
Actos II y III, por fin.
Disfrutable, bastante. Lo primero que llama la atención es lo enorme que puede resultar un papel como Scarpia cuando el barítono canta notas musicales en todo momento, incluso en lugares como
Ma fatelo tacere o
Nel pozzo del giardino va, Spoletta. La infalible musicalidad de MacNeil viene a demostrar, una vez más, lo innecesario de las tradiciones efectistas espurias en la ópera italiana, y su concepción amplia, espaciosa y viril de la parte resulta estremecedora en su magnificencia. Verrett sortea los extremos agudos de la parte de forma aceptable (un poco extraños los dos primeros Do5, cantata y Ah, cessate il martir, fulgurantes los dos últimos -aunque el Si4 de Diffonderem tiene una cola a obviar-) y se pega un Vissi d'arte estimabilísimo, aunque los contrastes entre registros son notorios, la (trabajada, pero tampoco trabajadísima: Senti, l'ora è vicina se transforma en una especie de Loooooenti, l'ora e vicina) dicción no siempre es espontánea y la parte más lírica de la lírico-spinto italiana no la termina de tener. De alguna extraña forma, opina que para robarles el show a Pavarotti y MacNeil tiene que estar como muy febril todo el tiempo, y ahí, la dirección escénica le juega malas pasadas, con forcejeos imposibles con MacNeil en el segundo acto y un cruce irritante de clichés con Pavarotti en el tercero (la movenza de la scenica scienza recuerda un poco a Victoria de los Ángeles cantando Rosina). Alguien (dejémoslo ahí) ha pensado extrañamente que Shirley Verrett es Maria Callas, porque la copa de vino y el cuchillo en el acto II son Londres puro. Bueno, no. En Londres tenía sentido. Lo mejor del show terminan siendo, con todo, las efusiones líricas de Pavarotti y sus espléndidas medias voces en varios momentos del dúo del acto III.
Un íntimo amigo mío que ya no está con nosotros estuvo en esas funciones. Entre que los tres cantantes son enormes y él, musicalmente un tanto conservador, era muy de Callas y Gobbi y esas cosas, estoy convencido de que lo pasó en grande con este operón.