Las Cuatro Estaciones fueron mi primer contacto con la música clásica. Mi padre me la ponía desde que tenía un año, me sentaba con mi dodotis en el suelo del salón, generalmente muy soleado, y la ponía en el tocadiscos. Desde el momento en que aprendí a manejar el tocadiscos, me pasaba el día entero poniendola una y otra vez, alternando de vez en cuando con los discos del Padre Abraham y los Pitufos y con el disco "Cosas de Niños" (Qué maravilla de disco, por cierto). A los 4/5 años ya la conocía de pe a pa y al parecer la tarareaba continuamente. Con el paso de los años y, tras comprar infaustas versiones en CD que nunca igualaron la original de la Deutche Grammophon, fui descubriendo otras hasta que, paradójicamente, no la escuchaba casi nunca mis queridas Cuatro Estaciones. A ello seguro que contribuía el cansancio de oirla hasta en los anuncios de plantillas contra el olor.
Hasta hace una semana.
Por curiosidad, le pedí a un tío mío que iba con una mula a la ciudad que me comprase la versión que había aparecido en la colección de El País, una versión de la Accademia Bizantina en 1999 dirigida por Ottavio Dantone.
La verdad es que no tengo palabras para expresar cómo me ha dejado esta versión. Si fuese crítico supongo que podría expresarlo, o por lo menos decir tres tonterías al respecto que impresionaran a alguno que otro.
El único aviso para navegantes que puedo dar es que los historicistas puros mejor se abstengan, porque características del barroco como el tempo continuo y la práctica ausencia de contrastes forte/piano no es que brillen por su ausencia, es que han sido completamente masacrados. Es una relectura de arriba a abajo absolutamente radical de la obra. Hay movimientos que te hacen dudar si estás escuchando barroco o romanticismo. Supongo que en algunos aspectos se puede hasta decir que es historicista, por la cantidad de desafinaciones que plagan la obra. Pero todas y cada de una de las desafinaciones hacen que el corazón te de un vuelco, están situadas en aquellos sitios donde sonarían mejor que la nota bien afinada. El timbre de los instrumentos es absolutamente fascinante, muy alejado de la orquesta actual; aquí si se ve el historicismo, la obra parece estar tocada con instrumentos de la época. Es decir, en cierto modo es como si la obra estuviese hecha con los MEDIOS de la época pero con una aproximación estética ABSOLUTAMENTE LIBRE. De hecho, te hace ver esta obra (primera mitad del XVIII) como una de las más avanzadas a su tiempo de toda la historia de la música, cuando antes parecía que era la obra barroca por antonomasia.
Bueno, para no ser crítico he sido capaz de decir unas cuantas cosas sobre lo que me ha parecido, aunque seguro que habré soltado mis buenas burradas, que espero me perdonen

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En resumen, si estáis aburridos de las Cuatro Estaciones de siempre, haceos con esta versión, que os romperá los esquemas. Una buena muestra de esto son el tercer movimiento del verano y el primero del invierno.