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Una vez más, gracias a Le Gouverneur por atreverse a romper el fuego (como siempre) y por sus interesantísimos comentarios.
Mi impresión se acerca más a la de sigfrid2006. Me lo he pasado como un enano. Será que le tenía ganas a esta ópera e iba rendido de antemano, será que no tenía ese gran recuerdo de las funciones de la Zarzuela (no había visto esta ópera en vivo, lo mío era la grabación de Britten, de tremenda intensidad, y hay que decir que, en vivo, me ha parecido todavía más esplendorosa de lo que esperaba, y se ha colocado entre mis absolutas favoritas de Britten, junto a Peter Grimes y Midsummer), será que, gracias a the kindness of not so strangers, esta vez pude sentarme muy cerca de la orquesta y de los cantantes, en vez de asomarme en equilibrio precario y vertiginoso desde las alturas (y pude ver qué trabajadas estaban las expresiones faciales de todos los intérpretes, incluyendo el niño, al que se oía perfectamente, lo que es un requisito mínimo pero importante), pero he salido con ganas de más (afortunadamente tengo otras 2 entradas).
Musicalmente se podrá discutir, y otros lo harán (la orquesta terminó con más aplomo de como empezó y se portó mejor en los momento más pausados y líricos, Bell es un poco gritona a veces y tuvo un pequeño percance en su primer monólogo, pero está completamente entregada y la voz es sustanciosa, aunque no bella, etc...) Pero yo me metí en la obra como pocas veces me ha ocurrido (tiendo a distanciarme mucho de lo que ocurre en escena), aunque eso sea, en gran medida, merito de Britten y su libretista. No tengo ahora la cabeza (y la probrecita tampoco da para mucho en horas menos intempestivas), para meterme en el charco del análisis de la interpretación musical (aunque ya entenderéis que muy mala no me ha parecido, cuando he disfrutado tanto), y hay cosas reprochables. Pero la puesta en escena me parece fantástica, con unos efectos de luz para crear ambientes y expresar sensaciones magníficos y sutiles, y con un trabajo de actores muy depurado, por lo menos, como digo, a corta distancia. Y, como señala Le Gouverneur, es muy bella de ver. Otro merito de la producción es cosa personal. Me repele en exceso ver niños en un escenario. Me enajenan de la función, me pongo a pensar en si lo estarán pasando mal, si se sentirán ridículos con los trajecitos que les ponen o los gestitos y monerías que tienen que hacer (o, peor aún, si estarán encantados de sí mismos)... Esto no me ha ocurrido hoy.
Sólo me queda maravillarme de cómo habrán sido esas funciones de la Zarzuela para que a los que las han visto ésta se les quede corta.
Aviso de que lo mío quizás sea el entusiasmo ingenuo de una virgen
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