|
Este, por ejemplo, es un gran punto de discrepancia desde siempre entre Tunner y servidor. Bueno, es parte de la salsa de la ópera, el tener puntos de desencuentro. No obstante, estoy seguro que por cada desencuentro de este tipo que servidor tiene con Tunner hay 100 puntos comunes, por lo que aunque aquellos existan, como es el caso, hay mucho más en común que en discrepancia.
Desde luego, prefiero a Florez en su peor día que a Blake en su mejor.
Está bastante claro que el hecho de que Florez reconvierta con su canto en fácil lo que en realidad es imposible, le convierte en antipático y automáticamente se le acusa de cantante frío por ello. Sale y resuelve la fille con la misma facilidad, compostura y línea que si estuviese cantando un globo, dos globos, tres globos. Eso a mi me parece un milagro, un portento del género, algo que hemos de estar muy agradecidos y honrados los que en estos días tenemos el privilegio de poder gozarlo. En cambio, se ve que a alguno le gusta más el cantante que ha de reventar su cuello, y enrojecer su vena como María Patiño, estar siempre al borde de ese "se romperá de una vez o saldrá vivo?". Es decir, gusta más el cantante que se tiene que pelear con la partitura que el que la solventa con una facilidad que puede llegar hasta lo insultante. Igual no es mérito o demérito de ninguno de los dos eso, si no que lo es de la madre naturaleza, y en tal caso, lo siento, pero el cuento de la cigarra y la hormiga no tiene mucho sentido aplicarlo en el canto. Si la madre naturaleza ha creado un portento, yo se lo agradezco, lo admiro, y hasta lo venero, y a la hora de comparar lo elevo al primerísimo lugar en la historia del canto rossiniano (y más títulos belcantistas, no aislemos tanto al bueno del peruano). No es ya Florez por encima de Blake, que lo está años luz, si no por encima de cualquiera en tal lid presente, pasado y dudo mucho que para el futuro que nos toque ver ya haya nacido alguien que pueda llegar a superar las cotas que está dejando este chico. Por otro lado, y yendo al tema concreto de Blake, sumemos a esa constante lucha suya que es su canto, su timbre, que más feo que Picio. Espero que en ese punto al menos, haya consenso, y reconocer a todos luces que la belleza tímbrica de Florez es infinitamente mayor a la de Blake (y que a la de cualquier antecesor en el repertorio rossiniano, dicho sea de paso).
_________________ Harmoniously, NICO
|