He acudido, acompañando a Lourdes, amiga y compañera de fatigas en el cole, a presenciar la octava función (de las diez que hay anunciadas) de esta
obra de arte del futuro, como titula Francisco Calvo Serraller en el papeluco que te dan a la entrada del teatro. Me he aburrido mucho. Muchísimo. Una señora, vecina de localidad, abonada de la temporada de ópera, comentaba en el descanso que el
futuro nos había llegado demasiado pronto ...
¡Qué huevos los tuyos, Marina! Conseguir que se haga una ópera, un drama musical, contando que tu madre te dio unas yoyas porque rompiste una lavadora ... Nos enteramos también de que tus primeras vacaciones las pasaste en España. No sé si te acostumbraste a dormir la siesta, pero, desde luego, lo de no darle un palo al agua lo aprendiste perfectamente. Tu intervención en la ópera es muy breve. Estás, sí, pero podrías perfectamente no haber estado. No haces casi nada. Eso sí, parece ser que el texto de las recetas te lo has aprendido mejor. ¡Sólo te equivocaste en un pimiento! ...
Como actriz no sabría calificarte. Como cantante eres muy mala, por enorme que sea el micrófono.
El protagonista absoluto, Willem Dafoe. Un actorazo. Excelente forma física, magnífica dicción, y enorme el mérito de haberse aprendido semejante sarta de memeces.
Me decepcionó Antony and the Johnsons. Mucho mejor en las grabaciones que circulan por youtube. Corto de fiato y tendente al desafine . Además me dio la impresión de que sin amplificación no se le debe oír nada. En la canción que canta junto a Christopher Nell prácticamente no le escuché.
Svetlana Spajić y su grupo me resultaron insufribles. Monótonas hasta el hastío. Me quedo con las supremas de Móstoles.
Excelente entrada en el Teatro Real. Algunas (no excesivas) deserciones en el descanso. Aplausos al final. Algún ¡ole! a Dafoe. Algún ¡caradura! a la Abramović.
Mientras estaba en el Teatro me venían a la cabeza dos escenas de pelis españolas. La del
niño melón y
que quería yo hablarle de Dostoievski.