexual no resuelta.
BASILIOLA O dèspoto, vuoi darmi la tua clàmide perché mi copra? Sono troppo nuda.
Ella appoggia la nuca al porfido, e di sotto le lunghe fenditure delle pàlpebre abbassate lascia fluire il suo sguardo lento che dissolve ogni coraggio ostile. L’uomo le è già presso, e le parla a viso a viso.
MARCO GRÀTICO No, non tentare di fiaccarmi ancóra. Non parlar più, non respirare più. È vano. Sono sazio di vederti vivere.
BASILIOLA Come pallido sei, dèspoto!
MARCO GRÀTICO Sazio dei giorni che non hanno più alba né vespro né preghiere, ma sono pieni di te come d’un fuoco sempre in travaglio.
BASILIOLA Come ti fai presso, più presso! Bada: mi respiri quasi nelle labbra.
MARCO GRÀTICO Ah, squassare su le tue labbra la vita tua, e non tògliertela ma soffocarla senza che si spenga!
BASILIOLA Hai posto le tue mani dentro i miei capelli.
MARCO GRÀTICO E ben sai che le mie mani sanno uccidere!
BASILIOLA Oh, déspota, ¿quieres darme tu clámide para cubrirme? Estoy medio desnuda.
Ella apoya la nuca en el pórfido, y de debajo de sus largo párpados bajados deja fluir una mirada lenta que disuelve toda hostilidad. El hombre ya está junto a ella, y le habla cara a cara.
MARCO GRÀTICO No, no intentes debilitarme otra vez. No digas nada, ni respires. Es en vano. Estoy harto de verte vivir.
BASILIOLA ¡Qué pálido estás, déspota!
MARCO GRÀTICO Harto de los días sin amanecer, ni crepúsculo ni plegarias,. Estoy lleno de ti como un fuego siempre ardiente.
BASILIOLA ¡Qué cerca estás, más cerca! Escucha: estás casi respirando en mis labios.
MARCO GRÀTICO ¡Ah, arrojar la vida en tus labios, y no quitártela, sino sofocarla sin que se apague!
BASILIOLA Me estás tocando el pelo con las manos.
MARCO GRÀTICO ¡Y sabes bien que mis manos saben matar!
Manejándolo a placer, Basiliola le provoca, le incita a partir hacia Oriente y proclamarse Emperador (todo indica que se refiere a Constantinopla, aunque al final Marco acabará dirigiéndose a Egipto) Pero al mismo tiempo lo humilla: le hace arrodillarse ante ella para recoger el cinturón, y cuando se lo da, ella lo abrocha y se lo pone en la cabeza: “Ahí tienes tu corona”. Ya ha seducido a los dos hermanos. Para culminar su venganza, sólo le falta hacer que se enfrenten a muerte.
BASILIOLA Ricòrdati del grido: “Arma la prora e salpa verso il Mondo.”
MARCO GRÀTICO Signore, Signore esaudi me!
Ora la tentatrice gli sta presso l’òmero; gli soffia nel collo taurino la melodia ingannevole, con l’alito gli fuga dal cuore l’ultima ombra del Cristo.
BASILIOLA Alla porta dei mari caldi, làggiù, dove il Sole è ancóra un dio che ride, sopr’altri sette monti un’altra Roma splende; e un bòsforo curvo innanzi a lei rigurgita qual corno di dovizia, mai esausta, immensa preda! È quivi il luogo della tua forza.
Con la sua melodia ella esalta il sogno celato nel cuore avventuroso del navigatore adriatico, e lo volge verso l’Oriente.
MARCO GRÀTICO O Cristo, alza la tua mano, riscuoti l’anima mia folle!
BASILIOLA Vuoi cangiare l’elmetto dalle pinne di delfino in corona imperiale?
Egli cessa d’invocare l’ausilio divino; e si volge alla perfida offerta con tutta la sua avidità di predatore, inteso omai l’anima a quell’unica voce.
MARCO GRÀTICO O dèmone, e perché, perché mi turbi se non puoi darmi quel che m’offri?
BASILIOLA Tutto è da prendere; tutto è da rapiere.
MARCO GRÀTICO Tu credi che la sorte mi potrebbe all’improvviso….
BASILIOLA Arma la nave grande; e salpa verso l’emula di Roma. L’aquila d’Aquileia su la prua avrai per segno e per vedetta.
Impetuoso egli la prende tra le sue braccia, rotto ogni ritegno: e la serra, e la scrolla.
MARCO GRÀTICO O dèmone, la vista del Signore s’è distolta da me: sono finite le preghiere… M’ami tu? M’odii tu? Ma il tuo bacio sia d’amore o sia d’odio, vale il Mondo.
Lungamente egli beve l’oblio dalla bocca dell’avversaria.
BASILIOLA Ecco; io son viva! Dammi la tua clàmide. Son troppo nuda.
Il Tribuno si toglie la clàmide rossa e ne avvolge la donna. Così ammantata di porpora, ella sembra sorridere in sé stessa alla sua vittoria. Parla con ambigua lusinga; e le balena il dileggio nel ciglio crudele.
O dèspoto, raccoglimi la cintura e la tunica.
Il Tribuno cerca con lo sguardo le spoglie feminee che brillano sul suolo; ma esita, prima di umiliarsi.
Su, cùrvati. Non avere onta.
Egli muove un passo verso la cintura distesa, mentre ella lo segue con l’irrisione càuta degli occhi obliqui. Quando l’umiliato si curva, il volto di lei non veduto s’illumina tutto di scherno vittorioso.
