Tras leer las crónicas de lo acontecido en Bilbao, aparecidas en nuestro Foro, fui anoche, día 3 de mayo, con cierta prevención

pensando en que pudiera repetirse cierto desfase entre la orquesta y los solistas. Afortunadamente no fue el caso. Habían ensayado, y música e intérpretes sonaron al unísono, y no tanto por la dirección de López Banzo que, en los dos primeros actos, se dedicó a dirigir a su orquesta, eso sí, cuidando las arias de los solistas, y más atento a éllos en los dos últimos actos.
Y la función fue de altura. Una versión semiescenificada porque los cantantes se movieron a gusto por el escenario delante de Al Ayre Español y auque el escenario del Auditorio de Zaragoza no es el mejor escenario para la lírica, desde las primeras filas, donde me ubicaba, sonó deliciosamente. Los bravos (el público zaragozano no está acostumbrado a aplaudir en una ópera) fueron dedicados a Tezier, espléndido barítono -para mí el triunfador de la noche-, y Ainhoa Garmendia a la que creo, le aguarda un largo futuro prometedor, al igual que a Maite Beaumont. Las dos conocidas arias que interpretó María Bayo,
Porgi amor, fue cuidada por Banzo y bien cantada; sin embargo en
Dove sono la Condesa fue más justita.
Bien el resto de secundarios. En el papel de Bartolo cantó Antonio Abete -correcto de timbre- en vez de Chausson. El coro no existió y fue reemplazado por los mismos solistas. Además, ésto lucieron sus galas de buenos actores a lo largo de la representación. Que a diferencia de Bilbao no olió a azahar
Como nota negativa, el programa de mano un tanto insulso y el público zaragozano. En el descanso, cuando eran las 22:30 h. fue abandonando la sala quedándonos un poco más de la mitad del aforo.

Y eso que era Mozart, no Berg y que la función alcanzó una altura musical considerable. Desde la
Salomé interpretada por las Ópera de Viena no había sonado así la lírica en Zaragoza. Ayer fuimos una ciudad de primera.
