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Lucrezia Borgia. Viena Staatsoper, 10-10-10
Edita Gruberova, José Bros, Laura Polverelli, Michele Pertusi, Dan Paul Dumitrescu, Peter Jelosits.
Director Musical: Fredrich Haider. Versión concierto.
El papel de Lucrezia Borgia, magnífica ópera del maestro Donizetti, estrenado por Henriette Merit Lalande es muy complicado, tanto en lo vocal como lo dramático. Sometida a escenas violentas como aquella en que le arrancan la máscara en el prólogo o cuando presencia cómo su hijo es envenenado en dos ocasiones, la última de ellas fatalmente.
La tesitura es muy central y grave, con algunos ascensos muy puntuales, además de coloratura di forza. Si pocas Normas ha habido de nivel, casi aún menos Lucrezias. La lista se quedaría prácticamente en dos: Joan Sutherland y Montserrat Caballé.
Edita Gruberova, a más bajo nivel que en la Lucrezia de Barcelona, no se encontró cómoda en ningún momento. Tarda en calentar y la muy central aria de salida “Come bello” no le favorece, pues discurre por la zona de la voz que más acusa el lógico declive. No pudo colocar la voz arriba, alta, en punta que es donde ella se siente cómoda y ofrece ese sonido brillante y percutiente. Además, en contra de su habitual inteligencia que le ha permitido llevar estos papeles, (e tesitura-en principio- complicada para ella), a su terreno, prodigó unos graves de pecho, abiertos y broncos, que además de no sonar y resultar ingratos, perjudican su organización vocal.
Apenas ningún regulador de esos que dejan sin respiración, sí algún agudo de factura, como el do del cantabile “M’odi, ah! M’odi”(uno de los mejores momentos de la noche) o situaciones de diva de raza como cuando realiza una pausa dramática, se planta delante del bajo y ataca con arrojo “Oh a te bada a te stesso por mente, Don Alfonso, mio cuarto marito!” o el rondò final en que se produce ese momento en que una diva ataca la escena final de una ópera ante un teatro totalmente absorto y en el que no se oye una mosca, y loe echa abajo al finalizar (con un sobreagudo, algo abierto pero penetrante). Algo que raramente volveremos a ver en este presente-futuro operístico actual.
En mi opinión, no debería insistir en este papel, en el que está incluso más al “disagio” que en Norma y que no ha constituido una de sus grandes creaciones dentro del belcanto italiano, como sí es su fabulosa Elisabetta del Devereux, Maria Stuarda o, en otras coordenadas, sus ya legendarias Lucia o Elvira de Puritani.
José Bros sigue con problemas con los agudos, que evita en la medida de lo posible. Ni siquiera cantó el aria compuesta por Donizetti para el tenor Ivanov en el acto II “T’amo qual s’ama un angelo” que sí interpretó en Oviedo y Barcelona. La voz oscila de manera inmisericorde al ascender. Permanece, por supuesto, su gran profesionalidad, su finura, buen gusto y sentido de la línea y del estilo belcantista.
Laura Polverelli canta bonito, tiene legato, pero el sonido no está liberado, la proyección es limitada y carece de solidez en el grave y de expansión y punta en el agudo. Michele Pertusi sigue cantando con corrección, pero el timbre está cada vez más mate y leñoso
Dirección poco inspirada pero eficaz de Friedrich Haider, al servicio de los cantantes y sobre todo de la protagonista. Orgiástica y deslumbrante, la actuación de la Filarmónica de Viena que presentó a su primera plantilla con, nada menos, que su concertino titular Rainer Küchl, al frente. Lo recordarán, ese calvete que vemos siempre en los conciertos de año nuevo.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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