Vedi? È tanto breve che, se la chiudi, hai già la tua corona.
BASILIOLA Recuerda el grito: “¡Arma la proa y zarpa hacia el Mundo.”
MARCO GRÀTICO ¡Señor, señor, escúchame!
Ahora la tentadora está junto a su hombro; le sopla en el robusto cuello la melodía falaz, con el hálito expulsa del corazón la última sombra de Cristo.
BASILIOLA A la puerta de los mares cálidos, allí, donde el Sol es aún un dios sonriente, sobre otras siete colinas, otra Roma resplandece; ¡y el estrecho curvo que hay antes regurgita cual cuerno de la abundancia, nunca exhausta, un immenso botín! Allí está tu fuerza.
Con su canción, ella exalta el sueño oculto en el corazón aventurero del navegante adriático y lo vuelve hacia el Este.
MARCO GRÀTICO ¡Oh, Cristo! ¡Alza tu mano y redime mi alma loca!
BASILIOLA ¿Quieres cambiar el yelmo de aletas de delfín por una corona imperial?
El deja de invocar el auxilio divino y se gira hacia la pérfida oferta con avidez de depredador. Su alma ahora sólo escucha una voz.
MARCO GRÀTICO ¡Oh, demonio! ¿Por qué, por qué me turbas si no puedes darme lo que me ofreces?
BASILIOLA Todo puede tomarse. Todo puede robarse.
MARCO GRÀTICO Tú crees que la suerte me podría, de pronto…
BASILIOLA Arma la gran nave y zarpa hacia la émula de roma. El águila de Aquileia tendrás sobre la proa como símbolo y como vigía.
El la toma impetuosamente entre los brazos, roto todo recato; la abraza, la sacude.
MARCO GRÀTICO ¡Oh, demonio! ¡La vista del Señor se ha alejado de mí! Se acabaron las plegarias. ¿Me amas? ¿Me odias? ¡Tanto sea de amor como de odio, tu beso vale el mundo!
El bebe largamente el olvido de la boca de su adversaria.
BASILIOLA ¡Y bien! ¡Estoy viva! Dame tu clámide. Estoy medio desnuda.
El tribuno se quita la clámide rosa y envuelve con ella a la mujer. Así cubierta de púrpura, parece sonreir para sí por su victoria. Habla con ambigua lisonja, y le relampaguea la burla en las crueles pestañas.
Oh, déspota, recoge mi cinturón y mi túnica.
El tribuno busca con la mirada los objetos femeninos que brillan en el suelo, pero duda antes de humillarse.
Vamos, inclínate. No te dé vergüenza.
El da un paso hacia el cinturón mientras ella le sigue con la burla cauta de los ojos oblicuos. Cuando el humillado se inclina, el rostro de ella, que él no ve, se ilumina de victorioso desdén.
¿Lo ves? Es tan pequeño que, si lo abrochas, ya tienes tu corona.
Podemos ver entero este “Primer Episodio”, muy bien condensado, en la película de Ida Rubinstein y Gabriellino D’Annunzio.
Última edición por Loge el 27 Feb 2013 18:01, editado 1 vez en total
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 09 Feb 2013 8:30
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Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
En 1919, un año después del estreno, dos barcos partieron de Italia llevando a los dos principales autores de “La Nave”. Uno se dirigía al Este, y a bordo iba D’Annunzio, indignado por los términos del Tratado de Rapallo, a la conquista de Fiume (actual Rjeka). Y tuvo éxito: conquistó la ciudad, fundó el Estado Libre de Fiume, se proclamó Duce y allí aguantó hasta diciembre de 1920, cuando la armada italiana bombardeó la ciudad. El otro había puesto proa al Oeste, y llevaba a Montemezzi, dispuesto a su vez a conquistar al público norteamericano, pues la que él consideraba su mejor ópera se iba a estrenar en Chicago. A diferencia del dramaturgo, Montemezzi no tuvo éxito. O por lo menos, su éxito fue muy discreto.
Y ello a pesar de este reparto: Rosa Raisa (Basiliola), Alessandro Dolci (Marco Gratico), Giacomo Rimini (Sergio Gratico), Vittorio Arimondi (Orso Faledro), William Rogerson (Il Maestro dell Acque), y el propio Montemezzi llevando la batuta. Aquí tenemos a los tres primeros, ensayando con el autor-director:
A los americanos que el 18 de noviembre de 1919 presenciaron la primera representación fuera de Europa, el ultranacionalismo de “La Nave” no les decía nada. Una obra concebida en términos tan simbólicos y míticos, y tan claramente dirigida al público italiano difícilmente podía conquistar a otras audiencias. Se habían rendido a las historias de amor medievales de “L’amore dei tre re”, pero en esta salvaje mezcla de venganza, lujuria y patriotismo no vieron otra cosa que un sueño megalomaniaco, especialmente patente en el decorado requerido para el último episodio: una enorme nave presidiendo el escenario. La verdad es que entre fastuosos y coloristas decorados, vestuario, amplitud de la orquesta, enormidad del coro, ballet, etc, etc, esta ópera tiene unas proporciones meyerbeerianas. Según podemos leer en el capítulo XX del libro “Forty years of opera in Chicago”, “La nave” carecía de lo que había hecho triunfar a “L’Amore dei tre re”: un argumento tan conmovedor que hacía olvidar el simbolismo, y una música compuesta con pasión. “Miss Raisa, con la voz en el alma y el alma en la voz, se llevó la mayor parte de los aplausos al poner más corazón en la representación del que Montemezzi había puesto en la partitura.” Demoledor. En Chicago tuvo dos representaciones, que se saldaron con algo un poco más cercano al fracaso que al éxito.
