
De momento solo el acto I.
¿Se puede odiar a Tito Gobbi en Tosca? A algunos supongo que les costará entenderlo, pero cuando la idea de cantar pasa por su forma de hacer
Gia mi struggeeewwwweeeaaawwwaaaaa l'amowor della Diva y la de interpretar por pseudosibilinizar frases como
ad un caddddddavvvvvveerrrreeeee (nada que ver con el esperpento de Sherrill Milnes, también hay que decirlo), pues bueno, puede ocurrir. ¿Pero se puede odiar a Tito Gobbi en Tosca cuando no está cantando? Hombre, es más difícil. Pero si no se comparte paranadaparanada una idea de Scarpia tan venial (y casi zafia) como la suya, uno puede estar escuchando a la Tebaldi cantar
Vissi d'arte y pensando
Ya, sí, lo que quieras, mujer, pero si el Scarpia diese miedo entonces te ibas a enterar tú. ¿Pero se puede odiar a Tito Gobbi en Tosca sin que cante ninguno de los papeles? Bueno, pues resulta que sí. Es lo que pasa con este DVD.
Porque o Shirley Verrett, Luciano Pavarotti y Cornell MacNeil son los peores actores del mundo, y además se inventan la dirección de actores sobre la marcha y sin ensayar, o el compañero Tito Gobbi, autor de la producción dada en el Met en 1978 y de la que proviene el DVD, y celebérrimo revelador de los significados profundos de los papeles de su cuerda, ha comprendido
Tosca tan bien que yo no me entero. Aquí todo el mundo está obsesionado por santiguarse, es guay. Aunque para ello Scarpia tenga que tener agua bendita en la mano como medio minuto para luego poder hacer unos aspavientos a la vez que la Verrett en plan natación sincronizada o kata de supersayan por parejas. A la Verrett la complace todo el mundo también. Para eso es la diva. Aunque a veces tiene que pedir las cosas dos veces. Por ejemplo, en el dúo, ella dice
Ma falle gli occhi neri y Pavarotti le da largas,
Mia gelosa y tal. Pero cuando lo vuelve a pedir, más adelante, Pavarotti se sube a un andamio (con la jovialidad que le caracteriza, eso también) y hace como que emborrona los ojos de la Maddalena-Attavanti (que encima están ALLÍ arriba) con una especie de brocha más propia de Bert, el de
Mary Poppins. Un cuadro. Aunque lo más gracioso es que, convencidísimo de que lo que acaba de hacer tiene mogollón de gracia, Pavarotti encima le pone cara de Dulcamara vendiendo sartenes (la culpa va a ser de Fernando Corena, que también anda por ahí, pero no nos vamos a meter con él porque es mejor bajo que el desdichado Angelotti y casi no hace de sacristán travesti como con Karajan en DECCA).
En cuanto a qué tal cantada está la
Tosca, que es en principio lo que me importaba a mí, pues entre bien y muy bien. Pavarotti sabe que no es un filósofo, pero que las escenas febriles con Angelotti, en plan un poco enfático (con
slancio, que le dicen), le van mucho, y que puede tirar el Met abajo con la
Recondita Armonia y el
La vita mi costasse. MacNeil está muy hecho al papel (tiene cara de pan, pobrecillo) y sin salirse de de su sitio construye un acto primero donde, llegado el momento, no necesita ningún efectismo para revelar su maldad en el Te Deum (por si no se lo imaginan, termina el acto santiguándose). Y Shirley Verrett ha llegado por los pelos a la preparación del papel (que, por otro lado, tampoco responde plenamente a su vocalidad), pero, aunque no está lírica total como las italianas clásicas en Non la sospiri, consigue frases de gran intensidad cuando puede exhibir sin agobios su timbre carnoso. Y la divona está totalmente, eso también. En conjunto, desde el punto de vista vocal, un acto I de Tosca francamente disfrutable.
Mañana veo el II. Ya les contaré.
O igual no, según me dé.