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| Pala de Granjero |
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Registrado: 09 Sep 2004 16:00 Mensajes: 2859
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Para quien disfrute leyendo críticas:
 Cosme Marina en ABC
VOCES PARA MOZART
Reunió la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) para el «Don Giovanni» de Mozart un reparto que hoy por hoy cuesta encontrar en los teatros de primera categoría. Es un título de máxima dificultad que requiere un equilibrio que no siempre se logra al exigir que, además de una adecuación estilística rigurosa, las voces tengan carácter y sepan navegar por los procelosos requerimientos mozartianos que cruzan del drama a la comedia separados por una línea casi imperceptible. Ni tres Don Giovanni se encuentran hoy, en los circuitos líricos, a la altura del barítono Mariusz Kwiecien, que, además de interpretar el rol con garra, le aportó una calidad y calidez musical en el fraseo y en su vocalidad brillante y expansiva. Sorprendente. Como también lo fue el bajo-barítono Alan Held, Leporello ejemplar, o el tenor Saimir Pirgu, Don Ottavio entregado. La contundencia del comendador de Friedemann Röhlig y el ajustado Masetto de Lee Poulis completaron el bloque masculino del reparto.
Y el elenco encontró el contrapunto necesario en la opulenta Donna Anna de Krassimira Stoyanova, así como en dos cantantes españoles que, por fin, hacían su debut en la ópera bilbaína: Ángeles Blancas, desbordante y arrebatadora Donna Elvira; y Ofelia Sala, que, como en ella es hábito, dejó su sello con una divertida Zerlina. A buen nivel, el Coro de la Ópera bilbaína, y muy acertada la versión de Antoni Ros Marbá al frente de su orquesta, la Real Filharmonía de Galicia. Adecuación mozartiana y buena gradación de la compleja arquitectura musical de la obra fueron las características principales de una aproximación sobria y efectista.
La alta calidad musical y vocal se vio lastrada por una producción de Roberto de Simone procedente de la Staatsoper de Viena. Frente al teatro Real y la polémica puesta en escena que abrió temporada, Bilbao se refugió en la tradición, pero con una aproximación a la misma de muy bajo interés. Una antigualla de concepto pensada para el turismo de masas japonés y, además, fatalmente iluminada, restó éxito y evidenció la necesidad de seguir profundizando otro tipo de apuestas escénicas de mayor entidad.
 Luis Suñén en El País
CUANDO LAS VOCES GANAN LA PARTIDA
Si la ópera es el arte de las artes ello se debe a que lo combina todo: la música, la palabra y el teatro. Hay figurines y decorados, y los cantantes deben actuar para ser creíbles con arreglo a unas indicaciones escénicas. Si algo de eso falla, la ópera se queda en tres cuartos o en la mitad de lo que propone. Hay quien piensa, y con razón, que del foso sube la esencia del espectáculo para materializarse en las voces. Bueno, pues en Bilbao, el sábado, la teoría quedó de nuevo demostrada.
La producción importada de la Staatsoper de Viena por la ABAO responde a la general falta de imaginación de tan gran teatro, y lo mismo serviría para Don Giovanni que para Idomeneo, La clemenza di Tito u otras cien óperas. Tampoco Roberto de Simone -o Mariano Bauduin, responsable del montaje bilbaíno- hace nada por dirigir a los cantantes como actores. La variación del vestuario para demostrar la permanencia del mito es completamente inútil como idea. Muestra máxima de tan débil planteamiento es la definitiva caída de Don Giovanni, de una pobreza acongojante.
Otra cosa, por fortuna, son las voces y la dirección musical. Ésta, como era de esperar en Ros Marbà, es seria, honda, más demorada en el primer acto que en un segundo más vivaz, y responde al criterio solidísimo del maestro catalán. La Real Filharmonía de Galicia se muestra, además, como una excelente formación, una sorpresa para quien no la hubiera escuchado antes. En las voces está la gran apuesta de esta función a la que salvan con nota altísima unos cantantes jóvenes pero sobradamente preparados.
Empezando por el Don Giovanni del polaco Mariusz Kwiecien, que sabe muy bien qué personaje quiere: rotundo y fresco a la vez, ágil y claro en el recitativo. Alan Held fue un estupendo Leporello, que hizo un Catálogo cruel y despiadado contra la Doña Elvira de una Ángeles Blancas muy en su sitio y que supo hacerse con su papel a pesar de que De Simone la presenta como medio boba en Ah! chi mi dice mai. Luego, ella y Ros le dieron un adecuadísimo clima handeliano -perfectamente pertinente- al Non ti fidar. Krassimira Stoyanova fue una sensacional Doña Ana, de color ideal para el papel, magnífico su Non mi dir. Ofelia Sala, como Zerlina, demostró, una vez más, que posee una línea, una musicalidad y una capacidad expresiva admirables.