El siguiente intento se realizó en Verona, ciudad natal de Montemezzi, en 1923. No debió de ser un triunfo, porque “La nave” desapareció del repertorio. En la década de los 30, Montemezzi bombardeó a Mussolini con cartas rogándole un revival de la ópera en Roma. El quería que se representase en 1932, para conmemorar el décimo aniversario de la marcha fascista sobre la capital italiana, pero no hubo suerte. Volvió a intentarlo en la primavera de 1935, cuando la guerra parecía inminente, con estas palabras: “¿Qué ópera sería más adecuada para un gran teatro italiano en este momento que “La Nave”? El pueblo de “La Nave” resuena como un pueblo italiano. La ópera, escrita en un momento de pasión, en el gran momento de la guerra, como propaganda adriática, sirve perfectamente hoy en día como propaganda de la italianidad”. (“The Autumm of Italian Opera”) No se cortaba, Montemezzi. Dado el enorme coste de la producción, los gobernantes le fueron dando largas, pero al final acabaron por ceder ante aquel veronés tan pesado. El 14 de diciembre de 1938, Cina Cigna, Pablo Civil, Mario Basiola, Filippo Romito y Agusto Beuf encabezaron el cast, en el que también figuraban, en papeles menores, Tito Gobbi (Simon d’Armario) y Giuseppe Tadei (Lucio Polo). Dirigió Tulio Serafin. Acogida respetuosamente pero sin entusiasmo, la tercera función fue la última representación de “La Nave” hasta nuestros días.
En general, en las tres ocasiones en que se presentó en Italia la música se consideró demasiado germánica y poco melódica. La orquestación recordaba demasiado a Wagner, y a Strauss, incluso a Debussy algo de Massenet. En cuanto a las voces, los dos principales roles requieren una resistencia impresionante para, en definitiva, apenas tener melodía (el lirismo está confiado a la orquesta) y pasarse las dos horas y cuarto declamando. Esto no podía resultar atractivo para los italianos. El principal avance técnico de “La Nave” es la completa asimilación del coro en la estructura de la ópera. El coro, representa a los primeros venecianos (remeros, prisioneros, clero, ciudadanos) e interviene constantemente en el desarrollo de la historia, conformando los acontecimientos.
Segundo episodio Atrio de la Catedral. Una mesa circular dispuesta para un banquete que, a pesar del marco sagrado en que se desarrolla, tiene un carácter orgiástico. El obispo Sergio, oficiando de anfitrión, se sienta junto a Basiliola. Los comensales, algo achispados ya, exigen que la Faledra les baile algo. Esta accede de buen grado, y junto con siete bailarinas interpreta una voluptuosa danza que recuerda a Salomé, personaje con quien se le suele comparar, y que pone como una antorcha al eclesiástico. Sergio y sus amigotes jalean a la hermosa bailarina y la cosa llega a un punto en que empieza a descontrolarse. En el exterior del atrio, el pueblo se da cuenta de lo que sucede y clama contra semejante impiedad y contra el Obispo que la consiente (en realidad la auspicia) Tenemos las imágenes de la orgía:
Y tenemos el texto:
I CONVIVI DELL’AGAPE O Diona! Danza! Danza! Molt’anni alla Faledra! Gloria a te, Faledra!
Sorge in piedi la Faledra, subitamente; e l’impeto del suo sorgere, il gesto del suo braccio nudo, lo scintillìo delle gemme che sul suo petto imitano le scaglie della murena, i due grappoli di perle che dalle tempie le pèndono fino agli angoli della bocca, lo splendore dei suoi denti accresciuto dal minio delle labra, il battito dei suoi cigli allungati dall’antimonio, laruinosa forza dell’anima segreta, l’incredibile audacia, tutte le linee, tutti i moti e tutti i misteri della seduttrice tùrbano la moltitudine che figge in lei l’amore e l’odio, l’orrore e la brama, il dispregio e la maraviglia. La voce è più potente e combattente d’ogni squillo.
BASILIOLA Uomini, vi sovvenga d’una danza ch’io non danzai!
I CONVIVI DELL’AGAPE Danza! Danza!
BASILIOLA Quella vi danzerò, finché non s’oda stridere la folgore dal piè d’oro, dall’ali senza penne.
I CONVIVI DELL’AGAPE Sia gloria a te, aquila d’Aquileia! Danza, danza!
BASILIOLA Che le sette sorelle cinte d’oro versino dalle pissidi d’avorio tutti gli aromi sopra l’ara.
Le sette danzatrici altocinte si avanzano successivamente fino all’ara, versano l’aroma, depongono il vòto avorio; e movendosi in numero si ritraggono. Intorno agli alti candelabra ardenti, come intorno ai tronchi le driadi dei Gentili, avvolgono la mollezza del bisso e delle membra, ora implicando le mani, ora inseguendosi disciolte.
I CONVIVI DELL’AGAPE Sei l’aurora! Aquila d’Aquileia luce a te!
LOS INVITADOS AL ÁGAPE ¡Oh, Diona! ¡Baila! ¡Baila! ¡Como hacías hace muchos años! ¡Gloria a ti, Faledra!
