"...o sobre como se pueden hacer cosas maravillosas con pocos medios si se ponen ganas, ilusión y amor a la música"
Pues eso, ayer asistí a la función de Le Nozze di Figaro en el Teatro Palacio Valdés de Avilés, a cargo de la Ópera de Cámara de Varsovia. Evidentemente iba con mucho miedo, pues la falta de medios escénicos y vocales, de las compañías ambulantes de ópera pueden provocar tardes de auténtico sopor.
Nada más lejos de la realidad, en este caso. Los medios escénicos, aunque escasos, fueron excelentemente aprovechados, haciendo una versión austera pero no exenta de detalles de buen gusto en los decorados, con un uso muy inteligente de los elementos de cada escena. La orquesta, aún con algunos problemas de afinación en los vientos, fantástica, increíble la articulación de las cuerdas y la capacidad para seguir los tempi del director, que hacía volar la música de Mozart.

Me recordó mucho, en este aspecto, a la versión moderna de Gardiner: todo fluía muy vivo pero sin sensación de apresuramiento.
Los medios vocales también eran bastante limitados, especialmente en el caso del Conde y de Cherubino, engolado uno y sin apenas proyección "el otro". La única que se salvaba vocalmente era Susanna, que hizo un "Giunse al fin..." realmente emocionante. Lamento no poner sus nombres pero es que... ¡ni venían en el programa! Venían en un mini papelito aparte que perdí. Vestigios de su formación en un país comunista, supongo...
Pero el resto, sencillamente maravilloso.

El grado de conjuntación, el desparpajo escénico, la dirección de actores, la claridad con la que sonó la música de Mozart y la magnífica traducción del libreto obraron el milagro. Todos hicieron su trabajo a la perfección, incluído el coro, magnífico: dió la impresión de que tanto solistas como coro estaban a la misma altura técnica; debe ser típico de estas formaciones, en las que se deben repartir los papeles de las distintas obras entre todos. Y me gustaría hacer una mención especial para Don Basilio, absolutamente desternillante en escena, que logró divertir a todo el mundo hasta con su aria del cuarto acto.
En resumen, velada maravillosa en la que la música de Mozart inundó el teatro gracias a una compañía que suplió la falta de medios con la experiencia y el amor por la música. Me parece un acierto por parte del ayuntamiento de Avilés; allí donde es imposible producir una temporada o siquiera un título de ópera al año debería llevarse de vez en cuando alguna compañía que despierte el interés por la ópera. Todavía deben quedar compañías como esta, producto de la espléndida formación musical de los países del este, de las que podemos disfrutar mucho.