|
Y no deja de ser curioso que un director tan germánico pasara ampliamente de Wagner y Strauss. Puccini es otro autor que nunca le interesó. Hace un tiempo hablé del tema con unos amigos y fuimos incapaces de encontrar un hilo conductor en su repertorio que no fuera la satisfacción personal.
Del libro "Maestro" de Helena Matheopoulos (ed. Ma non Troppo, páginas 117-120). Los entrecomillados se supone que son citas del director:
“Naturalmente, después de tantos años dirigiendo puedo mirar una partitura y dirigirla. Pero eso no es bastante. Necesito estar implicado al cien por cien, sentir que esta obra me pertenece, pertenece a mi vida, ami cuerpo y a mi corazón tanto como a mi mente. Por eso es tanta la cantidad de música que no puedo dirigir. No se ajusta a mi naturaleza, y no quiero dirigirla sólo porque pueda leer la partitura y aprendérmela”.
Sorprende que un director capaz de producir un sonido de exquisito lirismo no dirigiera a Puccini, porque le parecía que a veces escribía música por razones puramente melódicas, a diferencia de Verdi, cuyas notas nacen del texto y se justifican desde un punto de vista dramático. Rechazaba asimismo casi toda la música contemporánea, básicamente porque creía que no lograba implicar emocionalmente al oyente. “Sales de un concierto y dices molto interessante, pero no hay respuesta emocional”. No podía identificarse con Schöenberg, ni tanpoco con el último período de Stravinsky, aunque le encantaba su época rusa. Era llamativa la ausencia de Richard Strauss en su repertorio, posiblemente porque las interpretaba en exceso cuando tocaba la viola en la Orquesta Augusteo de Roma. “Pero tal vez vuelva a interpretarlas algún día”. Tampoco dirigió nada de Wagner, aunque sentía que podía abordar Tristán y Maestros, “siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas” (el Anillo, por otra parte, con su mundo de “seres sobrenaturales e infrahumanos”, no le interesaba).
(…)
En 1967 le confió a un crítico británico que le costó mucho identificarse con Bruckner y Mahler (excepto en Das Lied y las sinfonías Primera y Cuarta), y creía que la estructura de las sinfonías de estos dos compositores había desbordado toda proporción porque el material teático se fragmentaba en secciones de desarrollo, a diferencia de las sinfonías de Beethoven, en las que todo es esencial. Aún así, en 1979 grabó la Novena de Mahler, y sentí curiosidad por saber cómo se había producido este cambio de afectos y esta nueva identificación, y cómo decidió que estaba dispuesto a interpretar una pieza determinada.
“El problema siempre está en mí y en, como ya he dicho antes, mi incapacidad para dirigir obras que no he incorporado a mi ser. Pero llega un momento en que algo, una pieza determinada, llama a la puerta, y yo abro. Es en cierto modo como una historia de amor; de repente, algo sucede sin saber por qué. Lo mismo sucede con la dirección, un arte muy misterioso. (...)”
En mi opinión, igualmente siempre se notó que no fue un malheriano convencido. Esa Novena es demasiado plácida.
_________________ Il barone fu ferito, però migliora
|