La Faledra se pone en pie súbitamente, y el ímpetu de su salto, el gesto de su brazo desnudo, el fulgor de las gemas que sobre su pecho imitan las escamas de una morena, los dos racimos de perlas que le cuelgan de las sienes hasta las comisuras de la boca, el esplendor de sus dientes aumentado por el rojo de los labios, el batir de sus pestañas alargadas por el antimonio, la ruinosa fuerza de su alma secreta, la increible audacia, todas las líneas, todos los movimientos y todos los misterios de la seductora turban a la multitud, que ve en ella el amor y el odio, el horror y la nostalgia, el desprecio y la maravilla. Su voz es más potente y combativa que ninguna trompeta.
BASILIOLA ¡Hombres, recuerdo una danza que no he bailado nunca!
LOS INVITADOS AL ÁGAPE ¡Baile! ¡Baila!
BASILIOLA La bailaré, hasta que no oigáis chocar el fulgor de mis pies de oro, de mis alas sin plumas.
LOS INVITADOS AL ÁGAPE ¡Gloria a ti, águila de Aquileia! ¡Baila, baila!
BASILIOLA Que las siete hermanas ceñidas de oro vierta en el altar todas las fragancias de sus arquetas de marfil.
Las siete bailarinas avanzan una a una hasta el altar, vierten el aroma, depositan sus presentes de marfil, y moviéndose juntas, se retiran. Giran en torno a los altos candelabros luminosos, como dríadas paganas en torno a los troncos, envolviéndolos con la suavidad del pelo y de los miembros, bien utilizando las manos, bien persiguiéndose unas a otras.
LOS INVITADOS AL ÁGAPE ¡Eres la aurora! ¡Aguila de Aquileia, luz a ti!
Llega Marco con sus soldados. Los hermanos Gratico intercambian provocaciones e insultos y en un santiamén se encuentran luchando a muerte. Como en las mejores producciones abyectas: pelea a navajazos (bueno, con espadas), y encima entre hermanos. Basiliola toma partido por el Obispo: le da su espada de doble filo y, además, en un momento de la lucha, intenta entorpecer a Marco echándole su clámide por encima. Pero el tribuno se zafa de la prenda y acaba rebanándole el cuello a su hermano entre los aplausos del gentío.
MARCO GRÀTICO Questo calice, o Vescovo dell’orgia, lordo della tua sete e della tua perfidia, ecco, io lo spezzo su la pietra.
Scaglia il calice a terra. L’odio fraterno scoppia con la furia della demenza.
IL VESCOVO SERGIO Che vuol costui dal Vescovo? Che vuole? Ch’io tremi innanzi a lui? Fu rempiuto di midolla egli solo?
Il fratello si avanza verso la tavola dell’Agape e si pianta di fronte al fratello.
MARCO GRÀTICO Tu deliri per lo spavento. E non alzai la mano sopra te.
IL VESCOVO SERGIO Se tu l’alzi, se venuto sei per combattere, io combatterò!
MARCO GRÀTICO Hai dinanzi la spada della femmina. Bada che non si torca.
BASILIOLA Non si torce.
IL VESCOVO SERGIO La prendo.
Egli pone la mano manca su l’impugnatura.
MARCO GRÀTICO Tu barcolli. Non lasciare la mensa.
IL VESCOVO SERGIO Vuoi combattere?
MARCO GRÀTICO Ti voglio giudicare.
IL VESCOVO SERGIO Non hai potere alcuno nel tempio. Ed io t’escludo dalla soglia sacra.
Il Tribuno si volge agli arcatori di Castràsia, che portano su la spalla il lungo arco di avellano.
MARCO GRÀTICO Simone Floca, prendi il Vescovo spergiuro e custodiscilo.
La bocca possente del Mancino s’empie di scherno come di strazio e di giubilo.
IL VESCOVO SERGIO O Faledra, ch’io oda le tue risa! Che le tue risa coòscino, salgano alle stelle! Ah! Ah! La spada della femmina gli fa paura. Ecco il Maestro delle Navi, ecco l’invitto! Ecco la forza dell’Isole!
BASILIOLA Non è falsata, o dèspoto, la spada della femmina; non è falsata. È ferro ed oro. Sarà tua se la togli al Mancino che l’impugna.
IL POPOLO Sgombrate il campo! Fateli combattere!
BASILIOLA Uomini dell’Isole, uditemi: il Vescovo Sergio accusato di misfatto, vuole nel cospetto del popolo rimettersi al giudicio divino.
IL POPOLO Sia concesso! Il giudicio sia fatto! Questo vuole Iddio! Questo vogliamo! Giudichi il Signore! Manda la Croce e l’Evangelio!
Il Navarco trae senza fretta la grande coltella marina e si pone in mezzo allo spazio sgombro.
MARCO GRÀTICO Questo vuole il Signore? Questo vuole il Popolo? Io sono pronto al giudicio!
Freneticamente s’affretta alla prova il Senzapòllice.
IL VESCOVO SERGIO O miei diaconi, spogliatemi del pallio. Io rendo il pallio al Vescovo di tutti, che mi giudica. Spogliatemi, o diaconi, spogliatemi d’ogni altra sacra insegna.
I diaconi svestono l’Eresiarca. Egli rimane col saio che aveva sotto, di color bruno, e con la corazzina cinghiata su quello. Le braccia nude appaiono aspre di vene e di muscoli.
LE DONNE DEL POPOLO Cristo regna! Sia lodato il Signor!
