No hay crónica de Santiago, pero sí de Oviedo.
Fui al recital en estado de sobresaturación bartoliana por motivos profesionales. Pero disfruté mucho.
Desde luego, la tiene pequeña. El comienzo del largo y superdifícil programa fue alarmante. En su primera aria, la
signora Bartoli me hizo valorar la necesidad de comprarme un sonotone cuanto antes. Ella estaba en escena, pero la voz parecía venir de tres calles más abajo. Tengo el oído muy fino, y de veras que se la escuchaba con dificultad desde una localidad (penúltima fila del sector central del patio de butacas) donde no he tenido problemas para oír a ningún otro cantante

. Pero todo fue a más y a mejor, a pesar de un comienzo que parecía cumplir los peores vaticinios sobre "… minivoces, ópera de Liliput, orquestinas de siete gatos, etc…" que se han vertido sobre Cecilia Bartoli en este foro.
La mezzo romana ofrece un verdadero espectáculo, compuesto por doce arias a cual más difícil y tres propinas, todo ello entreverado con sinfonías y oberturas relacionadas con el repertorio vocal escuchado. Y se gana la cena con creces. Simpática y entregada al público, sabe dosificar sus recursos en todos los sentidos. Con los "dos gramos de voz" que le atribuye el forero Ghiaurov es capaz de hacer mucho más que otr@s con vozarrones que despeinan, pero mal manejados. Qué control del fiato, qué manera de recrearse en las agilidades y en las dinámicas. Aparte de que todo fue a más, volumen vocal incluido. Fue una pena que el recital no comenzase ya casi al final, cuando Bartoli estaba en plena posesión de sus recursos.Quiero destacar especialmente la inclusión en el programa de tres arias que no aparecen en
Sacrificium y que son tres joyas: "Chi non sente al mio dolore", de Riccardo Broschi, "Cervo in bosco" y "Chi vive amante", de Leo Vinci.
Para concluir, una opinión personal: el modo en que Bartoli canta este dificilísimo repertorio es pasmoso, las agilidades son estratosféricas, el fiato es eterno, produce la impresión de hacer fácil lo que es espeluznantemente complicado… pero lo mejor de este recital son las arias lentas. Y sin embargo, el público aplaude la parte circense, dicho sea en el mejor de los sentidos: el paroxismo de los aplausos llegaba tras las escalas inacabables, los trinos endemoniados y los saltos del agudo al grave sin red. Las arias lentas se aplaudían, sí, pero bastante menos. Tirón colectivo de orejas al público. Si algo hacía levitar por su musicalidad en este programa y por su bellísima interpretación, eran las arias lentas (por favor, por favor, que nadie se pierda "Parto, ti lascio, o cara"… después de haberla oído, ya no importa morirse a continuación). El resto es maravilloso, claro está, pero siempre tendrá el morbo de "a ver cuándo se cae el trapecista…".
La orquesta La Scintilla sonó muy bien, con un viento magnífico (estupendos oboes, flautas y trompas en sus difíciles solos) y una tiorba muy bien manejada, que hizo imaginativas variaciones en el continuo. La concertino Ada Pesch es una pieza clave en el funcionamiento del conjunto.
En suma, un recital en el que disfruté hasta límites que no hubiera creído posibles, y que recomiendo vivamente. Eso sí ¡viva Jaroussky!
