Bramante escribió:
Bayista eres un crack. Muchas gracias por la clase magistral. Un comentario y una pregunta:
- En realidad al encontrarse la escenografía retirada de la boca del escenario unos 6 ó 7 metros quizá la sensación de de encontrarnos "dentro de" desaparece un poco.
Ante todo, muchas gracias querido amigo.
Repito que yo ni he visto la puesta ni sé qué se le ha pasado por la cabeza a Tcherniakov, director y también escenógrafo del Onegin, a la hora de concebir el espectáculo, ni por la del equipo técnico del Teatro Real, que tienen entre sus actividades principales, precisamente, supervisar y adaptar los montajes entrantes en el teatro.
Apuntas que al estar alejados de la escenografía, el efecto de econtrarnos "dentro de" se pierde. Por supuesto, y es posiblemente sea buscado, pero es un efecto íntimamente relacionado a lo que yo exponía sobre los límites visibles de la escenografía.
Si los límites de una escenografía exceden la visual del espectador podemos potenciar el efecto de estar DENTRO de la escena, mientras que ésta se encuentra "limitada" tenderemos a situarla dentro de una cajita y, por ello, tener la sensación de "espía", como a través de una ventana.
Este pequeño detalle puede parecer una tontería, pero realmente tiene muchísima carga dramática, y puede ser una potente arma expresiva. El mismo concepto de cuarta pared, por ejemplo, pasaría de ser un distanciamiento dramático (que puede ser saltado, por ejemplo, si los personajes se dirigen al público) a ser un distanciamiento real (un verdadero muro entre la escena y los espectadores), potenciando el efecto de aislamiento, desconexión o claustrofobia.
Podemos, además, aumentar esta sensación situando la escenografía más cerca o más lejos del espectador, pero ojo! Siempre dentro de las capacidades técnicas de un teatro! Hay que tener en cuenta que legalmente una escenografía debe estar situada DETRÁS del telón cortafuegos (y si hay algo delante debe ser un cuerpo aislado, sin continuidad con el resto), y debe adaptarse a la disposición de las varas contrapesadas y las electrificadas: No basta con implantar tu escenografía, también tienes que dejar al iluminador hacer su trabajo!
Por otro lado, y dejando el sentido dramático a un lado, también podemos jugar con los conceptos de "límite/ausencia de" en la representación arquitectónica de un espacio, que es uno de los principales acometidos del "arte del simulacro" que es la escenografía: Conseguir que una buhardilla de trece metros de ancho sea entendido como un espacio "pequeño" delimitánolo, o que el público tenga la sensación de estar dentro de un templo egipcio de medidas colosales en un escenario con una embocadura de ocho metros, no haciéndolo.
Citar:
Por qué crees que los mínimos cambios escénicos requerían paradas de 3 ó 4 minutos? Estoy hablando de cambios muy pequeños (quitar platos y cambiar las sillas o cosas parecidas).
Pues se me ocurren varias posibilidades, la verdad, empezando por que un cantante necesite cambiar su vestuario (nadie me ha contado nada de esto, alguien puede hacerlo?).
Yo conozco poco a Tcherniakov, pero por otras cosas que he visto de él, como el trailler que colgaron en el foro de sus Carmelitas (ejemplo excepcional de una escenografía aislante, aunque no sé hasta qué punto acúticamente favorable), apuntaría a un efecto netamente teatral: Por un lado creas una ruptura total entre los cuadros, mientras que por otro lado estableces un paralelismo. ¿Por qué duran tanto las pausas? No lo sé, pero quizás precisamente para crear esa expectación de un cambio que luego no se da, sino en pequeños detalles, obligándo al público a reconocerlos para saciar la expectación (un poco como en los da capos de mozart, un pequeño cambio aquí, un pequeño cambio allá, aportando una nueva visión).
Hace unos dos años vi un espectáculo en el Teatro de la Zarzuela llamado
I went to the house, but did not enter (creo que algunos foreros lo vieron...), cuyo primer cuadro consistía en una habitación vacía con una mesa central. Cuatro señores llegaban, colocaban un mantel, unos platos y un florero y, cuando ya estaba, lo desmontaban y se iban, todo a un tempo lentíiiiiiiiiiiiiiiiisimo. Os puedo jurar que según pasaba el tiempo la expectación ante la necesidad de que algo TENÍA que ocurrir creacía expotencialmente, y tenía a todo el público enganchadísimo. Al final nada ocurría... y era espeluznante.
Quizás el problema sea que Tcherniakov utilice un código teatral para un espectáculo, la ópera, que no es teatro propiamente dicho... De todos creo que el "yo no entiendo esas cosas" o "no me leí el libro de instrucciones" es una soberana gilipollez. Basta con sentir, con QUERER SENTIR, no con entender. Al final no es diferente a la decepción cuando esperabas que la soprano diera un segundo bis o saliera con otro vestido a la segunda parte (qué poco le importa Madrid si sólo ha traído un modelito en la maleta...) y no fue así, o cuando estás a punto de enrollarte con alguien y se frustra, y te vas a casa con el rabo entre las piernas (entre tus piernas). Tatiana se siente decepcionada, segura de que Onegin se sentirá halagado por su carta. Lensky se siente decepcionado por la actitud de su amigo y la ausencia de su romántica idea de la amistad, y Onegin se siente decepcionado ante la madurez de Tatiana, creyendo que volverá a caer ante sus encantos. Si alguien se sintió decepcionado por la espera en el cambio de los cuadros, no hizo otra cosa que participar del ambiente general que rodea la obra: la decepción.
Un abrazo