BASILIOLA O uomini dell’Isole, invocate l’Iddio vindicator con un grido solo e serrate il cerchio!
IL POPOLO Il Signore giudichi tra i due Gràtici!
BASILIOLA Essi combattono…
IL VESCOVO Siam pari. Eccomi pronto.
I due Gràtici sono l’uno di fronte all’altro; e prima di venire al ferro, si guatano ardentemente. La Faledra si toglie dall’òmero la clàmide, e si fa più da presso ai due.
BASILIOLA La figlia d’Orso ti saluta, o despoto! La tua coltella ha un solo taglio. O Sergio, la tua spada l’ha doppio. E chi darà il segno se non io? Scuoto la clàmide.
Ella agita la clàmide di porpora. Subitamente il Vescovo si scaglia sul Navarco. Tanto veloce è l’impeto e insòlito il giuoco del Mancino, che l’assalito indietreggia. La donna segue da presso la vicenda dei colpi, così da presso che quasi mescola il suo ànsito a quello dei combattenti. Travolta anch’ella, nel vortice dell’odio, non trattiene le grida e i gesti. La clàmide la palpita nel pugno convulso; e tutte le potenze del suo corpo si tendono e si distendono come nella danza.
Di punta e taglio! Eia! Sei prode. Mira alla faccia! Mira al collo! Scagliati! Eia! Sei ferito, dèspoto! Ah! Ah!
Come la donna vede colare il sangue, ella insanisce.
Tu sanguini alla faccia. Abbeverati nel tuo sangue, s’hai sete, accecatore! No, no, non perder campo! Serra! Serra! Occhio, Sergio!
La Faledra, vedendo perduto il Mancino, con un atto fulmineo, tenta di avvolgere la clàmide intorno al capo del soverchiatore per togliergli la vista. Ma il tradimento fallisce; ché Marco Gràtico balza indietro, con la manca afferra per l’aria la clàmide prima d’essere avvolto, si precipita sul fratello cogliendo l’attimo dell’incertezza e gli taglia le canne della gola con la coltella curva. Barcolla l’ucciso vomicando i gomitoli del sangue, s’abbatte riverso su la tavola dell’Agape, schiaccia i calici di vetro ancor pieni di vino; poi rotola, abbandonando la bella spade che dà un chiaro suono su la pietra, giù stramazza con un sordo schianto, gorgoglia e tutto su la pietra si vuota dalle giugulari aperte.
IL POPOLO Vittoria al Principe del Mar! Il Signore ha giudicato!
MARCO GRÀTICO Este cáliz, Obispo de las orgías, ensuciado por tu sed y tu perfidia, yo lo rompo contra piedra.
Arroja el cáliz al suelo. El odio fraterno estalla con la furia de la demencia.
EL OBISPO SERGIO ¿Qué quiere éste del Obispo? ¿Qué quiere? ¿Que me ponga a temblar ante él? ¿Cree que sólo él tiene valor?
Marco avanza hacia la mesa del ágape y se planta frente a su hermano.
MARCO GRÀTICO Deliras de miedo. Y eso que ni te he levantado la mano.
EL OBISPO SERGIO ¡Si la levantas, si has venido buscando pelea, pelearé contigo!
MARCO GRÀTICO Tienes ante ti la espada de la mujer. Cuida que no se doble.
BASILIOLA No se dobla.
EL OBISPO SERGIO La tomo.
La empuña con la mano izquierda.
MARCO GRÀTICO Te tambaleas. No dejes la mesa.
EL OBISPO SERGIO ¿Quieres luchar?
MARCO GRÀTICO Quiero juzgar.
EL OBISPO SERGIO Tú no tienes ningún poder en el templo. Y yo te echo del sagrado umbral
El Tribuno se gira hacia los arqueros de Castrasia, que llevan a la espalda el largo arco de avellano.
MARCO GRÀTICO ¡Simón Floca, prende al Obispo perjuro y custódialo!
La poderosa boca del Manco se tuerce en un gesto de burla, pena y júbilo.
EL OBISPO SERGIO ¡Oh, Faledra! ¡Déjame oir tu risa! ¡Que el chisporroteo de tu risa llegue hasta las estrellas! ¡Ja, ja! La espada de la mujer le da miedo. ¡Este es el Maestro de las Naves, el invicto! ¡Aquí tenéis al defensor de las Islas!
BASILIOLA No es falsa, oh déspota, la espada de la mujer; no es falsa. Es de hierro y oro. Será tuya si se la quitas al Manco, que ahora la empuña.
EL PUEBLO ¡Despejad el campo! ¡Que luchen!
BASILIOLA Hombres de las Islas, oídme: el Obispo Sergio, acusado de fechorías, quiere, en presencia del pueblo, someterse al juicio divino.
EL PUEBLO ¡Concedido! ¡Que tenga lugar el juicio! ¡Es la voluntad de Dios! ¡Es nuestra voluntad! ¡Que juzgue el Señor! ¡Manda la Cruz y el Evangelio!
El Comandante coge sin prisa el gran cuchillo marino y se coloca en el contro del espacio vacío.
MARCO GRÀTICO ¿Esto quiere el Señor? ¿Esto quiere el Pueblo? ¡Estoy preparado para el juicio!
Frenéticamente se apresta a la prueba el Sinpulgar.
EL OBISPO SERGIO Oh, mis diáconos. Quitadme el palio. Yo entrego el palio al Obispo de todos, que me juzga. Quitadme, diáconos, quitadme las demás insignias sagradas.
