Después de mucho ajetreo lírico, por fin encuentro algo de tiempo para escribir la prometida crónica de la representación de
Montezuma del sábado 18. Y empiezo diciendo que no es "un tostón" ni "un ladrillazo", como ha podido leerse en algún post anterior. Otra cosa es que la representación alcanzase ó no el nivel debido, pero son circunstancias que no tienen que ver con la calidad de la partitura, que es innegable. La verdad es que la música de Graun siempre me ha gustado, por el dramatismo que manifiesta en sus arias, de una enorme expresividad. Razón de más para no dejar pasar la representación de una de sus óperas.
Carl Heinrich Graun (1704–1759) fue
Kapellmeister de Federico II de Prusia. Fue el propio monarca el autor de la sinopsis argumental para
Montezuma, y esta sinopsis fue desarrollada por Giampietro Tagliazucchi para transformarla en un libreto en italiano.
Montezuma es una ópera seria en 3 actos, estrenada en la Hofoper de Berlín el 6-I-1755.
En ella se cuenta la llegada de Hernán Cortés a México, la conquista de Tenochtitlan y la caída y ejecución del emperador Moctezuma. El propio Federico II se identificaba con la imagen de Moctezuma como gobernante bondadoso con su pueblo, e intentó reflejar en el argumento de la ópera de Graun los problemas de la conquista y de las ambiciones colonialistas, así como el siempre difícil diálogo entre conquistadores y conquistados.
La representación del día 18 resultó irregular, ciertamente. Pero vamos por partes:
–El sopranista
Flavio Oliver se encargó del protagonista que da título a la ópera, y fue lo mejor que había sobre el escenario, desde el punto de vista vocal y actoral, pues su visión del personaje es muy convincente ¿Que tiene un físico nada desdeñable y lo explota en este papel, donde el vestuario es más bien sucinto? Pues mejor aún. No me parece un punto en contra, precisamente. Y Oliver no sólo es fachada. Canta, y muy bien.
–
Lourdes Ambriz era la soprano que hacía de Eupaforice, la prometida de Montezuma, con la que está a punto de desposarse cuando llegan los conquistadores. Empezó vocalmente fría y con escasa proyección, pero todo fue mejorando a lo largo de la representación hasta el impresionante duo final en el que mueren ambos personajes. Hay que decir que el papel de Eupaforice es bellísimo, con unas arias de coloratura de enorme dificultad, que Lourdes Ambriz supo resolver. La dirección de escena le puso las cosas muy difíciles, teniendo que desgranar coloraturas estratosféricas con los ojos vendados a la par que debía calzarse unas ostentosas sandalias de altísimos tacones. En otra escena, baja una escalinata mientras otros personajes van empujándola hasta hacerla caer, y termina el aria arrastrándose de escalón a escalón (luego sube la escalera del mismo modo…) ¡Artista!
–El tenor mexicano
Rogelio Marín se encargó de la parte de Tezeuco, sirviente del protagonista. La voz es escasa, así como la de su compatriota la soprano
Lucía Salas, que encarnaba al joven guerrero Pilpatoé. Dos voces realmente pequeñas, muy atrás, sin proyectar. Un caso parecido fue el de la joven soprano colombiana
Lina López en el papel de Erissena, dama de compañía de Eupaforice: la de Lina López es una voz pequeña, pero con un color más agradable que la de Lucía Salas. Y también fue mejorando a lo largo de la noche.
–Lo peor vino por parte de los contratenores
Adrian George Popescu (Hernán Cortés) y
Christophe Carré (Pánfilo de Narváez). Los malos de la historia eran malos en todos los sentidos. Popescu es un cantante realmente defectuoso, que suelta 10 notas y acierta en dos, pero no le importa lo que pasa con el resto… Frases muy poco cuidadas, finales de frase casi desimpostados. De juzgado de guardia. Carré tampoco le fue a la zaga, tragándose el sonido, comiéndose notas, etc… Un par de maravillas

. Y no es que aborrezca la voz de contratenor, todo lo contrario. Pero si lo hacen mal, también lo digo. Fue una verdadera pena el aria de entrada de Narváez "Vedrai fra queste mura", que Carré asesinó sin piedad.
–En la butaca 1 de la fila 3 del patio (que en realidad era como la fila 1, pues habían quitado las dos primeras) disfruté una barbaridad mirando todo lo que sucedía en el foso, con un
Concerto Elyma que sonó muy bien. La música es muy hermosa, y desde el sitio que estaba leía perfectamente la partitura por encima del hombro del director
Gabriel Garrido. Siempre me gusta estar pendiente del foso, y ahí lo veía muy de cerca, sobre todo a la estupenda concertino
Olivia Centurioni, pendiente constantemente del director y del continuo (fantásticos la viola da gamba, los claves, los cellos y mención especial para el laúd de Samuel Manzano). Me gusta la dirección de Garrido y la vida que imprime al conjunto. Además disfruté mucho viendo su gesto al dirigir, contenido y elegante, pero también apasionado.
–El
Coro de Ciertos Habitantes está formado por ocho voces que funcionaron muy bien. En varias ocasiones pensé que alguna de las voces de este coro hubiese estado mejor para algún papel del reparto… No seamos malos
Y me gustó en conjunto la controvertida dirección de escena del mexicano
Claudio Valdés Kuri, fundador y director del Teatro de Ciertos Habitantes. La ópera de Graun le sirve para establecer una dialéctica entre conquistados y conquistadores, con una ambientación histórica, pero sencilla visualmente, y que va llenándose de detalles contemporáneos que acabarán invadiendo la escena en el Acto III. Los aztecas de la época de Moctezuma ofrecen botellas de plástico llenas de agua mineral a los conquistadores… y en compensación Narváez les da botellas de Coca–Cola. Hay apariciones puntuales de los vendedores de los mercadillos mexicanos actuales: uno de ellos estaba en el patio de butacas al principio, intentando vender el pectoral de gala de Moctezuma. Además, el vestuario de
Jimena Fernández también mezcla elementos de una y otra época, pues los adornos de los tocados y mantos del emperador están hechos con chapas y envases de refrescos. Es un sincretismo buscado, que irá imponiéndose a lo largo de toda la representación hasta desembocar en el Acto III, donde la orquesta se ha vestido de calle y sube al escenario, y el referente visual es el México contemporáneo con arquetipos reconocibles a partir de cualquier telenovela (colegialitas petardas con faldita de tablas, travestones, luchadores de pressing, punkies, vendedores ambulantes, etc…), y una enorme bandera mexicana que lleva enrollada Eupaforice y que se despliega desde la altísima columna sobre la que está Montezuma, y de donde caerá en la escena de su ejecución. Creo que la producción está llena de detalles ingeniosos, y me parece una lástima que la crítica se haya quedado sólo con la anécdota de la sodomización de Montezuma por Cortés y con los ladridos de la perra que saca varias veces Narváez (la perra se llama Sina, figura en el programa). En efecto, la perra molestó bastante. No había más que ver las caras de Gabriel Garrido y de algunos músicos en el foso.
Un último apunte: si alguien se quejó de los programas de
Onegin, que redujeron su contenido a la mitad de lo habitual, el de
Montezuma es ya la mitad de la mitad. Figura sólo el reparto, una sinopsis argumental, no está el texto del libreto, y sólo hay un artículo y 4 fotos de la producción. Y cobran 2 eurípides por ello. Creo que a esto lo llaman ahorro
