
yo desde luego no me había ofendido ni nada parecido
(salvo que lo de Quede ud con Dios, que me hizo un montón de ilusión, en plan las pervertidas también somos criaturas de Dios!, tuviera algún significado de Geh! wotaniano que yo, desde luego, no le di). Pero al respecto opino lo siguiente:
1.- La Historia de la ópera es tan amplia y tan rica que 100 títulos siempre son pocos, y hay que sacrificar títulos que, aisladamente, pueden sorprender.
2.- cosa que quizá pueda verse agravada (no lo sé, yo no estaba entonces) porque desde que se hizo la lista ha pasado tiempo, las sensibilidades de los foreros han evolucionado y, sobre todo, ha entrado gente nueva. Pero nunca todos serán contentables a la vez.
3.- Yo no tengo ningún interés en que se "rehaga" la lista, porque nunca podríamos solventar la "injusticia", tan sólo la trasladaríamos a otros títulos o a personas que verían el desequilibrio en otras carencias.
4.- Cuando hice Ariadne auf Naxos, yo di por hecho, en mi ingenuidad, que se trataba de un título de repertorio, y si hubiera sabido que el foro opinaba (incluso por escrito) que no era así, la habría planteado totalmente de otra forma o incluso hubiera dudado en hacerla. Ése es el lado oscuro de este tipo de listas: la gestión de los títulos que no están en ella: las que no participan en concursos, sobre las que no se debate en los juegos, las que no son calificadas en las encuestas.
5.- Todo lo cual me hace preguntarme sobre la verdadera utilidad de las listas de este tipo. Que seguro que la tiene, aunque a mí no me convenza excesivamente, pero entre esas utilidades sospecho que también está, en un sentido completamente antisiddhartiano, la necesidad operística de
definir un repertorio como espacio cultural propio en que moverse, aunque luego sus fronteras sean difusas o controvertidas: es mucho más útil la existencia propia del concepto de repertorio que el problema de que no se sepa bien dónde termina. Porque ello, de alguna forma, determina la
identidad de la afición, lo que me parece, a un tiempo, más irracional y a la vez más necesario de lo que se cree. Es decir, que quizá en los eternos debates proMortier-antiMortier, de los títulos de siempre o la demolición relativista del repertorio, en realidad estamos discutiendo sobre más cosas que el sota-caballo-rey; también estamos hablando de nosotros mismos.
Nada de lo cual se arreglaría, insisto, reformando esta lista por otra.