Los diáconos desvisten al heresiarca, que se queda con el hábito marron que llevaba debajo y con el puñal colgado de él. Los brazos aparecen surcados de venas y músculos.
LAS MUJERES DEL PUEBLO ¡Cristo reina! ¡Alabado sea el Señor!
BASILIOLA ¡Hombres de las Islas, invocad al Dios vengador y cerrad el círculo!
EL PUEBLO ¡Que el Señor juzgue entre los dos Gràticos!
BASILIOLA Van a luchar…
EL OBISPO Somos iguales. Estoy listo.
Los dos Gràtico están frente a frente; y antes de luchar se miran fijamente. La Faledra se quita la clámide de los hombros y se coloca cerca de ellos.
BASILIOLA ¡La hija de Orso te saluda, oh déspota! Tu cuchillo tiene un solo filo. Oh, Sergio, tu espada tiene dos. ¿Quién dará la señal sino yo? Agitaré la clámide.
Ella agita la clámide de púrpura. De pronto, el Obispo se abalanza sobre el Arlmirante. Tan veloz es el ímpetu e insólito el gesto del Manco, que el atacado retrocede. La mujer sigue de cerca la lucha, tan de cerca que su ansiedad casi se mezcla con la de los luchadores. A veces, ni siquiera ella, en el vórtice del odio, puede contener los gritos y los gestos. Agita la clámide en el puño convulso y todas las potencias de su cuerpo se tensan y destensan como en la danza.
¡Clávala y corta! Ah! ¡Eres valiente! ¡Mira su cara! ¡Mira el cuello! ¡Embístele! ¡Ah! ¡Estás herido, déspota! ¡Ah, ah!
Viendo manar la sangre, la mujer enloquece.
Te sangra la cara. ¡Bebe de tu sangre si tienes sed, cegador de hombres! ¡No, no cedas terreno! ¡Ciérrale, ciérrale! ¡Cuidado, Sergio!
La Faledra, viendo perdido al Manco, intenta con un gesto rápido tapar con su clámide la cabeza del que va ganando para que no pueda ver. Pero la treta falla, pues Marco Gratico salta adentro, agarra en el aire la clámide antes de ser cubierto, se precipita hacia el hermano aprovechando un momento de indecisión y le corta la garganta con el cuchillo curvo. Se tambalea el herido vomitando sangre, cae de espaldas sobre la mesa del ágape, rompe el cáliz de vidrio, aún lleno de vino; después rueda, soltando la bella espada, que produce un sonido metálico al caer sobre la piedra, se desploma con un golpe sordo, borbotea y vacía sobre la piedra todo el contenido de su yugular abierta.
EL PUEBLO ¡Victoria al Príncipe del Mar! ¡El Señor ha juzgado!
Marco se vuelve hacia Basiliola, limpia en su pelo la sangre de Sergio, y ordena que la aten al ara sacrificial. Suerte para los venecianos que el que ha quedado es el guerrero y no el Obispo, porque en ese momento suenan trompetas y se produce un tumulto. Un ciudadano, Simon D’Armario (el rol interpretado por Tito Gobbi en 1938) informa al Tribuno: Giovanni Faledro, el único hermano de Basiliola que escapó a la mutilación, navega hacia la ciudad con una escuadra enemiga a la espalda. Marco Gratico corre hacia el puerto, al frente de todo el pueblo, dispuesto a la batalla. Basiliola queda atada mientras lanza su grito de guerra. “¡Aquileia!”. Para ver el duelo fratricida y el final, recurriremos por última vez a nuestro improvisado “DVD” de 1921:
Última edición por Loge el 27 Feb 2013 18:04, editado 1 vez en total
Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
Publicado: 10 Feb 2013 8:34
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
El 12 de agosto de 1943, los aliados lanzan sobre Milán mil toneladas de bombas en media hora. La idea es bombardear el sector industrial de la ciudad, muy importante para el Eje, pero entonces, como ahora, también había errores de cálculo y “daños colaterales”. Dos víctimas de esos errores de cálculo son La Scala y Casa Ricordi, y entre los daños colaterales se halla la destrucción de unas cuantas partituras de óperas, entre ellas la de “La Nave” (y, si recordáis, también “La leyenda de Sakúntala”, de Alfano)
Interior de La Scala tras el bombardeo
Ahí, entre las llamas de la Segunda Guerra Mundial, podría haber terminado la historia de “La nave”. Irónico fin para una ópera que surgió al calor de la Primera. De no ser... De no ser porque en otros lugares existía la parte vocal, y porque algunos fragmentos de la ópera sí sobrevivieron. El Teatro Grattacielo hizo el resto. Llegó a un acuerdo con Casa Ricordi en virtud del cual la editorial italiana reconstruiría la ópera y el Grattacielo la interpretaría. El 29 de octubre de 2012, noventa y tres años después de que Rosa Raisa la cantase en Chicago, todo estaba preparado para la segunda ejecución de la obra en suelo americano cuando... Un nuevo cataclismo (esta vez natural) cayó del cielo: el huracán Sandy llegó a Nueva York y lo arrasó todo. ¿Todo? ¡No! Un pequeño teatro, sostenido por irreductibles amantes de la abyección, resistió a los vientos y las aguas y, milagrosamente, quedó en pie.
