Como aperitivo al “mes Gounod” que se avecina en julio, a cargo de Des-tip-netta, con una fantástica Grand-Opéra en cartel, os presentaré en estos días otra del mismo autor.
MIREILLE
de
Charles Gounod
OberturaLa obertura, la más extensa que compuso Gounod para la escena (y aun así no es muy larga: unos seis minutos), comienza con un pasaje que más adelante servirá como introducción para el Acto IV, y con su llamada de la trompa y su brillante armonía evoca los espacios abiertos. Después, sigue un allegretto, tema asociado a Vincent y a la farandole del Acto II.
Durante unos años, desde una función ofrecida en 1939 con Reynaldo Hahn como director, la obertura no se interpretó al principio sino entre el primer y el segundo acto. En el libro “La vraie Mireille de Gounod” de Guy Ferrant, que voy a utilizar como fuente principalísima para esta exposición, el autor aduce varias justificaciones.
Por un lado, el acto I es bastante breve. Si tras su finalización se realiza una pausa de 10 ó 15 minutos, ésta resulta tan larga como el propio acto y hace que se pierda la atmósfera de juventud y poesía provenzal que acaba de crearse. Y en la década de los 30 y los 40, cuando aún había decorados pero faltaba la tecnología (al revés que ahora), unos cuantos minutos sí se necesitaban para poder montar el decorado del Acto II. La interpretación de la obertura en este punto permitiría salvar ambos inconvenientes.
Desde el punto de vista práctico, el autor aduce algo muy curioso, y que en mi opinión, más bien es un punto a favor de que la obertura vaya al principio: que salvo raras excepciones, una obertura nunca se escucha con la misma atención que un interludio o un entreacto debido, en buena medida, a que el público casi siempre llega tarde y hace ruido al sentarse. Esta situación me parece anacrónica para el siglo XX, pero si es verdad, digo yo que mejor perderse la obertura que el comienzo de la ópera, ¿no?
En cualquier caso, Ferrant añade que también desde el punto de vista musical está justificado trasladar la obertura ya que este fragmento, en el espíritu de Gounod, es más bien un poema sinfónico evocador de la Provenza. Así, en la revisión que hizo el compositor en 1874 ya no utilizó los veinticuatro primeros compases de la obertura como preludio al acto IV. De todos los motivos que se pueden oir durante la ópera, los únicos que figuran, entonces, en la obertura son el que se refiere al amor de Mireille (Acto I) y el coro de San Juan (Acto IV) con el que termina.
En fin, cualquiera le enmienda la plana a Reinaldo Hahn, pero a mí, sinceramente, me parece que las oberturas han de oirse al principio, y que si Gounod hubiera querido que funcionase como un entreacto, ya se hubiera cuidado de ubicarla donde lo hizo Hahn.
Obertura. Georges Prêtre Live In Concert Hamburg 1962