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Hay otro momento que a mí me pone mucho, que tiene mucho que ver con la escena de los billetes de Traviata, y que no sé cómo no ha salido todavía en este hilo tan divertido. ¡El Acto IV de Carmen, por el amor de dios! ¡Sexo, sexo, sexo! Dicho como cuando Otelo dice ¡Sangue, sangue, sangue!.
Se parece a Traviata pero no. Es decir: son dos escenas de un amante despechado, loco de celos, fuera de sí, dispuesto a montarle el número, en público, a la prota. Un número fuerte, de los que salen en los periódicos, que se entere todo el mundo de que ya no pueden más. Eso me pone. Pero ni Alfredo es don José, ¡qué más quisiera!, ni Violetta es Carmen, que falta le haría también ser capaz de mandar a freir espárragos a ese niñato de papá. Hablando de mujeres y peleles, ahí hay un caso clarísimo, prototípico, de mujer y pelele, el de Carmen y don José, y otro menos claro: Violetta no tiene los arrestos de Carmen para plantarle cara a ese bobo que no da una, que se cree el no va más de la viril seducción provenzal, y que en el fondo tiene las espaldas cubiertas por la fortuna de ese padre que es el que le termina poniendo las peras a cuarto en esa misma escena (Di sprezzo degno se stesso rende chi pur nell ira la donna offende. Dov'è mio figlio? Più non lo vedo...).
Don José no tiene ninguna espalda cubierta sino todo lo contrario. Lo ha perdido todo, sale a escena convertido en un penoso despojo de sí mismo, ya no puede caer más bajo por amor (eso también me pone), lo mismo le da ya ocho que ochenta, y el plan que le ha preparado la madre con la cursi de Micaela le da urticaria. Quiere caer más bajo todavía, humillarse hasta el colmo, y no encuentra otro modo que el de derramar sangre. Es un grandísimo personaje, el de don José. Pero es más grandísima todavía Carmen. Por eso ese choque final alcanza esos niveles de ultratosférico voltaje erótico. Yo creo que Carmen, lamentablemente, nunca quiso a don José. Ella es demasiado ella y lo que busca es, precisamente, convertir en un pelele al, en principio, arrogante oficialito, que cae rendido a sus pies al primer cruce de miradas. Conseguido el objetivo, don José pierde interés y se busca otra víctima, un torero no menos arrogante. Pobre Escamillo. En esa escena final de Carmen hay otra coincidencia con la de Traviata: en ambas escenas se tiran cosas, y lo mismo que en Traviata el momento que más me pone es el revuelo de billetes, en Carmen es cuando ella le tira a don José el anillo, con el mismo desprecio chulesco y retador con el que Alfredo tira los billetes. Y sabiendo en todo momento la suerte que le espera tras la chulería. Violeta se desmaya. Don José tampoco lo puede soportar y saca la navaja. Me pone sin remedio. Bizet las da todas. Y el contrapunto del coro que vitorea entre bastidores a Escamillo es una ocurrencia genial. Aunque es mejor la faena que estamos viendo nosotros. Para mi gusto, Bieito fue el que lo mostró más claro en su último montaje para el Liceo. Me gusta mucho esa producción: la idea de que don José termine arrastrando el cadáver de Carmen por la arena, como un toro muerto, es de una brillantez insuperable.
También hay coincidencia de frases. Carmen le dice a don José, respecto a Escamillo, lo mismo que Violetta respecto al barón: Je l'aime! E insiste: Je l'aime et devant la mort même, je répéterais que je l'aime! Demasiado para un hombre (esta vez sí: ¡un hombre!) ciego, dispuesto a llegar hasta el final ante una mujer que sabe que acaba de firmar su sentencia de muerte. Con el intercambio inicial del c'est toi, c'est moi, cada vez que don José dice ne me quitte pas, o cuando dice pour la dernière fois, o il est temps encore, cuando Carmen dice je ne t'aime plus, o laisse moi passer, y no digamos lo de libre elle est née et libre elle mourra, se me arma un cosquilleo en el cuerpo que si eso no es ponerse cachonda, ya me diréis vosotros lo que es.
Ma Carmen adorée! ...
_________________ Don't matter now, I'm strong, and I know it, and I'll stay strong...
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