
El miércoles asistí a la función de "Gata sobre tejado de zinc caliente", la adaptación libre de Àlex Rigola (que también dirige) sobre la obra original de Tennessee Williams. He dejado una reseña un poco más amplia en mi
blog, pero en resumen la adaptación de Rigola resulta más descarnada y explícita, más violenta desde el punto de vista verbal, y bascula sobre lo que Rigola llama "psicoanálisis imposible" (por realizarlo un padre a su hijo y no un terapeuta sobre los conflictos padre-hijo), el intercambio de golpes casi pugilístico entre Brick y su padre, o más bien el golpeo del padre sobre el ánimo acorchado de un personaje que, superado por sus conflictos interiores, de identidad personal y sexual, busca su propia destrucción física y moral a través del alcohol. El resto de los personajes y tramas pasan a un muy segundo plano, incluida Maggie la gata y la tormenta de deseo e interés en que se debate. La escenografía es acertada e intimista (el suelo del domitorio de Brick y Maggie convertido en la tierra fértil de la plantación sobre la que brota el algodón pero donde no terminan de llegar los hijos, el piano con las botellas que Brick vacía sin descanso, el Why is it so hard to talk? de neon sobre el fondo, la iluminación que atraviesa crudamente el escenario de lado a lado y que provoca acusados claroscuros sobre el rostro de los actores), y en el montaje hay en general una fuerte sensación de tensión y de vida y poco teatro acartonado.