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Brotad, lágrimas amargas.
Quizá todo estaba mal. O casi todo. Porque la orquestación de Shostakovic, que no conocía, me ha parecido bastante demagógica (con la excusa de ser más mussorgskiano que Rimski, me hago más mussorgskiano que Mussorgski). Porque las gradas supletorias como de fin de etapa de la Vuelta a España eran horrorosas. Porque nadie cantaba muy bien (aunque mal-mal, supermal, sólo ha cantado el Falso Dimitri, por más que el Si del dúo ha sido un pepinazo). O, sobre todo, porque el concepto, a ratos, era un verdadero disparate: un monje prófugo con un gorro de Arlequín, una Xenia que parecía que se estaba burlando del carácter de su música en vez de lamentar en serio su prematura viudedad, un Dimitri en plan pastillero y alucinado (visión de personaje que quizá explica el desaguisado vocal), una escena entre Rangoni y Marina que se la podían haber ahorrado (aunque yo lo de la mamada no lo he visto, más me ha parecido un muerdo surrealista) o un momento extrañísimo como de estrangulamiento de Dimitri a Marina en el momento que afirma su voluntad de obtener el trono del zar. O porque el coro era superfriki (la música coral en Boris es esencial y por ello mismo montarla da un montón de trabajo. Pero para hacerla así, pues no da. Es lo que tiene).
No sé si la idea de hacer tantos cortes (la nodriza, los niños del trrrrrrr trrrrrrrrr trrrrrrrrr, la escena de la revolución) y sobre todo, de convertir a Grigori en el Idiota, de tal forma que el enternecedor escrúpulo del mendigo para bendecir a Boris se convertía en una denuncia política majadera, eran de Shostakovic o del iluminado del dire, pero en todo caso se ha lucido. En fin.
Pues ya les digo, quizá casi todo estaba mal. Pero yo no me he aburrido prácticamente en ningún momento, he disfrutado de mucha música que me encanta y me he emocionado (con mucha menos intensidad que en otras ocasiones, pero sinceramente) con el final del acto II y la muerte de Boris. Por muy mal que estuviera todo, seguía siendo Boris Godunov. Nada menos.
(PD. La orquesta sonaba bien).
(PD. Decía Piccolo tras la función que suscribiría todo lo que yo fuese a decir de malo).
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