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Bueno, pues hoy se ha visto una Butterfly de 2008 desde San Francisco en cines. Máxima confusión inicial, porque como justo estos días están reponiendo ese mismo montaje en San Francisco, yo pensé que lo que íbamos a ver era una de esas funciones (Dessí-Secco). Pero, en su lugar, se vio una de la ronda anterior, de Diciembre de 2008 (creo) con Patricia Raccette y Brandon Jovanovich como el matrimonio y Donald Runnicles dirigiendo.
Bien el sonido y muy buena la filmación, que permitió apreciar un montaje clásico pero lleno de detalles originales de buen gusto y poder teatral: Pinkerton tiene varios detalles de castigador, tanto con Sharpless como con Butterfly; Butterfly acaba entregándose a la pasión, Sharpless muestra mayor cinismo del acostumbrado... y, sobre todo, tres detalles:
1. Suzuki es la gran piedra angular que tira de Butterfly durante toda la segunda parte, casi actúa como su madre. La anima, está pendiente de ella, nunca se derrumba.... y, al final, comprende que es la última vez que va a ver a su señora, porque ambas se intercambian una larga mirada de despedida en la que Butterfly parece decirle: "gracias por todo, pero no ha podido ser, lo siento muchísimo." Uno se queda esperando un abrazo entre las dos mujeres que nunca llega.
2. Kate Pinkerton (que siempre me pareció un pegote) le roba a Sharpless algunas de sus frases finales, de forma que es ella la que dialoga con Butterfly. Primero, cuando la geisha pregunta que quién es, es ella la que le dice Son sua moglie. Son la causa inocente d'ogni vostra sciagura. Perdonatemi, luego, cuando hablan de entregar al niño, es ella la que vuelve a decirle Fatelo pel suo bene il sacrifizio. Y creo que aún pisa un par de frases más a Sharpless. Nunca lo había visto hacer así, pero me parece una solución muy interesante, que dota de cierta personalidad a un personaje que de otra forma solo pasaba por allí, pese a que tiene gran protagonismo en la trama.
3. Butterfly se suicida JUSTO DESPUÉS de oír las llamadas de Pinkerton, y no justo antes como es costumbre. En algunas producciones, parece como si Butterfly, moribunda, se arrepintiese de lo que acaba de hacer al oír la voz de su marido, y estuviese dispuesta a perdonar. Aquí, como en un acto de dignidad, ya le da todo igual: es consciente de que la ha tratado como un trapo, y se mata, aún sabiendo que tal vez si esperase un minuto puede que el americano arrepentido se baje los pantalones y ella le perdone. Creo que es un detalle que dota de gran dignidad al personaje de Butterfly. Me encantó.
Vocalmente, Patricia Racette me dejó frío, y es lo peor que me puede pasar en esta ópera. Canta bonito, parece una voz de enjundia y da todas las notas (bueno, cala un par de ellas...), pero la intención dramática es limitada, y a veces incluso sobreactuada. No emociona. No sé... para la fama que tiene, se me ocurren un puñado de Butterflys mejores en circulación hoy día: Gallardo-Domás, Dessí, Zhang, Cedolins. Porque Racette la canta bien, pero para mí, hacer Butterfly sobre un escenario debe de ser mucho más que cantarla; y, es más, Butterfly para mí es un papel donde una actuación soberbia podría suplir ciertas carencias vocales, pero nunca al revés. El físico tampoco lo da (claro que en este sentido los primeros planos no la ayudan mucho).
Brandon Jovanovich puede que sea el Pinkerton escénicamente más creíble que haya visto en toda mi vida: joven, rubio, alto, buena presencia... Es Pinkerton. Pero vocalmente la voz suena chiquitina y mal colocada (¡en cines!... ni me quiero imaginar en el Teatro). Química con Racette, ninguna.
Sorpresa y aplauso para la Suzuki de Zhen Cao: no solo tiene una voz interesante, sino que además está implicadísima en lo escénico, y tiene los movimientos orientales muy bien asimilados.
El Sharpless de Stephen Powell bien, gracias. Pasaba por aquí... tiene oficio y parece digno, pero está lejos de los grandes artistas a los que les he visto este rol en directo...
Sorprendentemente buenos los secundarios (la Kate Pinkerton con razón se ganó las frases que le regalan).
La dirección de Donald Runnicles, ordenada pero algo falta de chispa pucciniana.
Y lo mejor: la sala, grandecita, bastante llena, y la gente salía encantada. Viva Puccini.
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