Como el Don Ottavio del albanés Saimir Pirgu -25 añitos-, que cantó formidablemente sus dos comprometidísimas arias, dando una lección, sobre todo, en Dalla sua pace. Irreprochable el Masetto de Lee Poulis y correcto el Comendador de Friedemann Röhlig. Todos y el director musical nos dieron una gran noche de canto y la muy satisfactoria sensación de asistir a la revelación de una interesantísima generación de cantantes.
 EMECE en El Diario Vasco
TODO NUEVO Y TODO BUENO
Salvo el coro bilbaíno y el título mozartiano, todo lo demás ha sido nuevo en la historia de la Abao, que ha tenido el inmenso acierto de traernos una de las producciones escénicas más importantes de la ópera Don Giovanni en los últimos 25 años, que ya causó un gran impacto con su presentación en el vienés Theater an der Wien. Pero hay que hacer un pequeño matiz a todo esto nuevo, y es que ha sido todo bueno, por no decir todo muy bueno.
Fueron tres horas, largas, totalmente deliciosas, en las que batuta, voces, foso y orquesta ofrecieron un trabajo estupendamente hecho, disfrutando de un Mozart en un estado de magnífica salud artística. resaltada por la enorme satisfacción que produce el importante triunfo que ha tenido el gran director (tantas veces ninguneado) que es Ros Marbá. Su labor ha sido ejemplar, con el bruñido de la partitura y dando sentido a cada una de las notas escritas por el genial salzburgués, desde una elegante obertura hasta el epílogo concertante Questo é il fin chi fa mal. ¿Felicidades maestro!. Por su parte, la Real Filharmonía de Galicia ha sido un ejemplo de colorido, de pulcra sonoridad y de efectivo impacto, tanto desde el foso como en sus pequeñas presencias en las tablas, requeridas con total sabiduría en la concepción de Roberto de Simone para las escenas de la fiesta y de la cena.
El dicho de que a veces se come, ab initio, por el sentido de la vista, expresado ello de modo metafórico, cierto es para esta ocasión, ya que la producción escénica del Staatsoper de Viena es un lujo para los ojos, tanto por al exquisitez de la técnica escenográfica empleada y del vestuario lucido, como por el uso de los colores y de la luz que dice más que ilumina cada escena; la de la cena postrera es un ejemplo de ello y de una impactante intensidad dramática. ¿Qué bueno gozar así!.
El joven barítono polaco Kwiecien, como el burlador sevillano, fue de menos a más, pasando por una inicial emisión un tanto oscura a ir ganando brillo en al voz, sobre todo a partir de la canzonetta Deh, vieni alla festa, e impecable desde el punto de vista escénico. El bajo barítono Held, voz importante, fue un Leporello cuajado de sentido, de oportunidad escénica y con un desarrollo vocal en plenitud, como lo dejó patente en el aria Madamina, il catalogo é questo, sin aspavientos.
Frescura vocal e intencionalidad dramática presento la soprano valenciana Sala como Zerlina. Qué bonito su Batti, batti, o bel Masetto. Este personaje, el del aldeano esposo, con una concepción escénica muy particular, presentado como especialmente bobalicón, estuvo acertado en el barítono Poulis. Sorprendió, por su alta bondad, de no habitual asignación para el cometido del Comendador, la voz del joven bajo alemán Röhlig.
El tenor albanés Pirgu fue un don Ottavio aceptable, con una linea de canto bien colocada pero un tanto espesa para la ligereza que requiere la tesitura mozartiana en este cometido; pequeños desajustes de frialdad se le vieron en Il mio tesoro intanto. Ángeles Blancas, ha heredado la bravura vocal de su madre, Ángeles Gulín, pero con el añadido de una magnífica proyección y una atrayente timbre.
Ningún pero que poner -muy al contrario- en su Doña Elvira, entregada en su Ah, fuggi il traditor. Como también resultó impecable, por lo generosa en proyección y en textura vocal la doña Anna de la búlgara Stoyanova. Muy elegante en su aria Mi tradí quell'alma ingrata.
Ha sido una velada digna del recuerdo, donde todo lo nuevo fue todo bueno
Nota: Esta magnífica producción esta editada en DVD bajo la batuta de Riccardo Mutti y la voz de Carlos Álvarez.
Manuel Cabrera (Emece) comete en su comentario un error de libro, pero antes de que alguien haga saltar las alarmas vamos a pedir clemencia, pues todos tenemos derecho a equivocarnos.
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