Dos hitos, sin duda, de dos obras grandiosas.
En "Bohéme" (ópera perfecta por concisión, caracterización de personajes, de ambientes y situaciones, con una orquestación fabulosa, una escritura vocal llena de joyas que están y estarán siempre en el ánimo histórico del aficionado operístico y, en fin, una capacidad de retratar el amor, la felicidad efímera pero inolvidable, la tristeza..., de emocionar y conmover hasta lo más hondo) una dirección insuperable de Karajan desde cualquier punto de vista (sonido, acompañamiento-, teatralidad, tensión, sentido narrativo)y un reparto ejemplar en el que sólo flaquea una Musetta mejorable, pero que no estropea nada.
"Parsifal", efectivamente, es una obra de filiación operística más discutible. El acto primero es un oratorio y claramente excesivo de minutaje (dura igual que Tosca entera), el segundo es el más genuinamente operístico. Sea cual sea su encaje, una obra llena de música sublime y que, cuando se alcanza una interpretación de nivel, consigue momentos, cómo llamarlos?, de "sensación transcendente". Qué duda cabe, que Knà es el máximo oficiante de todo ello, profeta Wagneriano ultraconvencido de exponer, lucir y engrandecer su música en el mundo terrenal. Podrá preferirse el de 1962 y algunos pensamos que el de Clemens Krauss no está tan lejos, pero el de 1951 es inatacable. London, Weber y Uhde difícilmente pueden superarse, al igual que la intensidad trágica de la Mödl como Kundry, a pesar del registro agudo puro grito.
Ante dos versiones tan maravillosas, hay que decidir de alguna manera: En mi corazón está Puccini, la ópera italiana y
"La Bohéme", , por eso mi voto a quién llaman Mimi, pero su nombre es Lucia en una grabación modélica.
