¡Vaya asunto que ha planteado NICOLETTA! Complejísimo, porque a una serie de síntomas evidentes (puede que hasta inconexos) y a una visión meramente muestral (en el caso de los docentes y estudiantes vocacionales, no digamos ya el resto), se puede uno acercar a ellos desde multitud de vertientes, que además son convergentes. O sea, la educación musical desde el punto de vista de los
profesores, estudiantes, centros escolares, conservatorios, músicos, padres, la sociedad, el Estado, otros países... e incluso de la composición misma de la materia impartida. Yo propongo que en una de las Coinfos que se organizan se haga una mesa redonda... para uno a varios fines de semana.

O si no, tratar estos temas uno a uno, no en bloque.
Yo la única experiencia es la que tuve como estudiante: una hora semanal durante cuatro años , los tres primeros de solfeo y instrumento (flauta para los de
familia humilde, melódica e incluso pequeño órgano para los de
familia acomodada) y el último dedicado a Historia de la Música. El profesor era bueno pero la asignatura, como decía Supermaño, era una "maría", como Gimnasia, Dibujo o Religión. Incluso para mi padre, gran aficionado a la ópera, un sobresaliente o un aprobadete en Música era irrelevante. En Andalucía se reduce a 35 minutos..., eso es lo que se tarda en apaciguar a 30 niños vociferantes. Ni Mozart en persona les hace aprender algo.
Y, por supuesto, las conclusiones no se pueden quedar en el aire de Internet. Proposición al canto (

) al ministro del ramo por parte de UNELO (Una Noche En La Ópera). O quizás, UNELÓ, como dicen los mañicos.