Le Gouverneur escribió:
La verdad es que me extrañan muchos de los nombres que dais.
¿Hay algunas óperas donde la opinión de todos es de gran categoría de forma unánime? Por supuesto que sí. Creo que se podrían nombrar muchas, pero sin duda Parsifal y Tristán e Isolda.
No conozco a nadie que haya trabajado estas obras y no opine que son obras de la máxima categoría. Con todos los directores de orquesta con los que he podido hablar, o que he podido leer comentarios de estas obras, las opiniones positivas son unánimes.
Claro la opinión de un aficionado que está acostumbrado a la armonía tradicional o clásica y escucha estas obras 8 o 9 veces pues es muchas veces la misma. Es un poco rollo, todavía no le he cogido el gusto etc. Es una cosa absolutamente normal. No te digo ya la opinión de un forero que ha dicho que la ha escuchado una vez 4 horas. Son obras que normalmente requerirá de mucho más esfuerzo, atenta escucha en muchas ocasiones, análisis, representaciones en directo, pero al final si no se pierde uno por el camino, tarde o temprano el éxito es garantizado. Además cuando ya se lleva un tiempo lo normal es que vayamos reconociendo la calidad de algunos pasajes, a partir de ahí, se van enlazando unos con otros y al final los trozos en que se pensaba, esto jamás me acabará gustando, acaban volviéndonos locos.
Por supuesto que nadie está obligado a “trabajarse” la música, pero mi recomendación personal es que el tiempo que se dedique será altamente recompensado. Si no nos lo “curramos” un poco, acabamos con las 4 óperas de siempre.
Saludos
Convengo en que el esfuerzo por "trabajar" la música se ve siempre recompensado. Sin embargo, el hecho que determinadas obras o compositores no sean capaces de interesarnos, comprometernos, enamorarnos,...no significa necesariamente que no estemos dispuestos a realizar ese esfuerzo.
En mi caso particular, asistí por primera vez a una ópera de Wagner hace ya algunos años en Madrid: concretamente una representación de "El holandés errante". Ya había presenciado anteriormente varias obras de otros autores y había escuchado muchas más. pero era mi 'début' con Wagner. Para mi sorpresa, la escucha del CD me producía un aburrimiento mortal. Impertérrito, acudía al teatro convencido que allí, como siempre me había pasado, disfrutaría la función. Craso error; conté cada minuto y viví el final de la obra como una liberación.
A partir de entonces lo he intentado con otras obras de Wagner y en otras circunstancias; la última con "Parsifal", pero siempre con el mismo resultado. No creo que sea debido a falta de constancia ( soy muy pesado cuando me empeño ) ni de capacidad de aguante ( he logrado disfrutar con "San Francisco de Asís", "El Juicio de Lúculo", "Helena Egipcíaca", entre otras obras presuntamente áridas ) sino de mi incompatibilidad emocional con Wagner. Su música me deja frío, indiferente, aburrido y un pelín hastiado; ni siquiera me entran ganas de invadir Polonia.
Reconociendo esta laguna en mis gustos operísticos, nunca deja de asombrarme la encomiable confianza de los wagnerianos en el poder de la música, los textos y la teatralidad de su autor favorito. Sé por experiencia ( tengo algún amigo enamorado de Wagner ) que la razón final por la que no te conviertes al wagnerismo es 'que lo has probado poco'. Siempre espera a la vuelta de la esquina otra audición, la inmersión final que nos levantará el velo de la ignorancia y nos permitirá acceder a la revelación. Algunos seguidores de Wagner tienden a creer, pienso, que sus óperas son una experiencia compleja que tan sólo iniciados en la materia, tras ímprobos esfuerzos, son capaces de degustar.
Quién sabe, tal vez tengan razón y en un improbable futuro me convierta en rendido admirador del genio de Leipzig. Mientras tanto, creo firmemente que disfrutar de la música, de la ópera, no constituye ninguna aventura intelectual. Más bien, en el caso de un compositor tan importante como Wagner, debiera ser parte de una asignatura del Bachillerato.