El romano Publius Cornelius Scipio (muerto el 129 a. de C) que pasó a la historia como Africanus Minor el joven fue puesto como referencia del hombre de Estado que no se preocupa solo por problemas políticos, sino también por cuestiones del espíritu. Semejante argumento fue tratado por Metastasio en 1735 para la coronación del emperador Carlos VI con el título del Il sogno di Scipione. Más adelante fue confiada a Mozart la composición de música sobre el mismo tema como homenaje al Principe Arzobispo Schrattenbach. La obra en un solo acto, compuesta de once arias y dos coros en la que aparece nada más que un recitativo acompañado, le crea conflictos a mozart por la ampulosidad barroca de la obra, ya que Mozart comienza a avanzar hacia modelos más progresistas. Mozart transpasó la obertura a la sinfonía Kv 141a con la misma instrumentación, cuerda, dos flautas, oboes, tompas, trompetas, timbales y continuo.
Personalmente creo que esta operita en cuestión no está mal, y tiene algunas arias que merecen la pena, pero en general es sólo apta para mozartianos sin remedio, como yo.