Y paradójicamente, el caos que vino a continuación ayudó al Teatro Grattacielo (por cierto, que esta palabra significa “Rascar el cielo”; tiene narices la cosa) a cumplir con su compromiso. Como todos los aeropuertos estaban cerrados, los cantantes no podían abandonar la ciudad. De modo que la función se reprogramó para el día 31, noche de Halloween, y entonces si: con un solo cantante sustituido en el último minuto y algunos que otros constipados (entre ellos el tenor), los aguerridos intérpretes lograron botar “La Nave” de Montemezzi y D’Annunzio y llevarla a buen puerto. La hazaña corrió a cargo de Tiffany Abban (soprano), Robert Brubaker (tenor), Daniel Ihn-Kuy Lee (barítono), Ashraf Sewailam (bajo) y Joseph Flaxman (bajo) como Basiliola, Marco, Sergio, Orso Faledro y Traba respectivamente. Dirigió Israel Gursky.
Tercer episodio La enorme silueta de una nave de guerra, el “Totus Mundus”, se recorta entre las sombras contra la débil luz del amanecer. Armada hasta los dientes y con treinta bancos de remeros, está lista para ser botada y descender al Adriático. En un lateral se distingue la atalaya de vigía del Maestro de las Aguas. A Occidente, el ábside de la Basílica. En el centro se alza la piedra del altar de los marinos combatientes, a la que sigue atada Basiliola. Allí se apiña toda la ciudad: los marinos dentro del barco, el pueblo entre la Catedral y la nave.
Aparece Marco Grático. Por lo tranquilo que está, y por la forma en que le saludan (“Il Principe del Mare! Il fratricida!”), hay que suponer que ya ha librado la batalla contra Giovanni Faledro y la ha ganado, aunque nunca se nos informa de ello. Marco se sincera ante sus conciudadanos: arrepentido de haberse dejado seducir y de haber matado a su hermano, ha decidido, como penitencia, coger la nave recién construida y zarpar hacia Egipto para no volver jamás. Así habla ante su pueblo: “¡Este es mi castigo! ¡Zarpo hacia el mar de Egipto! ¡Redime el Adriático! Hijos de la Fortuna, escuchadme: ¡desde este salvaje Adriático que os hace duros y que es tan vuestro como vuestro Santo, iremos lejos a buscar la tierra prometida a nuestra mayor esperanza!” Y el pueblo contesta: “¡Esta es la penitencia! ¡Libera nuestro mar! ¡Toma la nave y zarpa!” Lanzadas en noviembre de 1918, estas arengas tenían un significado evidente.
A continuación, Marco pide compañeros para su expedición, y como un solo hombre se van ofreciendo miembros de las principales familias: Simon D’Armario, Pietro Anafesto, Pietro Orsèolo, Vitale Candiano... Nadie quiere quedar fuera de la epopeya. Ni siquiera Basiliola, que desde el ara le grita a Marco que no la deje allí y que le dé una hermosa muerte. Ella sugiere que la lleven en la proa y la arrojen al agua en alta mar (“¡Quiero servir a tu guerra! ¡El águila de Aquileia en la proa!”) pero sus palabras le dan a Marco una idea genial para terminar esta obra con la truculencia que merece: ordena que la claven en la proa para que sirva de mascarón.
Y entre las aclamaciones del pueblo, la grandiosa y simbólica nave es botada, los remos aparecen por los costados y empieza a navegar bajo los rayos del sol, ya potentes a estas horas, que tiñen de rojo las aguas del Adriático.
BASILIOLA Gràtico, odimi! Pel tuo bacio d’amore e d’odio, che valeva il Mondo, dammi la morte bella! Riconoscimi Faledra della stirpe d’Aquileia romana. Prendimi su la nave; e salpa, e gettami nel mezzo mare!
MARCO GRÀTICO O Faledra, ti sciolgo.
BASILIOLA Come pallido sei, despoto! Un’altra Roma è sopra sette monti, all’entrata dei mari caldi. Immensa, immensa preda a fame di leone... Armata è la tua prua. Come pallido sei! Come tremi! Dèspoto, senti il soffio della mia vita? Prendila e tienila. Te l’offro, senza più frode. Senti la mia forza? Servo alla tua guerra. L’Aquila d’Aquileia su la prua!
MARCO GRÀTICO L’Aquila d’Aquileia su la prua! L’Aquila d’Aquileia su la prua!
Pone uno dei ginocchi a terra e rende grazie al Cielo. Il popolo lo segue.
IL POPOLO L’Aquila d’Aquileia su la prua!
MARCO GRÀTICO Lode a te, Dio grande e tremendo! Lode a te che fai risplendere il tuo volto sopra l’anima mia, nel mio mattino, e mi mostri le cose manifeste!
IL POPOLO O Iddio che rinnovelli nel Mar le stirpi, o Iddio che le cancelli, i viventi saran quelli che sopra il Mare ti magnificheranno, sopra il Mare t’offriran mira e sangue dall’altar che porta rostro. Fa di tutti gli Ocèani il Mare nostro!
Il Navarco rapido s’alza. Si volge verso la Nave che torreggia col suo càssero coronato di trombe incontro alle torri di piropo alzate di là dai porti. Tutto il popolo s’alza.
MARCO GRÀTICO Vara! Vara! All’acqua! All’acqua! Sotto Le maestranze! Tutti alle travate! Mancava a questa Nave la figura di prua. O compagni, eccola! Ce l’ha data il Dio tremendo. Soffiate nelle bùccine! Cantate Alleluia! Aquila d’Aquileia, a prua, a prua! O Faledra, ti do la bella morte.
