
Esta mañana he terminado de escuchar completa, por primera vez,
Das Wunder der Heliane (el milagro de Heliane), magnífica Ópera en tres actos de Erich Wolfgang Korngold, estrenada en la Ópera del Estado de Hamburgo el 7 de octubre de 1927. El marqués delaforce ha sido siempre su gran valedor en este foro, y a fe mía que lleva razón. Es un auténtico Operón, si bien puede resultar un pelín larga (dura alrededor de tres horas).

Notas de Delaforce sobre el libreto:
Heliane está basada en un poema de un oscuro escritor expresionista rumano, Hans Kaltneker, titulado 'Die Heilige' (La Santa). Korngold se entusiasmó con el poema y le pidió a Hans Muller que escribiera el libreto.
El argumento es muy simple: en un lejano reino, un Tirano -bajo- ha esclavizado al pueblo, a quien un Extraño -tenor- trae pasión y alegría. Es apresado y sentenciado a morir al día siguiente. La bella y pura esposa del Tirano, Heliane, -soprano- acude a visitar al Extraño que se enamora de ella y le pide que se entregue a él. Heliane le rechaza, pero muestra al Extraño su cuerpo desnudo. -menos da una piedra,

-. El Tirano les sorprende y hace juzgar a Heliane por adulterio.
Heliane cuenta ante el Tribunal los hechos. El Extraño rehúsa testificar contra Heliane. El Tirano entrega un cuchillo a Heliane y la pide que se suicide, pero el Extraño le arranca el puñal de las manos y se lo clava en su propio corazón. El Tirano propone un juicio divino: si Heliane es capaz de resucitar al Extraño, será considerada inocente.
Heliane, ante una multitud, se dispone a intentar resucitar al Extraño cuando se derrumba y confiesa estar enamorada de él . Condenada a muerte, el Tirano le ofrece el perdón si consiente en volver a su lado. Heliane le rechaza, es apuñalada por el Tirano y corre hacia el cadáver del Extraño, que se levanta de la muerte. El Extraño destierra al Tirano y bendice al pueblo. Heliane y el Extraño entran juntos al Cielo, unidos por el amor.

Korngold había escrito el papel principal pensando en su paisana, Maria Jeritza, (1887-1982), pero debido a los compromisos de la bella soprano con el MET neoyorquino, fue otra estrella de la ópera de Viena, Lotte Lehmann (1888- 1976), quien encarnó a Heliane. En la foto junto al tenor polaco Jan Kiepura (1902–1966) en el estreno en Viena (1927).Korngold siempre mantuvo que ésta era su obra maestra. No conozco todas sus óperas, así que no sé si tiene razón. Desde luego, sí creo que no desmerece ante
Die tote Stadt, otra Ópera sobresaliente. Delaforce, gran conocedor del compositor de Brno, es de la opinión del autor. No obstante, el estreno Hamburgués puede calificarse como un fracaso, de crítica y de público. En general, los asistentes no quedaron impresionados, entendiendo que la música de Korngold no tenía sorpresas y no era moderna. Los críticos fueron unánimes en su falta de estima por la obra, desdeñándola por pretenciosa y pasada de moda.
Normalmente se citan dos motivos principales para explicar el por qué de este fracaso. Por una parte, los múltiples enemigos que el padre de Korngold, el famoso crítico Julius Korngold, tenía en los círculos musicales de la época; por otra, el estreno el 10 de febrero del mismo año (1927) de
Jonny spielt auf, de Krenek, el primer compositor del siglo XX que se puede calificar como "posmoderno", que fue un auténtico pelotazo en las taquillas. Tal vez, como nos indica también el marqués, sea la propia complejidad musical de la obra, y su argumento, calificado por delaforce como abstruso (-recóndito, de difícil comprensión o inteligencia-) lo que haya impedido que esta Ópera, extraordinaria, haya pertenecido nunca al repertorio. No sé. ¡Menos Abramovics y más Helianes!
El fragmento más conocido de la obra es, sin duda, el aria que canta la protagonista en el segundo acto,
Ich ging zu him, pero toda la obra está preñada de momentos magníficos, desde el principio,
Selig sind die Liebenden hasta el
glorioso final.
El tenor canta un huevo también. Lástima que el protagonista de esta grabación, John David de Haan, no cante
un poco mejor. Esta obra con dos cantantes de lujo podría reventar los teatros.
¡Grande Korngold! Gracias, marqués.

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