Nucci: bueno, pues por fin podía escuchar el tan alabado Rigoletto de Nucci. Como os decía, todos los problemas y limitaciones que se advertían en su Nabucco, casi por arte de magia, se minimizaron casi por completo en cuanto salió a escena como Rigoletto. Considerad, además, que cantó los dos roles con tan sólo día y medio de diferencia, y que es un señor de casi setenta años. O sea, que en ese sentido me quito el sombrero. Como os decía, la “encarnación”, literal, de Rigoletto por Nucci es algo que merece verse. Vocalmente tiene sus altibajos, sobre todo en los dúos con Gilda, donde acusa sobremanera la torpeza para medias voces acariciadoras, un canto piano, etc. Pero la forma de creerse el rol en escena es apabullante. Dramáticamente, no nos engañemos, sus recursos no van más allá de un Gobbi. Opta por el mismo Rigoletto patético y excesivo, que a mí no me termina de gustar, pero eso es lo de menos ahora. Momentazos de la noche: su “Cortiggiani…”, impresionante. Y el “Si, vendetta…”. Ahí el sobreagudo de Mosuc fue la re**stia, y el de Nucci espectacular. El teatro se vino abajo como en un orgasmo colectivo. Esos momentos en los que uno entiende lo que se debía sentir escuchando a un Corelli o a un del Monaco haciendo barbaridades.
Por resumir en torno a Nucci: admite muchos reproches vocales, su lectura tiene un interés dramático limitado, pero en escena merece verse, aunque sea para criticarlo con conocimiento de causa.
Resumiendo: me lo pasé como los indios en Zurich.