Il popolo s’impossessa della Faledra, a furia la trascina verso la Nave, la solleva sulla prua ancora disadorna, ve la inchioda, mentre le maestranze assegnate al varo riprendono lena. Cadono i puntelli, saltano le trinche, giocano le balestre.
IL POPOLO Alleluia! È prodigio! È Diona! Osanna! All’oriente! Gloria al Principe del Mar! È Diona! Gloria!
Marco Gràtico, seguito dai compagni prescelti, sale sulla nave e si affaccia al castello di prua.
MARCO GRÀTICO Noi saremo i messi che non tornano, i precursori che non tornano. Andremo lungi…
IL POPOLO La patria è su la nave! Signor nostro, redimi l’Adriatico! Libera alle tue genti l’Adriatico! Patria ai Vèneti tutto l’Adriatico! Alleluia!
MARCO GRÀTICO Cristo regna!
IL POPOLO Cristo e San Marco! Cristo regna! Vara! Vara!
Nel silenzio trepidante cadono gli ultimi puntelli. Con la mano, col braccio, con la spalla e col cuore gli uomini lanciano in acqua la Nave che sul pendìo cigola e fuma. Dall’una banda e dall’altra fuor dei portelli gli ordini dei lunchi remi sono sollevati all’in su, pari a due ali irte, pronti a dar la buona arrancata come la carena scivoli di là dallo scalandrone. La prima possa del sole, diroccando e affocando laggiù le torri marine, giunge a percuotere le mura della Basilica, i tetti dell’Arsenale, le genti dell’Arengo.
BASILIOLA ¡Gràtico, óyeme! ¡Por tu beso de amor y de odio, que valía el Mundo, dame la muerte bella! ¡Reconóceme como una Faledra, de la estirpe de la Aquileia romana! ¡Llévame en la nave, zarpa y arrójame enmedio del mar!
MARCO GRÀTICO ¡Oh, Faledra! Yo te libero.
BASILIOLA ¡Qué pálido estás, déspota! Hay otra Roma sobre siete colinas, a la entrada de los mares cálidos. Inmensa, inmensa presa para el hambre del león… Tu proa está armada. ¡Qué pálidos estás! ¡Cómo tiemblas! Déspota, ¿sientes el soplo de mi vida? Cógela y tenla. Te la ofrezco, sin más engaños. ¡Sientes mi fuerza? Puedo servir en tu guerra. ¡El águila de Aquileia en la proa!
MARCO GRÀTICO ¡El águila de Aquileia en la proa! ¡El águila de Aquileia en la proa!
Pone una rodilla en tierra y da gracias al cielo. El pueblo le sigue.
EL PUEBLO ¡El águila de Aquileia en la proa!
MARCO GRÀTICO ¡Gracias, Dios grande y tremento! Gracias a Ti, que haces brillar tu rostro en mi alma, en mi mañana, y me enseñas las cosas manifiestas!
EL PUEBLO ¡Dios que renuevas la estirpe en el mar, oh, Dios que les destruyes, vivirán aquellos que en el mar te magnificarán, los que te ofrecerán dones y sangre en tu altar! ¡Haz de todos los Océanos nuestro mar!
El Comandante se levanta rápido. Se vuelve hacia la nave que se alza con su alcázar coronado de trompetas contra las torres del puerto. Todo el pueblo se levanta.
MARCO GRÀTICO ¡Botadla! ¡Botadla! ¡Al agua! ¡Abajo, trabajadores! Cada uno a su tarea. Le faltaba a esta nave el mascarón de proa. ¡Oh, compañeros, helo aquí! El gran Dios nos lo ha dado. ¡Soplad las bocinas! ¡Cantad Aleluyas! ¡Aguila de Aquileia, a proa, a proa! ¡Oh, Faledra, te doy la muerte bella!
El pueblo se apodera de la Faledra, la lleva hasta la nave, la levanta sobre la proa aún desguarnecida, y la clava, mientras los trabajadores encargados de la botadura recuperan energías. Caen los puntales, saltan las amarras, se despliegan las velas al viento.
EL PUEBLO ¡Aleluya! ¡Es un prodigio! ¡Es Diona! ¡Hosanna! ¡Al Este! ¡Gloria al Príncipe del Mar! ¡Es Diona! ¡Gloria!
Marco Gràtico, seguido de sus acompañantes, sube a la nave y se asoma al castillo de proa.
MARCO GRÀTICO Somos los mensajeros que no volverán, los pioneros que no volverán. Iremos lejos…
EL PUEBLO ¡Nuestra patria está en la nave! ¡Señor, redime el Adriático! ¡Libera el Adriático para tu pueblo! ¡La patria de los venecianos es todo el Adriático! ¡Aleluya!
MARCO GRÀTICO ¡Cristo reina!
EL PUEBLO ¡Cristo y San Marcos! ¡Cristo reina! ¡Botadla, botadla!
En un silencio expectante caen los últimos puntales. Con la mano, con el brazo, con los hombros y con el corazón, los hombres lanzan al agua la nave, que rechina y humea en la pendiente. De ambos costados se elevan las dos hileras de remos, cual ásperas alas, listos para empezar a moverse en cuanto la quilla rebase la plancha. La primera fuerza del sol, cayendo y envolviendo los mástiles, llega a golpear los muros de la Basílica, los techos del arsenal, y la gente de la plaza.
FIN
Última edición por Loge el 27 Feb 2013 18:05, editado 1 vez en total
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